08 de Marzo de 2004
Opinión

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Marcos Mirande
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LA INCLUSIÓN DIGITAL COMO FACTOR DE DESARROLLO

No cabe duda de que el acceso a la tecnología es factor de desarrollo tanto como de poder. Así fue desde el descubrimiento del fuego o del de la rueda, como también desde la creación del leguaje y las comunicaciones.

“Doña Marina –La Malinche- sólo hablaba maya y mexicano...”“...durante un tiempo yo era el único que podía traducir al idioma de Castilla”

“...todo esto lo tradujo del mexicano al español La Malinche, y yo, Jerónimo de Aguilar, el primero entre todos los intérpretes, me quedé en una suerte de limbo, esperando mi turno para traducir al castellano, hasta que, aturdido......me di cuenta de que Jerónimo de Aguilar ya no hacía falta, la hembra diabólica lo estaba traduciendo todo...había aprendido a hablar el español...”

Las dos orillas – Carlos Fuentes

LOS ORÍGENES DEL PROBLEMA
No cabe duda de que el acceso a la tecnología es factor de desarrollo tanto como de poder. Así fue desde el descubrimiento del fuego o del de la rueda, como también desde la creación del lenguaje y las comunicaciones.
Digamos que la divulgación generalizada (preferimos esta denominación antes que la ambigua “democratización”) de las nuevas tecnologías promueve el desarrollo y, en cambio, su ocultamiento por parte de unos pocos constituye la base de su poder. La divulgación tecnológica está en relación directa al primero y en relación inversa al segundo. Por eso es tan importante que la voluntad expresada por los gobiernos de lograr el acceso tecnológico a la población toda, se concrete en hechos tangibles, en acciones concretas; de otro modo siempre despertará sospechas, lamentablemente, sólo entre la población no excluida que es la que advierte la diferencia.
La presión cada vez mayor de la globalización (que no es otra cosa que la consecuencia del acceso generalizado a la información), ha traído como consecuencia que algunos gobiernos e instituciones civiles apunten a evitar la exclusión social, sobre todo una de sus formas más ligadas a las nuevas tecnologías: la exclusión digital.

LA UNESCO Y LA INCLUSIÓN DIGITAL
Al respecto, Jorge Werthein, representante de la UNESCO (la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) en Brasil, afirma que las nuevas tecnologías ocupan hoy un lugar esencial en nuestras vidas, constituyendo la estructura de nuestro sistema de comunicación, sea esta local, nacional, internacional o global. A tal punto que –no duda en sostenerlo- “tenemos” que convivir con las nuevas tecnologías. Sin embargo, esta es una necesidad a veces advertida sólo por la porción de la población que accede en forma habitual a esa tecnología. En la República Argentina, los excluidos, muchos de los cuales se preguntan por las razones que les impiden encontrar trabajo, la mayoría de las veces no son concientes de las limitaciones emergentes de su exclusión. De lo que no cabe duda es de que el campesino, en especial el del Noroeste, racialmente emparentado al indígena y a los españoles de la conquista y sin influencia cultural ni sanguínea de las inmigraciones posteriores que trajeron nuevas ideas y tecnologías, y, para colmo, excluido geográficamente por lo agreste de su territorio y la falta de una red vial adecuada, recibió en las últimas décadas ráfagas aisladas de adelantos tecnológicos que hicieron tanto bien como mal. Así cambió su música tradicional por lo peor de la música popular; el hábito de acostarse y despertarse “con las gallinas” (dormirse cuando se pone el sol y levantarse al amanecer) fue sustituido por lo que impone el horario de la transmisión de los canales de TV; las sanas costumbres familiares están siendo contaminadas por las que muestran las telenovelas, propias de una cultura muy lejana a la propia; el apego y amor por sus pocas pertenencias resultaron trocados por una malsana insatisfacción, el deseo de tener aquello que su realidad les impide. Como contrapartida, no hay que desconocer que estos medios tecnológicos también aportaron conocimientos, y, sobre todo, en algunos casos, un cambio positivo hacia la búsqueda de un horizonte mejor.Lo cierto es, que con luces y sombras, la gran invasión tecnológica, producida sobre todo en los años 90, llegó a una gran cantidad de individuos en todo el país: el teléfono colonizó regiones y poblaciones en los rincones más recónditos, al que le siguió el teléfono celular (una fabulosa herramienta de gestión para los agricultores y el juguete preferido de los encargados de campo que hicieron posible el sueño de comunicarse con sus familiares emigrados a Buenos Aires). Las antenas parabólicas y los paneles solares pueden inscribirse también entre los avances de esa época que llegaron a la campiña junto con las computadoras que hicieron una fugaz presentación en sociedad gracias a un plan de informatización de las escuelas que en parte quedó trunco. Lamentablemente, en muchos casos, estos planes chocaron contra realidades tan duras como la de la exclusión social: escuelas cuya construcción quedó inconclusa por “desvíos” presupuestarios, computadoras que no se instalaron porque los técnicos no llegaron nunca, antenas parabólicas que corrieron igual suerte, y, en muchos casos, elementos tecnológicos que tuvieron que ser puestos tras las rejas en un habitáculo construido ex profeso para resguardarlos de los robos.
Volviendo a Brasil (donde no dudamos que tendrán problemas parecidos), y al artículo de Werthein, este menciona que el Centro de Políticas Sociales de la Fundación Getulio Vargas, usando datos del Censo Demográfico de 2000, elaboró un Mapa de la Exclusión Digital. Según este mapa, la cantidad de personas que tiene acceso a computadoras en ese país es de poco más de 16 millones, o sea que el total de excluidos suma cerca de 154 millones, mientras que el porcentaje de los que tienen acceso a Internet varía entre un 19,22 % en el Distrito Federal, el más desarrollado en este aspecto, y un 1,44 % en el estado de Maranhao, el de mayor exclusión.
El trabajo de la Fundación Getulio Vargas incluye el concepto de “capital digital” como una especie de valor agregado de los impactos de las nuevas tecnologías sobre el nivel de bienestar de la población. Enfatiza la importancia del acceso doméstico a Internet y, en un segundo plano, el acceso al mismo en las escuelas.
Resalta Werthein la importancia asignada por el vecino país a la posibilidad de una más ágil comunicación entre los ciudadanos y la gestión de gobierno y en cuanto a los pedidos de información de los particulares sobre la misma, como así también viabilizar las compras estatales por medio de Internet.
Por último resalta los esfuerzos que realiza en todo el mundo la UNESCO a fin de lograr una disminución de los niveles de exclusión digital mejorando la vida de las personas.
Lo concreto es que son varios los proyectos que buscan disminuir la exclusión digital, como el Programa Nacional de Informática en la Educación.
Recientemente, el Banco Mundial destinó U$S 30 millones para financiar el proyecto Permer en nuestro país, consistente en el suministro de energía solar a zonas rurales. En lo atinente a la provincia de Tucumán, serán casi 5.000 habitantes los que se beneficiarán con el proyecto, gracias al cual tendrán iluminación en sus viviendas y acceso a las comunicaciones, lo que les permitirá conectarse con el mundo globalizado reduciendo su nivel de exclusión. Es de hacer notar que 35 escuelas rurales ya cuentan con este tipo de electrificación en esta provincia. Esperamos que el proyecto se concrete pero a la vez hacemos votos para que el acceso a las nuevas tecnologías se realice en forma gradual y ordenada, permitiendo a la población excluida una adaptación no traumática a las mismas y un acceso a lo mejor de la cultura del mundo globalizado.


Posted by Mirande Enrique Enviar un mail | Marzo 08, 2004 05:51 PM | TrackBack
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