
El mensaje y la nota adjunta es de un amigo de brasil.
"Es en la Argentina que la multitud se demuestra madura para reconstruir una sociedad devastada por las políticas monetarias del FMI, madura para emitir moneda y a sustituir el comando de la reproducción de los nexos vitales! y en la cooperación social, y en grado de ocupar las fábricas y de activar prácticas de conflicto radicales como el piquete."
- Con relación al texto (Revista Posse),... la cosa es así: yo recibo ese material tal cual te lo envíe de gente de Río Grande do Sul. Algunos de esos compañeros están conmigo en el espacio de la PUC.
Hoy a la tarde conseguiré la dirección de otro cumpa de Río Grande do Sul que puede darnos más datos. Ni bien me llegue te la paso.
Voy a leer en detalle tu propuesta, después te escribo con relación a eso.
Un abrazo compañero
... una lista de direcciones de gente que está involucrada en esta red, incluso de los traductores de Imperio al castellano:
Toni Negri: gensola@hotmail.com
Giuseppe Cocco: beppo@cfch.ufrj.br
Yann Moulier Boutang: yann.m.boutang@wanadoo.fr
John Holloway: johnpholloway@compuserve.com
Michael Hardt: hardt@duke.edu
Peter Baumann: discipline_red@yahoo.es
Alberto Bonet: maral@elsitio.net
Alejandro Suero: asuero@intramed.net.ar
Rubén Espinosa: raespinosa@intramed.net.ar
Daniel Clavero: danielclavero@yahoo.com.ar
Desde hace ya un decenio, los movimientos están signados por partículas adverbiales: no-global, post-fosristas, sin-papeles, etc. Los movimientos entonces se definirían como reacción negativa a un orden o a un tiempo, contragolpes o bien consecuencias de un curso fundamental e irreversible de la historia. En realidad estas partículas adverbiales, no-, post-, sin-, tienen también cuerpo ellas mismas. Un cuerpo y una historia. Los sin-papeles han emergido como ápice de los movimientos internacionales de migración; los trabajadores post-fordistas han aparecido cuando la centralidad de la vieja fábrica entró en crisis y la producción fue socializada; los no-globales emergieron cuando el nuevo orden mundial neoliberal comenzó a hacer del orden global una guerra pemanente contra el trabajo: esto desde el punto de vista de la historia. Pero hay otro punto de vista que va supuesto y es el del cuerpo: de cómo pues los cuerpos no-, post-, sin- se mueven, se agitan, pret! enden ser y hacer la historia. Las generaciones precedentes, de los siglos XIX y XX, cada vez que se planteaban el problema del "¿qué hacer?" se lo planteaban desde el punto de vista de la comprensión de la historia. Esta vez, esta generación nuestra, se plantea el problema desde el punto de vista del cuerpo. La cuestión es, pues, biopolítica: ¿cómo obrar, inmediatamente, el cuerpo dentro de los procesos de liberación? ¿Cómo desplegar una inteligencia en las estrategias de los cuerpos? ¿Cómo lanzar una propuesta política que componga una multitud de cuerpos en una finalidad común?. En este número de Posse se busca comprender cómo, en las experiencias de los últimos años, en las luchas en las universidades así como en las fábricas, en los comparti de la investigación así como en los de la cooperación, etc, la pregunta sobre el "¿qué hacer?" político haya atraversado las conciencias. Para ciertos versos es extraño plantear una cuestión tan pesada como la indicada, ! en la tradición teórica del movimiento obrero, sobre qué hacer, dentro de esta superficie postmoderna de estados de conciencia y de resistencia, aleatorios y frágiles como los que más. Y sin embargo quien tenga deseo de leer las páginas que siguen comprenderá cuánto progresó la transformación antropológica del trabajo y de la cuestiones ligadas a su usufructo, y como los problemas que en el movimiento obrero venían calificados como cuestiones para plantearse desde el exterior al movimiento de clase, hoy ya están del todo internalizados, y las cuestiones más grandes (como la del "¿qué hacer?") han devenido intenciones singulares en el interior de la multitud.
La pregunta sobre el "¿qué hacer?" se plantea entonces en formas difusas y polivalentes, no asusta más, se articula entre presupuestos espontáneos y necesidades organizativas inmediatas, entre el decir y el hacer de la acción política. Pensamos que una respuesta rigurosa al problema del "¿qué hacer?" no puede sino nacer de una verdadera y apropiada recomposición lingüística de los deseos y de los comportamientos de liberación, del refinamiento de las masas que los sujetos operan para construir una estrategia que atraviese la experiencia. Aquí nos preguntamos como habrá sucedido todo esto en los últimos años, y por otra parte pensamos que ya algunos resultados se han dado. Cuando los socialistas o los bolcheviques hablaban de organización, tenían un hermoso modelito en la cabeza: hoy el modelo está escrito en los cuerpos, en las experiencias, en las capacidades de cooperar... No por esto el proyecto organizativo será vago; hoy no es tiempo de anarquía sino de organización y producción. De los centros sociales a las luchas de los movimientos sobre el género y sobre los derechos, de la expresión de los cuerpos singulares a las manifestaciones de la multitud, la praxis constitutiva de un nuevo sujeto político ha devenido siempre más inalcanzable. Pero este número de Posse no hablará de la organización hecha, mucho más humildemente se ocupará de los pasajes de organización, de las pequeñas tomas de conciencia de la necesidad de organizarse, de darse una mano, de cooperar, de construir objetivos y medios de realización. Nuestra discusión se instala en la continuidad de la comunidad y explica la toma de conciencia. En la gran cultura burguesa de los siglos pasados hay un género literario que se llama "novela de formación" (Bildungsroman): allí se narraba el acontecer de un joven que se hacía adulto, y sus experiencias y malaventuras, y el realizarse de una dialéctica compleja en la constitución de un horizonte de valores hegemónicos, con la madurez. También nosotros tenemos aquí la posibilidad de recorrer los rastros de una multitud de novelas de formación: pero no son burgueses estos relatos nuestros, son más bien relatos rebeldes que no quieren encerrar la vida en un orden establecido sino dejarla siempre abierta a las pulsaciones de las multitudes. Es cierto que estas cuestiones nuestras no tendrían sentido, y esta subjetivación nuestra del político alcanzaría tonalidad romántica, si no instaurásemos la capacidad de relatar el interior de un pasaje histórico. Ya al inicio, bromeando sobre el no-, sobre el post-, sobre el sin-, aludíamos a un pasaje histórico político fundamental: el de lo post-moderno, del post-burgués, y del post-socialista. Son procesos históricos largos, ferozmente complicados y dramáticamente complejos. Y sin embargo nosotros los percibimos como si fuesen precipitados en solución dura en estos años, en estos meses, en estas semanas que vivimos. El realizarse del dominio imperial y de la guerra no constituye acaso el fondo de esta experiencia. Pero en medio está el cambio del modo de producción, del fordismo al postfordismo, de la hegemonía industrial del trabajo material a la social de la producción inmaterial. Este pasaje histórico es dramático porque ha visto mermar la fuerza de las viejas corporaciones de la izquierda, su desorientación, y emerger la incapacidad de la respuesta al "¿qué hacer?". Es aquí donde han nacido los movimientos, no para retomar la continuidad del socialismo sino para superarla, para ir más allá. Y es aquí, sobre este punto que el artesanado biopolítico de la subjetividad ha ocupado el lugar de las grandes teorías políticas del partido, del sindicato, de las masas: la invención de nuevas formas de organización que constituyesen progresivamente un esquema de respuesta a la pregunta sobre el qué hacer, vino realizándose.
El pasaje político, es hora de recorrerlo. Al nivel más bajo está la necesidad de componer un frente de lucha sobre el rédito social (rédito de ciudadanía, salario garantizado) que incluya y modifique radicalmente el conjunto de las luchas salariales. La vida de las multitudes, puesta al trabajo en la sociedad, debe ser retribuida a través de la posibilidad de ser libres y de vivir. A partir de este nivel de enfrentamiento del salario al rédito se abren varias oportunidades para el movimiento: está sobre el de la lucha social que todo se organiza al inicio, pero después la lucha se articula sobre frentes que los procesos de liberación determinan. Hoy, con toda probabilidad, cuando el capital global fija en la guerra su fuente de legitimación, cuando entonces los niveles del enfrentamiento se han elevado hasta este punto, cuando en fin, la situación es extremadamente dramática, la articulación de las respuestas al qué hacer debe desplegarse a la altura del pasaje político. Y si, como veremos, la respuesta que las experiencias subjetivas proponen, cuando son contrapuestas al enemigo, es la del éxodo, del irse, de rehusar el contacto con el enemigo y la relación con la violencia, - aún no se puede olvidar que el éxodo puede siempre ser atacado: que por lo tanto hay que resistir. Si de un lado, entonces, hemos reunido la respuesta al qué hacer con el análisis del pasaje político que se vive hoy, por otra parte deberemos unir el deseo de éxodo y la necesidad de la resistencia. El lugar donde mejor se exhiben las características de éxodo y de resistencia como respuesta a la crisis de legitimación del capital global es la Argentina, con la continuidad de sus procesos de lucha a partir de la crisis de diciembre del 2001. Es en la Argentina que la multitud se demuestra madura para reconstruir una sociedad devastada por las políticas monetarias del FMI, madura para emitir moneda y a sustituir el comando de la reproducción de los nexos vitales! y en la cooperación social, y en grado de ocupar las fábricas y de activar prácticas de conflicto radicales como el piquete. Es propiamente del laboratorio argentino que emergen elementos, virtudes, cualidades de la multitud preciosa para el movimiento europeo y global, más en general, preciosas si se las alcanza a leer en contraluz, entre los trazos de la dimensión concreta y específica de los conflictos sudamericanos y de los apasionantes y reconfortantes de saber a la multitud capaz de administrar también las crisis sistémicas más duras.
Hola, quisiera recibir mas informacion a cerca de la biopolitica y la relacion que tiene el hombre y el poder con la misma.
Gracias