La semana pasada hubo un gran revuelo porque el ex capo máximo del Bundesbank y miembro de una comisión de notables que visitó el país hace más o menos un mes, Hans Tietmeyer, dijo al diario alemán Die Welt que, palabras más y menos, la Argentina era insignificante desde el punto de vista económico y que era posible que nunca nos recuperemos del actual desastre.
Independientemente si fue ofensivo o no, si el gobierno debió haber respondido o no, el comentario fue al menos lapidario. Y tiene bases de razón.
La Argentina no ocupa un lugar relevante en el comercio o el PBI industrial desde hace tiempo. Eso no dignifica que seamos Haití. Pero la cosa va en declive constante.
La reacción de la Bolsa de Cereales quiso apagar el fuego tirando nafta ( y eso que hoy en la Argentina derramar combustible es un lujo). Decir que la Argentina es un jugador relevante en el mercado del girasol, la soja o el trigo, es plantearse como una economía importante... en términos del siglo XVIII.
En el fondo nos queda la sensación de poder ser un Paraguay. Nuestro vecino país era una potencia en el siglo XIX hasta la Guerra de la Triple Alianza. Después del desastre nunca más se recuperó. Lo mismo puede decirse del Perú o Bolivia. Buena parte de la obra de Mario Vargas Llosa referida a su Perú gira en torno a la pregunta: ¿Cuándo se jodió el Perú?
A ver, ¿qué nos irrita más? ¿Ser vilipendiados por el alemán o caer en la posibilidad de pelear mano a mano con paraguayos, bolivianos o peruanos? Y esto último supone reconocer nuestra cuota fuerte de racismo y menosprecio por nuestros vecinos.
En términos futboleros, Tietmeyer nos dijo que podíamos ser Atlanta. Los bohemios de Villa Crespo jugaron en primera en los sesenta y setenta y eran un rival de consideración. Desde los ochenta que bajaron de categoría y nunca volvieron a ascender, al menos hasta ahora. Están en la B y corren el riesgo de caer a la C. Hay que laburar para que no nos pase lo mismo.
Posted by Christian at September 23, 2002 05:01 PM