September 15, 2002
El "que se vayan todos" no es nuevo para Juarez

Hoy hay elecciones en Santiago del Estero. Y esto no es ni ha sido noticia de relevancia para los medios de Capital Federal ya que se sabe que el ganador será nuevamente Carlos Juárez. Aunque no figure en boleta alguna.

El caso de Juárez es quizás el más notable de todas las provincias en las cuales hay caudillismos políticos consolidados.

¿Por qué es esto? Porque Juárez sufrió un "que se vayan todos" bien pesado en el recordado Santiagazo del ´93. Allí los santiagueños superaron la furia de los porteños de diciembre y enero pasados. La cosa no fue chiste. Ni quedó en un cacerolazo.

Quemaron la Casa de Gobierno, la Municipalidad, la casa personal de Juárez y por poco no lo linchan a su contendiente radical, José de Zavalía, quien se defendió a los tiros.

El motivo fue un acuerdo político entre los dos líderes partidarios, en la misma senda del simultáneo Pacto de Olivos Menem-Alfonsín.

La cosa se resolvió con una intervención nacional de la mano de Juan Schiaretti, peronista y por entonces colaborador del Mingo en Economía. El gobierno de Menem se apuró en distribuir partidas para calmar ánimos y la cosa se restbaleció. De allí en más el juego siguió siendo el mismo. Juárez siguió manejando la provincia, los radicales la capital provincial y la vecina ciudad de La Banda. Todo quedó igual.

O peor. El dominio que ejercen los Juárez en Santiago del Estero es quizás único en el país. Pese a tener en contra al principal diario de la provincia, El Liberal, y de recibir fuertes críticas por parte del ya fallecido obispo Sueldo, el control que él y su mano derecha, su esposa Nina, construyeron en la provincia es único en el país. Ni Juan Carlos Romero o Adolfo Rodriguez Saa han blindado la provincia como los Juárez. Tan es así que pasan desapercibidos para el gran público. No son visibles.

En pocos años Juárez reconstruyó su poder en un grado mayor que antes del Santiagazo. Pese a gobernar una provincia donde la mayor fuente de empleo es el Estado provincial, Juárez hizo cerrar las cuentas y evitó el despilfarro de otras provincias limítrofes.

Esto le permitió tener independencia del poder de Buenos Aires. Con una situación fiscal bajo control y sin demostrar pretensiones de avanzar sobre la Casa Rosada, el gobierno de Buenos Aires lo dejó en paz. No le pasó lo mismo a su limítrofe Ramón Saadi.

En su momento Juárez se deshizo de su más peligroso competidor: César Iturre. Este fue gobernador en 1987 gracias al caudillo local. Una vez en el cargo pretendió rebelarse contra su promotor. La pagó caro. Debió marcharse al exilio en Paraguay ante la persecusión implacable de Juárez. Allí murió hace pocos años, sin poder retornar a Santiago del Estero. Hoy nadie habla mal del caudillo ni de su mujer ante desconocidos. Por las dudas.

Juárez sigue, a sus ochenta y seis años, gobernando la provincia a piacere. Cada día la presencia de su mujer es mayor. Los rivales políticos también son los mismos de entonces: José de Zavalía, Mario Bonacina. Todo se mueve en un ambiente "familiar", como lo ha sido y es (¿y será) la política en las provincias del Noroeste.

¿Del Santiagazo? Bien gracias.

Posted by Christian at September 15, 2002 02:49 PM
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