August 25, 2002
Leni Riefenstahl y la esfumación de la política

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En estos días, la directora de cine y fotógrafa Leni Riefenstahl cumple 100 años con un vigor que más de uno de nosotros envidiaría.

Y realmente que hay que tener vigor para enfrentar las controversias en torno a ella. No es sencilla la cosa. Frau Riefenstahl fue la directora preferida de Adolf Hitler. Eso le valió el exilio artístico una vez que el nazismo fue aplastado y salieron a la luz las atrocidades del Holocausto. Su acusación y posterior encarcelamiento se basaron básicamente en dos de sus films: "El triunfo de la voluntad", un documental sobre una de las concentraciones wagnerianas ( y aquí volvemos a mezclar arte y política) del nazismo en su apogeo, y "Olimpia", un film propagandístico de las Olimpíadas de Berlín de 1936. Ambas son joyas maestras de la cinematografía y también, difíciles de conseguir (sobre todo la primera...).

Después de su desplazamiento como creadora cinematográfica, Frau Riefenstahl se dedicó a fotografiar la tribu de los nubias y, a los 72 años (si ... está bien escrito, no hay aquí error de tipeo) aprendió a bucear para hacer documentales sobre la vida submarina que lejos están del estilo Jacques Cousteau.

Bueno, hoy en día Frau Riefenstahl sigue siendo una piedra en el zapato de cualquier pretensión de intelectualizar sobre política y estética. ¿Qué son esos dos films de Frau Riefenstahl, política o arte?¿Cómo deben ser considerados? ¿Es ético ponderar una obra de notorias cualidades estéticas cuando sirvieron a uno de los peores dictadores que jamás hayan existido? Aquí las preguntas pueden continuar.

Leni Riefenstahl como Martin Heidegger, Ernst Jünger, Carl Schmitt o tantos otros están en el centro del volcán de la contradicción entre sus cercanías al nazismo, por un lado, y su genialidad, por otro. También podríamos hablar de la obra de Serguei Eisenstein, quien cayó en desgracia con Stalin recién después de su obra "Iván el Terrible", o de David Ward Griffith, cuya impresionante "El nacimiento de una nación" es una exaltación del Ku Klux Klan. Mmmm... que poca correctud política.

Ahora, ¿es la distancia temporal la que nos permite juzgar más libre de prejuicios la obra de Frau Riefenstahl o es un cambio en la sociedad contemporánea? El cambio pasaría por la esfumación de la política o si quieren, el fin de las ideologías según Daniel Bell (y más de propaganda de Francis Fukuyama), y el de los grandes relatos de Francois Lyotard.
Aunque parece curioso, el fenómeno Riefenstahl nos permite aterrizar en nuestra Argentina. Volviendo a exposiciones anteriores mías ya criticadas o no, veo que ciertas manifestaciones caceroleras/asambleístas/globalifóbicas y demás, poco tienen de político y mucho de arte. Mucho de búsqueda de pertenencia a una estética que contribuya a anclar algo de identidad.

¿Por qué? Por la simple razón de que a estos movimientos no les veo intenciones de hacer del poder, de tener un concepto de política denso, poderoso... de querer ocupar la Casa Rosada. Veo que esto tienen más afinidad con un Subcomandante Marcos que estimuló el turismo progre en San Cristóbal de Las Casas que con Ernesto "Che" Guevara de 1967 (aclaro de 1967 porque después voy a profundizar el tema...). Ahora está Evo Morales como nueva estrella. Muchos de los que lo alaban, no saben que la bandera multicolor que lo rodea es una wipalla (menos su sentido). Otros pueden ubicar mejor mentalmente las cuevas de Tora Bora donde se dice que resistía Osama Bin Laden que el valle cocalero del Chiapare (y eso que está en un país vecino).

No hay política en muchos admiradores de Marcos, sino una postura estética. Aquí, en muchos casos, tampoco hay ganas de sentarse en el Sillón de Rivadavia o intención de ensuciarse las patas en mierda para bajar a la política con el fin que ésta cambie. O hacer algo concreto y tangible para aliviar el sufrimiento de nuestra gente.

Poltica supone una tensión entre dos bandos bien definidos que se oponen. Hoy no la hay. Así de simple. Acaso, ¿ustedes se imaginan una alianza empresarial entre un Daniel Hadad y un Fernando Sokolowicz en la Argentina de principios de los setenta? Algunos más zorros (o sutiles) dirán que sí y que Jacobo Timerman representó algo de esto..., pero al menos estas asociaciones no eran algo que nadaban ostensiblemente en la indiferencia como lo es hoy.

Esta alianza "sorprendente" para mentalidades más estructuradas, más setentistas, pero menos para quienes ven a la sociedad como red, "curiosamente" no produjo grandes reacciones. Unos días de intranquilidad en la redacción de Página 12 y nada más. Todos siguieron allí escribiendo, Sokolowicz continuó como editor responsable. En tiempos de convicciones más duras, esto hubiese podido provocar renuncias masivas y el lanzamiento de un nuevo medio que se atribuya ser "el verdadero/auténtico Página 12". Nada de eso pasó.

O la recepción que tuvo en el mundo progre el "recauchataje" de Mariano Grondona versión 90, quien en 1988 apoyaba a Augusto Pinochet o firmaba columnas en los años de plomo como Gucciardini en El Cronista Comercial, brindando soporte ideológico a ya sabemos qué.

Todo esto viene a mi paila de bronce, donde se mezcla todo, y donde esta ausencia de bandos contrapuestos da espacio a otras motivaciones humanas. Si como hemos considerando, los límites entre arte y política son borrosos, la esfumación de la segunda permite que la primera inunde más espacios de la vida pública.

El corrimiento de lo político de la disputa partidaria hacia una oposición entre clase política y ciudadanía, que alcanzó su climax el 19 de diciembre a la noche y semanas posteriores, pareciera haberse enfriado con la llegada del invierno.

Si la política se esconde, no es raro que los medios hablen de "auge cultural". Si no hay política hay cultura, hay arte... No sólo en los teatros y cines, sino en las plazas y manifestaciones públicas.

Y volviendo a la esfumación de lo político y a algo que dije sobre el Che. El otro día, vi en una revista en una peluquería, mientras esperaba mi turno para que me corten el pelo que todavía me queda, una foto de la espectacular (y es poco...) modelo brasileña Gisele Bündchen. Vestía un bikini (se me van derritiendo los dedos y el teclado se pone pegajoso) estampado con versiones multicolores de la cara que Korda extrajo del Che (ya tengo 39 grados y la presión por 16...). ¿Se imaginan algo así en los setenta?


Posted by Christian at August 25, 2002 11:29 PM
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Un pequeño error de tipeo que a lo mejor no lo es tanto ( al margen de otros errores por esto de escribir rápido..). El valle donde es el centro del conflicto de los cocaleros en Bolivia es Chapare y no Chiapare. pero, habida cuenta el fenómeno Evo Morales, es ineteresante llamarlo Chiapare (medio Chiapas, medio Chapare).

Posted by: Christian Schwarz on August 25, 2002 04:34 PM
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