August 12, 2002
En La Ciénaga

El domingo pasado me apresté a ver la película La Ciénaga de Lucrecia Martel. No la había visto en el cine, por esas cosas que uno retarda ir y al final la bajan de cartel. Pese a las buenas críticas y mi interés por verla, nunca se dió. Por lo que no estaba dispuesto a dejarla pasar una vez que la puedo ver por cable y en casa.

Uno podría hacer múltiples lecturas y esto no es ningún descubrimiento. Siguiendo un concepto batante difundido en el cine argentino actual, abundan las pinturas acerca de vidas. Tenemos Pizza, birra, faso. O Mundo grúa. O Bolivia. O tantas otras en las que pareciera que no pasa nada. Pero hay mucha agua bajo el puente.

Aquí la cosa es un poco extraña para un espectador porteño medio. Es el transcurrir de una familia tradicional del noroeste argentino, venida a menos, que pasa su veraneo.

Más que venida a menos, para corregirme, es una familia tradicional en absoluta decadencia. En esta familia no hay autoridad de ningún tipo. Nadie trabaja. Si bien están de vacaciones, no hay alguien, ni grande ni chico, que siquiera se atreva a tomar una pala y plantar un arbusto o barrer la casa con una escoba. Mecha, o Graciela Borges, o varios personajes de la vida real que se me cruzan por la cabeza, no hace el esfuerzo siquiera de atender el teléfono que tiene a su derecha en la mesa de luz.

En la casa, que viene heredando muebles de al menos una generación atrás, no se ve un sólo libro. Tampoco revistas, ni diarios. La televisión está casi omipresentemente prendida, como la lámpara del velador.

El agua de la pileta está verde, podrida, porque ya no hay dinero, esfuerzo o interés por arreglar la bomba o el filtro.

La única actividad de chicos y grandes es deambular, discurrir y dejar que el tiempo lo lleve a uno.

Como en una típica casa de veraneo de familia tradicional venida a menos, que dos generaciones atrás era utilizada, por decir, seis personas, la reproducción de la misma ha generado que un cuarto que debe albergar, por caso, dos personas, ahora alberga a cinco.

Esto hace que las camas se pongan una al lado de otras, como una barraca. Ah, el recostarse en ellas la mayor parte del tiempo posible es el empeño preferido de la mayor parte de la familia.

La familia se recluye cada vez más en hábitos instintivos, primarios. La pereza es el valor, es la actitud que inunda la vida. Hasta ser de la película algo asfixiante. Al espectador que logra compenetrarse en la película, lo motiva a hacer algo para desesperadamente intervenir en la trama a fin de evitar una desgracia que ya está marcada. Al menos ese fue mi caso.

No importa ya que un chico de unos diez años se haya volado un ojo por ir a tirar al monte tratando de pegarle a una corzuela o a una vaca atrapada en un lodazal. Seguirán yendo, porque ya no hay acción ni autoridad por parte de los miembros de la familia que se los impida. Y se seguirán sacando ojos, o perdiendo dedos o que se yo. Perdiendo y perdiendo, total... Pero no es un perder únicamente en términos materiales o competitivos. Es pérdida de dignidad, de criterios, de proyectos, de interés por conocer, de sentir algo por el otro. El alcoholismo de los grandes, que será el alcoholismo de los chicos, es el hábito que induce a que la inacción y el embrutecimiento sigan reproduciéndose en el futuro.

Es difícil poner palabras densas, con mucho sentido, palabras complejas o trascendentes a este proceso de degradación y reducción del hombre a comportamientos cada vez más propios de los animales.

No existe ni lo público ni lo privado. No hay, simple. Y no hay motivos para que haya intenciones, o voluntad para imaginar mundos donde recrear que algo haya. O intentos de pataleo para cambiar las cosas.

En fin, la película nos lleva al achatarse producto del no sentido de la palabra esfuerzo.

Se puede interpretar esto como una metáfora de un país que ha ido y sigue perdiendo cosas, proyectos, intereses, gente, cultura, ... Pero el problema es que esto no es una metáfora sino un realismo expresionista, como si fuera un cuadro de Freud (el pintor, no el psicoanalista). Es diría, casi un documental muy crudo.



Posted by Christian at August 12, 2002 06:51 PM
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