Continuando con nuestro brutal pasaje de estados de ánimo, hemos pasado en pocos meses de hablar de Jeff Bezos como artículo destacado en alguna revista de actualidad a los carritos que cotidiana e inhumanamente tratan de recoger algo de lo que arrojamos quienes todavía tenemos algo que podemos "tirar".
Hasta hace un año atrás, usualmente disfrutábamos del Primer Mundo, producto del alquimismo cavallista de equiparar el valor de la moneda de un país periférico cal el de lejos el de mayor peso de la Tierra.
Esto nos permitió, de manera artificial, de servicios educativos y de formación profesional e intelectual que pretendína acercarse a cualquier standard de país desarrollado.
Hubo quienes se lo gastaron en porquerías como José Mercado en la plata dulce de Joe, y otros que pudieron comenzar o incrementar su acervo educativo de modo significativo.
Esto permitió la actualización y desarrollo de soportes tecnológicos, así como masa crítica creativa que podían comenzar a hablar mano a mano con centros de desarrollo.
Todo fue un bleuff y la bomba acumulada por años de cavallismo, roquefernandismo y machineismo estalló, con efectos similares a los de Chernobyl.
Lo que nos deja ahora es un engendro que se está cristalizando, cual es la limitación del acceso a bienes formativos por parte de quienes tienen dólares en su haber. Esto producto de la devaluación irresponsable del contador bonaerense y del fugaz ministro de la producción de carritos.
El resultado es una sociedad donde sólo una elite va a tener acceso a qué se dice/produce/piensa en los principales lugares de generación de cosas nuevas del mundo.
Por tanto, estamos a las puertas de un estado de cosas que puede fraguar una sociedad en la que muy pocos manejen y controlen ese recurso de dominación vital que es el conocimiento. No hay que recurrir a Foucault o a nuestro Sarmiento para reconocer diferentes peligros que genera la no expansión y homogeneización de la educación y disponibilidad de operar con herramientas que supongan tener un cerebro rico y ágil.
Es por ello que corremos el peligro de caer en una sociedad de mandarines "a la criolla".
Los mandarines eran un estamento de la administración estatal y militar de la China imperial que dominaban todo conocimiento vital sobre su poderoso país.
Nosotros podemos sufrir algo peor, cual es que todo quede en manos de quien pueda comprarlo. Sin que en muchos casos tenga el discernimiento para invertir en lo que tenga valor formativo. Como quienes han gastado fortunas en 4x4 y poco en regar la maceta estéril que tienen sobre sus hombros.
Si esta nueva soceidad se consolida estaremos en dirección a una sociedad latinoamaericana de la que tantos esfuerzos hemos hecho por desprendernos
Las señales que tenemos son sin dudas preocupantes. Hay que ver como siguen mostrándose.