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El Libro
Alejandro Piscitelli
ISBN: 8497840607
Gedisa - 2005
 
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8. Los Hipermedios y el placer del texto electrónico
06.06.2004

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En el teórico anterior dimos las definiciones básicas, inventariamos las principales promesas - muchas veces frustradas- del hipertetexto, y avanzamos en el análisis de su ideología y teoría, buscando separar sus logros efectivos de sus anuncios mas bien mediáticos e irrealizables. En el presente teórico volvemos sobre esos mismos temas pero enlazando mas detalladamente esta vez, esas problemáticas con los textos de la primera parte del programa. Asimismo echamos una mirada filosófica, histórica pero sobretodo epistemológica sobre todas estas cuestiones.


1. El espacio psíquico del libro

Los procesos comunicativos y las tecnologías de modelado del psiquismo resignifican y potencian la gama de las experiencias humanas en forma análoga a la descripta por Benjamin L. Whorf en el caso del lenguaje, la tecnología humana por antonomasia.

Según Whorf, las categorías lingüísticas determinan nuestra percepción y entendimiento. Dado que estas categorías varían socio-culturalmente, los modos de percibir y de pensar de las comunidades que utilizan diferentes sistemas lingüísticos, redundarán en visiones del mundo distintas y, eventualmente, inconmensurables .

Este proceso de metamorfosis cognitiva resulta invisible a menos que pongamos de manifiesto —recurriendo a análisis inter-culturales, genealógicos y etno-tecnológicos— que las tecnologías cognitivas vigentes, en nuestro caso las asociadas a la escritura y a la imprenta, no son ni las únicas ni las mejores en cuanto a construir nuestros sistemas de creencias y coordinar mas eficazmente nuestras acciones en el mundo.

Saber escribir no es sólo una habilidad funcional o un criterio que define cierto nivel operacional de comportamiento. Dada su relación con los "poderes" de la mente, la alfabetización permite trascender el entorno inmediato generando un mundo compartido de inteligibilidad más abstracto que el de las interacciones cotidianas. La estructura literaria se convierte, así, en el modelo deseable de toda comprensión posible:


"(...) el libro —como formato, sí— es constitutivo de la cultura y sin cultura nuestra vida no pasaría de ser una vida animal, e ignorante, utilitaria (...) Si lo que buscamos es información, tal como la hemos definido, el libro resulta obsoleto. La capacidad de almacenamiento de una memoria óptica (en un disco laser) o de una computadora, la rapidez con la que se obtienen los datos y la facilidad para revisarlos hacen que los nuevos medios sean preferibles. Pero si leemos para reflexionar, para "hablar" con la obra, para construir una argumentación o interpretar un pasaje, parece que el formato del libro, con sus márgenes y su comodidad, puede ser un medio mejor" (Bell, 1987).


¿Cuánto hay de probado y cuánto de impostado en esta tesis fuerte? ¿Cuánto hay de añoranza por un mundo que ya no volverá y cuánto de incertidumbre frente a un mundo que ya se nos aparece como perdido?

Algo es indudable: la tecnología del libro está íntimamente asociada a un determinado movimiento del alma (psyché). La mente como psyché engloba al pensamiento/emoción, la fuerza vital que se fusiona con el mecanismo. La complejidad y la multidimensionalidad de las tecnologías escriturales sólo se aprecian cuando la psyché se pone en movimiento en la interfaz: un determinado encuadre psíquico se despliega cuando escribimos en un tipo específico de elemento y no en otro. Cierta expresividad se efectiviza cuando la interacción con la herramienta adopta una u otra forma.

La filosofía platónica atraviesa la cultura del libro, y el modelo de inteligencia que su filosofía promueve está atado a su destino . Platón no piensa la inteligencia como procesamiento de información, sino como un estado contemplativo que es la argamasa del cálculo y la argumentación:

"(...) el modelo psíquico del libro, en el sentido clásico, depende en última instancia de un nivel mas profundo de conciencia contemplativa sobre la cual deben basarse la propia argumentación y la secuencia lógica: desde la perspectiva de la filosofía platónica, la argumentación no es fundamental ya que todo argumento verdadero se basa en última instancia en una visión mental o comprensión de las formas primarias cuya auto-evidencia es el soporte final de su linealidad lógica" (Heim, 1987).


Escritores de la talla de John Milton, para quien el libro era la "eficacia pura y el extracto de la inteligencia viviente", o del poeta latino Horacio quien manifiesta en sus Odas "he completado un monumento que sobrevivirá al bronce", o del propio William Shakespeare quien envanecido no temía enfrentarse a la erosión de los siglos con el arma única de su pluma: "Haz lo tuyo peor, oh tiempo, que a despecho de tu mal; mi amor para siempre joven en mi verso ha de permanecer", testimonian la reverencia ancestral hacia la permanencia de la palabra escrita.

En este contexto las formulaciones a veces pomposas y abstractas de McLuhan (1973) adquieren consistencia:

"(...) en tanto la información se alfabetizó y consecuentemente el ojo suplantó al oído como principal órgano empleado para este propósito, el método de almacenamiento comenzó a modificarse entre Homero y Platón. Los resultados definitivos de la alfabetización no se hicieron sentir en Grecia hasta al advenimiento de la era helenística, en la cual el pensamiento conceptual se hizo fluído y su vocabulario se estandarizó. Platón, al vivir en medio de esta revolución, la anunció y también se convirtió en su profeta" (Havelock, 1963).


El ataque de Platón a las formas orales de transmisión del conocimiento —y a la poesía como su vehículo cultural privilegiado— testimonia, así, una lucha sistemática contra una tecnología del conocimiento que se consideraba retrógrada e inadecuada para la emergencia de las formas de saber propias de la filosofía, la racionalidad y la dialéctica —un auténtico obstáculo epistemológico avant la lettre.

El advenimiento de la tecnología de las inscripciones escriturales implicó una transformación irreversible en el modo de pensar homérico. El paradigma oral, que le era propio no sólo dio lugar a hábitos métricos y variables, sino también a su condición de inteligibilidad. La tecnología comunicativa, propia de la poesía, había facilitado un modo de hablar y de pensar de la cultura como una totalidad que dificultaba la comprensión de las encarnaciones particulares de la idea que sólo se alcanzarían con la escritura (Heim, 1987).

La caligrafía, la habilidad de trazar en la tinta lo que anida en la mente , estaba desprovista, en el modelo clásico, de un carácter instrumental. La mano del escriba era la de un intermediario entre la propia psyche y el elemento simbólico.

El rol privilegiado del escriba se reforzó en la tradición judeo-cristiana con la "invención" del libro sagrado. Recurriendo a la metáfora heurística del libro, el reino de la naturaleza se convirtió en un documento en el cual las criaturas se comunicaban con el Creador.

El culto del libro fue eminentemente contemplativo. La lectura fue simultáneamente una práctica disciplinada y un estilo de vida. La lectura activa estaba ligada a la oración y a la transformación del espíritu. Las marcas escritas terminaban inscribiéndose en la mente y en el corazón del lector. El libro no era tan sólo el instrumento domesticador de las conciencias a través de la fé, sino el cielo mismo tocado con las manos, cuando no la disciplina a través de la cual se alcanzaba los estados celestiales del espíritu.

La impregnación de las palabras escritas dio lugar a la reminiscencia. Así, los ecos verbales excitaban a la memoria de tal modo que una mera alusión evocaba espontáneamente citas enteras y una frase escrita remitía inmediatamente a familias de expresiones parecidas en otros libros. De este modo, cada palabra se convirtió en un anzuelo múltiple que engarzaba expresiones dispersas transformándolas en los nodos de una red.

En otro plano, el libro desarrolló la solidez y la permanencia del pensar en la psyché. El costo y la dificultad de escribir a mano fueron compensados por la duración, la paciencia y la longevidad de lo escrito. La resistencia del material se convirtió en la base estable de la permanencia mediante la labor artesanal .

La alfabetización facilitó el "procesamiento" de información en el espacio psíquico del libro. El valor de la letra se articuló en la producción de mentes letradas. Se trató de una psyché capaz de concentrarse enteramente, de contemplar sin desmayos y de distanciarse de la experiencia humana fragmentada, hasta desembocar en la noción de mundos privados .


2. La digitalización de la palabra

El procesamiento electrónico de la palabra nos hizo ingresar a un nuevo mundo de distinciones y de operaciones cognitivas, generando un espacio psíquico inconmensurable con la cultura del libro.

Reformateo automático, operaciones sobre bloques de texto, centrado, movimientos del cursor, manejo de archivos, programación por menúes, repaginación en pantalla, guionización, control de viudas y huérfanos, búsqueda de bases de datos on line, hipertexto generalizado, son tanto una jerga como un elemento original a través del cual el pensamiento construye un nuevo espacio expresivo:

"(...) el movimiento dinámico, líquido y ostensiblemente fluído de la escritura digital establece por primera vez la importancia central del elemento -como opuesto al medio- en el que formulamos el pensamiento en símbolos" (Heim, 1987).


¿Qué cambia efectivamente —si es que cambia algo— en el pasaje de la palabra impresa a la palabra digitalizada? Todo depende de la manera en que hablemos de la interfaz cuando interactuamos con ella. El advenimiento de la palabra digital puede verse tanto como una transformación incremental del proceso de alfabetización, cuanto un cambio radical en la forma de pensar. Y en el caso de que se trate de lo último, tal metamorfosis puede amplificar la fantasía y potenciar el intelecto, o tratar informacional y manipulativamente al lenguaje.

Como resultado de su maridaje con la electrónica, la temporalidad de la lógica moderna está presente en la escritura computacional. Ello se aprecia en el control de todos los aspectos del texto, en la captura de las palabras en el sistema del código electrificado, plasmando el ideal iluminista de conectar todos los conocimientos a través de un código único.

Dado que la computarización es un procedimiento físico, la liberación que promete la palabra electrónica está ligada a la velocidad y a la conveniencia del escritor. La automatización del mundo privilegia el cuidado de las cosas: la sustitución de la pluma por la impresora también borra la firma, eliminando otra marca de la subjetividad .

El espanto que Heidegger sintió frente a la máquina de escribir al constatar que la palabra escrita, la escritura mecanizada privaba a la mano de la dignidad y degradaba la palabra a mero tráfico para la comunicación, se ve potenciado al infinito con el advenimiento de la palabra electrónica.

Sin embargo, la ecuación que iguala la velocidad en la formulación de las ideas con una productividad, que por sí misma anularía los movimientos espontáneos e imprevisibles de la mente, proviene antes bien de una resistencia y apología de lo para-escritural que de una fenomenología de la experiencia electrónica. Se critica mucho mas la imagen del autómata que su producto; se estigmatiza el proceso porque no se reflexiona sobre los resultados potencialmente portentosos de la simbiosis de la máquina con el hombre .

Invocando una supuesta polarización sin matices, la crítica neoplatonizante anti-electrónica y pro-escritural pasa por alto los puntos de engarce, el esfumado de fronteras, la novedad y los desafíos que inaugura el nuevo medium:

"(...) El libro produce un tipo distinto de estado de trance en el cual la concentración y la sugestión se ven amplificadas. El elemento eléctrico de los símbolos es, por su parte, puro desborde, en el sentido de estimular la innata fascinación fisiológica del hombre por la luz y el fuego, con la alegría del zapping, con tener un control absoluto sobre la simbolización del pensamiento" (Heim 1987).


Algunos de los rasgos distintivos del libro se pierden en este pasaje. El cultivo de una autoría distribuída o dispersa entre muchos autores , la fusión de lo sensual con lo calculable —algo muy distinto de la reducción de uno a otro, la potenciación de los aspectos dinámicos del pensar, la combinatoria, la multi-dimensionalidad, la reticulación, así como la navegabilidad propias del texto electrónico, pueden tanto ofuscar a la palabra como llevarla a estadios libertarios impensados en el reino de la escritura impresa.

Con el advenimiento de la digitalización, el libro es reciclado hacia otros registros de la psyché:

a) la automatización de la manipulación reemplaza la "cura" de los materiales resistentes del artesano;

b) la lógica más general de los procedimientos algorítmicos desplaza la atención de la expresión personal;

c) una superabundancia de posibilidades dinámicas cambia la fijeza de la formulación contemplativa de las ideas;

d) una red pública sustituye la noción de autor por una reticulación indefinida de la experiencia eliminando la soledad privada de la lectura y de la escritura reflexivas.

¿Está agotada, entonces, la cultura del libro? ¿Qué tecnología cabe utilizar, que sea capaz de revivir sus momentos mas exitosos, y que esté a la vez en condiciones de generar nuevos espacios de experiencia? ¿En qué medida la cultura del libro —algo ignorado por sus panegiristas mas acríticos— fue elitista, egocéntrica, pasiva y estuvo orientada a valorar un pasado irrecuperable? ¿Hasta qué punto la velocidad y la multi-perspectividad propias de la escritura electrónica no nos hacen ganar mucho más que lo que los críticos inmersos en el espacio escritural (Heidegger, 1985, Bell 1987, Heim, 1987) creen que estamos condenados a perder ?

Los cambios que están ocurriendo en la tecnología de la escritura nos arrancan del reino de las verdades auto-validantes y nos arrojan a un contexto de negociaciones interminables, de referencias cruzadas poniéndonos frente a la presencia indeleble de la diversidad (Moulthrope, 1990).

Romper con la tradición del libro instituído no sólo permite imaginar otras formas de acumulación del saber sino que obliga, además, a utilizar nuevos modelos de inteligibilidad para pensar lo propio del pensar —imposible de subsumir bajo la metáfora del libro, el software de una computadora o la chispa divina. Es aquí donde la computadora como medio y la simulación como modelo hacen su entrada triunfal.


4. El archipiélago hipertextual

El advenimiento de la digitalización cambia el soporte de lo escrito, así como sus modos de acceso. Esta doble mutación trae consigo la aparición de nuevas formas narrativas, sistemas de referencia, posicionamientos en el eje autor/lector, y afecta en forma irreversible la organización de la lectura y la producción de sentido (Bolter, 1991; Joyce, 1995; Shirky, 1995).

La forma general de la escritura electrónica tiene un nombre: se llama hipertexto. Tal com vimos en el teórico anterior el hipertexto es un tipo de escritura no-secuencial (Nelson, 1987).

La escritura ordinaria es secuencial en dos sentidos. En primer lugar, porque nació de los actos de habla, que son secuenciales, y además, porque los libros sólo son útiles si se los lee secuencialmente. Sin embargo, la estructuración de las ideas no es secuencial sino que constituye un reticulado insuturable . Cuando escribimos siempre buscamos ligar todo con todo.

Muchos escritores se sienten mas cómodos cuando no se ven forzados a expresarse secuencialmente, y pueden, en cambio, crear múltiples estructuras, ramas y alternativas. A los lectores nos va mucho mejor, entre tanto, si no tenemos que leer secuencialmente, pudiendo sobrevolar, saltar y probar distintos caminos hasta que encontramos lo que más nos interesa estudiar en profundidad.

No deja de ser sorprendente que nosotros —especialmente los más bibliófilos e inmersos en la cultura del libro— siempre hayamos estado hablando hipertextualmente sin saberlo. Que las operaciones "naturales" a través de las cuales antes establecíamos pautas que conectan se llamen ahora exploración de “paths”, establecimiento de “links”, “browsing”, etc, no parece ser mas que un cambio de nomenclatura.

Yendo mas lejos que las estratagemas literarias adoptadas por algunos escritores para lidiar con las dificultades de la secuencialidad; el almacenamiento magnético y los displays visuales nos liberan de la necesidad de organizar secuencialmente la información. Este "final feliz" en el proceso de liberación del texto -con todas las limitaciones que comentamos en el teórico anterior- tiene numerosos antecedentes, pero recién hoy el puñado de visionarios que anticiparon estas ideas en las últimas décadas (Vannevar Bush, 1988; Douglas Engelbart, 1988 y Ted Nelson,1987) ven operacionalizadas sus intuiciones en encarnaciones electrónicas efectivas.

El gran mérito de Vannevar Bush fue haber imaginado en la década de 1940 espacios de navegación de la información con ayuda de Guías —que permitirían acceder a la información de acuerdo con puntos de vistas particulares codificados en forma automática por la computadora a través de procesos de aprendizaje y de selección cultural:

"(...) Aparecerán nuevas formas de enciclopedias, listas accesibles a través de una multiplicidad de pistas asociativas, prontas para ser metidas en el Memex y allí amplificadas. De ahora en más existirá una nueva profesión de rastreadores, que se deleitarán estableciendo pistas a través de la enorme masa de información compartida" (Bush, 1988).


Con el advenimiento de estaciones de trabajo poderosas y baratas, CD-ROM, almacenamiento óptico escribible, redes de gran ancho de banda, software de hipertexto, la visión de Bush dejó de ser una promesa y se está convirtiendo en una realidad:

"(...) el hipertexto fue concebido en1945, nació en los ‘60, y fue creciendo lentamente en los ‘70, hasta finalmente hacer su ingreso en el mundo real en los ‘80, con un crecimiento especialmente rápido después de 1985, hasta convertirse en un campo establecido en 1989. Hoy tenemos varios sistemas que pueden ser comprados en un negocio de computación —o puede venir incluso empaquetados gratis con el sistema operativo de su computadora—, tenemos congresos exitosos y un diario, y lo que es más importante, contamos con ejemplos del uso del hipertexto para proyectos reales" (Nielsen 1990).


La idea de presentación secuencial ha condicionado la totalidad de nuestra experiencia cognitiva. Tanto el cuento narrado alrededor del fogón, como la telenovela vista en compañía de amigos tienen ese tipo de estructura. Sin embargo, el uso de los hipertextos demuestra que formas de escritura no-secuenciales son sumamente útiles para generar otras descripciones de la realidad.

Rara vez el autor de un libro selecciona a sus potenciales lectores, sugiriendo a los más avezados un orden de exposición y a los legos otro. Al ser no-secuenciales los hipertextos descartan un orden de lectura pre-establecido. Desde el punto vista del espacio narrativo es posible abrirse a una gran cantidad de lecturas posibles. El autor planea espacios alternativos a recorrer y el lector decide finalmente cual o cuales transitar.

Los circuitos que anticipaban, aún en el interior del propio desarrollo del libro la ruptura con el modo tradicional de la lectura, eran las notas al pie de página o las enciclopedias de referencias múltiples, como así también los aforismos y las estructuras de remisiones múltiples.

La forma de escribir en apostillas o el uso abusivo de notas —propio del clasicismo, y de este grupo de Ensayos— es reciclada en el hipertexto a partir de su definición como nota a pie de página generalizada. Los hipertextos permiten romper en múltiples planos con la estructura cerrada del libro, fomentando estilos de narrar y de referir inéditos.

Curiosamente este modelo de procesamiento de la información exige un uso y un tratamiento del lenguaje más parecido al que los escritores —tanto de ensayos como de ficción — han hecho tradicionalmente que al utilizado por los científicos.

El hipertexto emerge, entonces, como pre-texto y punto de partida para el establecimiento de genealogías de sentido. El anclaje en un lenguaje de programación o en una base de datos que dan lugar al hipertexto no son sino el inicio de una revelación social del sentido, de una comunidad de "connaiseurs" que activan el lenguaje a través de la mediación de la máquina.

Por otra parte, el hipertexto se inscribe en un espacio más amplio, del entorno en línea. Dado que no existen hipertextos individuales, el hipertexto adquiere su plasticidad intrínseca sólo en un entorno de comunicación en línea abierta. La encarnación de este programa está en la World Wide Web .

En las últimas décadas han visto la luz máquinas ficcionadoras ya sea bajo al forma de novelas experimentales (Rayuela de Cortázar, o el Diccionario de los Kasarz de Pavic), ya sea bajo la forma de ficciones electrónicas (Amnesia de Disch o La Rueda de la Mente de Pinsky). Estas narrativas mecanizadas buscan revolucionar la economía tradicional del discurso. En vez de ofrecer un arabesco único en el universo de las posibilidades, estas ficciones permiten que los lectores elijan entre múltiples recorridos posibles. Puesto que a cada paso existen elecciones divergentes, la narrativa puede cambiar muchísimo de una lectura a la otra. Lo que se dice en un momento dado depende del intercambio asincrónico entre el deseo de los autores y la intención de los lectores.

Referencias

Bell, Daniel: “Gutenberg y la computadora. El futuro del libro”, en Vuelta, nº 13, Buenos Aires, noviembre de 1987.
Bolter, Jay D.: Writing space. The computer, hypertext and the history of writing, Hillsdale, Lawrence Erlbaum, 1991.
Bush, Vannevar: “As we may think” [1943], en Grief, Irene (comp.), Computer-supported cooperative work, San Mateo, Morgan Kafman, 1988.
Engelbart, Douglas C.: “A conceptual framework for the augmentation of man’s intellect”, en Grief, I. (comp.), Computer-supported cooperative work. A book of readings, San Mateo, Morgan Kafman, 1988.
Havelock, Eric A.: Preface to Plato, Harvard University Press, 1963.
Heidegger, Martín: “La pregunta por la técnica”, Época de Filosofía, 1, 1985: 7-29.
Heim, Michael: Electric language. A philosophical study of word processing, New Haven, Yale University Press, 1987.
Joyce, Michael: Of two minds. Hypertext, pedagogy and poetics, Ann Arbor: The University of Michigan Press, 1995.
Moulthrop, Stuart.: “Reading from the map: metonymy and metaphor in the fiction of forking paths”, en Delany, P. y Landow, George P., Hypermedia and literary studies, Cambridge, The MIT Press, 1991.
Nelson, Ted.: Computer Lib/Dream machines, Washington, Microsoft Press, 1987.
Nielsen, Jakok: Hypermedia and hypertext, San Diego, Academic Press, 1990.
Ong, Walter J.Oralidad y escritura. Tecnologías de la palabra, México, FCE, 1987.
Shirky, Clay: Voices from the net, Emeryville, Zipff-Davis, 1995.

Este teórico recoge una versión editada del capítulo 5 con el mismo nombre aparecido en el libro Ciberculturas 2.0.En la era de la máquinas inteligentes (Buenos Aires, Paidos, 2002).

Publicado por Piscitelli el Junio 6, 2004 08:37 PM | TrackBack
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