Pablo Llonto, "La Noble Ernestina",Buenos Aires, Astralib, 2003, pag 275
Sólo si alguien no compraba Clarín, ni La Razón, ni Página 12, ni alguno 
de los 65 diarios del interior que consumían Papel Prensa, ni adquiría 
localidades para espectáculos o pasajes de micro vía Entrada Plus de 
Supreme Ticket S.A., ni le regalaba a sus hijos la revista Genios, ni veía 
los domingos a la noche por Canal 13 "Futbol de Primera", ni leía las 
producciones de la revista Nuestra, ni compraba alguna de las cucherías del 
merchandising de Boca, ni participaba de los concursos de la empresa Auditel
de audiotextos, ni mandaba su correspondencia por el correro privado UNIr, 
ni contrataba servicios de facturación y marketing con la empresa IMPRIPOST, 
ni compraba en Córdoba el diario La Voz del Interior, o en Mendoza el diario 
Los Andes o escuchaba la FM 100.3, ni prendía la tele de Córdoba para ver 
Canal 12, ni leía ni escuchaba las informaciones provenientes de la agencia 
de noticias DyN en alguno de los medios de comunicación, ni compraba la 
revista ELLE, ni se informaba por el canal de noticias TN, ni se relajaba 
con la programación de TyC Sports, ni se conectaba a la televisión satelital 
de Direct TV, ni se enganchaba a internet por Ciudad Digital, Ciudad 
Internet o Full Zero, ni se aferraba a los recuerdos en el canal Volver, ni 
buscaba reflexiones y opiniones en los progaramas de Magazine, ni leía los 
avisos en los carteles de las canchas que comercializaba Adlink, ni veía el 
fútbol vecino en TyC Uruguay, ni tenía parientes en Uruguay o Paraguay que 
le hablaran del Multicanal de esos países, ni primos en Bahía Blanca que se 
pasaran el día prendidos a Canal 7, ni iba al cine para ver las películas de 
Patagonik films o las de Polka producciones, ni sintonizaba Radio Mitre, ni 
la FM 100, ni la Gen 101.5, ni mandaba mails a Brasil por Prima do Brasil, 
ni era abonado de Multicanal, ni iba a la cancha a ver algunos amistosos de 
Boca, la Copa Merconorte, o los torneos de fútbol chilenos que organizaba 
Teledeportes S.A., ni poseía inversiones en Activa S.A., ni revolvía las 
mesas de libros para llevarse un ejemplar editado por Clarin- Aguilar, ni 
reservaba el Ole todas las mañanas, ni era socio del Automóvil Club 
Argentino con derecho a la revista mensual editada en Artes Gráficas 
Rioplatenses, ni se dejaba guiar por las encuentas del Centro de Estudios 
de Opinión Pública (CEOP), ni se metía a navegar por los proveedores de 
Internet Datamarkets S.A., ni llevaba a los chicos al stand de la Fundación 
Roberto Noble en la Ciudad de los Niños, ni pensaba viajar a Junín para la 
muestra agorpecuaria Feriagro, ni era alguno de los 10.000 trabajadores 
empleados por el Grupo, podía ser considerado un argentino a salvo de los 
efectos de LA VIUDA (Léase Ernestina Herrera de Noble)