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El Libro
Alejandro Piscitelli
ISBN 950-6970-1
Paidós - 2002
 


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Los colores del camino
16.05.2004


Av. Corrientes

Lo primero que viene a mi memoria acerca de mi pirimer contacto con la lectura y escritura se vuelve difuso y tan claro a la vez, es como revivr un acontecimiento lejano, como si hubera ocurrido... ayer.
Recuerdo cuando paseaba en el automóvil de mi papá junto a mi mamá y mis hermanos por las calles de Buenos Aires. Observaba con asombro los coloridos carteles de las calles y con curiosidad le preguntaba a mi mamá qué decía aquí o allá. De a poco fui relacionando los colores, las formas y las letras. Pero no sólo los miraba fines de semana. Todos los días me pasaba a buscar por mi casa un micro escolar que me llevaba al jardín de infantes ubicado en el barrio de Once. Recorría la Avenida Corrientes mientras maravillada prestaba atención a sus llamativos matices. Sabía la ubicación exacta de cada publicidad, cada local y su correspondiente nombre.

Recuerdo cuando paseaba en el automóvil de mi papá junto a mi mamá y mis hermanos por las calles de Buenos Aires. Observaba con asombro los coloridos carteles de las calles y con curiosidad le preguntaba a mi mamá qué decía aquí o allá. De a poco fui relacionando los colores, las formas y las letras. Pero no sólo los miraba fines de semana. Todos los días me pasaba a buscar por mi casa un micro escolar que me llevaba al jardín de infantes ubicado en el barrio de Once. Recorría la Avenida Corrientes mientras maravillada prestaba atención a sus llamativos matices. Sabía la ubicación exacta de cada publicidad, cada local y su correspondiente nombre.
En mi casa veía a mi hermana mayor hacer las tareas para la escuela, me gustaba agarrar sus libros y cuadernos, fue así como encontré un cuadernillo con dibujos para pintar y su descripción al pie de página. Así comencé a leer. Luego le pedía a mi mamá que escribiera una letra en la parte superior de una hoja. A partir de ella escribía diferentes palabras.
En el Jardín me hacían copiar algunas palabras al lado de dibujos. Pero yo quería expresarme, escribir algo. Por eso, redacté mi primer “cartita” para mi mamá, ahora bien guardada entre sus papeles. Luego redacté mi primer cuento y algunos otros que le regalé a mis seres queridos.
Como iba a un jardín doble escolaridad, me gustaba leer los libros de la pequeña biblioteca a la hora de la siesta luego del almuerzo.
En primer grado, pude conectarme con la lectura y escritura desde otro lugar, el de la escuela. Allí leía lo que me daba la maestra y escribía no sólo cuentos, también aprendí los números y el mundo de las matemáticas.
Supongo que mis modelos en la lectura fueron mi papá y mi hermana mayor. Yo los veía leer y a mí también me daban ganas de hacerlo. A raíz de esto, mi segundo gran recuerdo relacionado con la lectura lo encuentro en un centro comercial. Ese mismo año, fuimos con mi familia a pasear a un “shopping”. Mi papá entró a una librería y compró un libro. Yo estaba maravillada, era la primera vez que veía tantos libros juntos. Me acerqué al sector infantil y descubrí un libro de poesías de Elsa Borneman. Me llamó la atención sus colores brillantes. Pero mi mamá me tomó de la mano y nos fuimos del negocio. Unos minutos después todos me notaron diferente, como si estuviese enojada (realmente lo estaba) y me preguntaron qué me sucedía. Automáticamente volvimos a la librería, cada integrante de mi familia se compró un libro y yo, el mío. Ese fue el comienzo de la modesta biblioteca que estoy armando desde los seis años.
En la escuela primaria me gustaba mucho leer y escribir, siempre me destacaba en estas áreas. Durante esos años tenía la oportunidad de conocer nuevos textos y comprarlos en la feria del libro que se organizaba en mi colegio. Obra de Pablo Fernández border="0"/body>Tanto me gustaba escribir, que soñaba con ser la autora de una gran novela. A los diez años comencé a redactarla y al terminarla me sentí orgullosa de mi trabajo. Sin embargo, me costó mucho tiempo animarme a mostrársela a alguien. Nunca le pedía a familiares o amigos que leyeran mis relatos. A pesar de esto, tomé la “novela”, se di a mi maestra y le pedí que me contara qué opinaba. Se la llevó. Pasaban los días y no tenía respuesta alguna por su parte; entonces me acerqué y le pregunté qué le pareció el texto que le había dado. Me dijo que no había tenido tiempo de leerlo. Era tan sólo un cuento de no más de ocho carillas. Me sentí decepcionada, defraudada. Luego de ese episodio, fuera de las tareas escolares, jamás le mostré un escrito a nadie. Sin embargo, a lo largo de la primaria continué escribiendo en mi casa.
Con el paso de los años compré libros y muchos otros me prestaron. Generalmente le pedía a mi hermana que me aconsejara algún texto. Siempre me gustó leer, nunca me importó qué en particular. Me gustan los diarios, las revistas, libros de cualquier tipo, envases, carteles... aunque por supuesto, tengo mis predilectos.
Creo que muy poco leí y muy poco escribí. Sin embargo, mil ideas revolotean por mi cabeza, no sé cuándo las voy a escribir, pero supongo que no falta mucho para verlas plasmadas en el papel.
Realizando ete trabajo investigué un "poquito" en Internet. Encontré un página que me pareció interesante y me gustaría compartir, de allí tomé "prestada el dibujo que "pegué" anteriormente. Es http://www.imaginaria.com.ar/index.htm
También, me siento identificada con el texto que escribió otro estudiante en este post: Mis primeros pasos en la escritura y la lectura..., no somos pocos los que tomamos como modelo a nuestros padres!!
Melina Abeid.


Publicado por datosgaby1 el Mayo 16, 2004 10:52 PM | TrackBack
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