Recuerdo que el primer día de clases en primer grado me senté en una mesa redonda junto con mis compañeros y uno de los ejercicios del día era tratar de hacer algo nuevo en los cuadernos. La maestra nos había dicho que tomáramos los lápices y que nosotros solos, por nuestra propia cuenta y sin que ella diera alguna indicación, tratáramos de copiar lo mejor posible dos de las palabras escritas con letra grande y marcador negro que estaban sobre las cartulinas pegadas en la pared. Todos nos miramos entre nosotros sorprendidos, sin entender del todo cuál era la tarea y mucho menos cómo hacerla. Sí, nos estaban enseñando a escribir, algo que nadie en ese salón sabía desarrollar pero que todos imagino conocíamos o habíamos escuchado nombrar. De todas formas no se trataba de una consigna muy formal, era casi como un juego, pero igualmente nadie quería ceder y dejar de impresionar a la maestra.
Yo por mi parte, recuerdo que me parecía algo imposible lograr escribir ese día. A mi mesa y a mí nos había tocado copiar las palabras “gato” y “mariposa”. Y a pesar de que veía la consigna como una hazaña inalcanzable, lo intenté y traté de escribirlas. Con mi primera palabra estuve bastante cerca, ya que escribí “gao”, sin la letra t, pero después con la segunda se me complicó demasiado el asunto porque a simple vista “mariposa” era una palabra muy larga y difícil, así que sólo pude escribir algunas letras sueltas. Igual al final me sentí bien, porque había estado a punto de lograr lo que me parecía imposible con una de las palabras.
En cuanto a la lectura, tengo en mi memoria pocos recuerdos y menos específicos con respecto a la escritura como cuando la aprendí en la escuela. Lo que sí recuerdo es que desde chico mi madre me leía mucho distintos cuentos e historias, que yo me limitaba a escuchar y a lo sumo a ver los dibujos y las ilustraciones que traían los libros o las revistas de historietas. Esa era mi parte preferida. Siempre me leían en mi casa, pero no tengo recuerdos de cuándo fue el momento o la edad en que comencé a leer solo ya sea en mi casa o en la escuela. Sin embargo, la lectura es algo que sin duda interioricé mucho antes que la escritura ya que estuve en contacto con ella desde una más temprana edad.

