
Cuando nos encontramos con nuevas tecnologías que se expanden y ocupan cada vez mas espacio en la experiencia, acceder a ellas se convierte en una cuestión de vida, ya que satisfaciendo muchas necesidades crean otras miles que esperan ser satisfechas. Generan así, inclusiones y exclusiones. No se trata solo de acceso económico, sino también funcional como intelectual, social. Lo que esta en juego es ingresar o no a una nueva comunidad, donde conocer, usar, dominar los medios marca la línea divisoria entre pertenecer o esta fuera.
En esta marco de Internet produce sus propias restricciones, conforma una comunidad con reglar determinadas, que definen “como interactúan, o existen, las personas en este espacio”(1). Es en definitiva lo que Lawrence Lessig denomina el código, no opcional, que gobierna la conducta. Internet conforma un nuevo lenguaje, que va mas allá de lo tecnológico, y proporciona un modelo para ver “el mundo y nuestra mente de un modo nuevo” (2).
Este nuevo lenguaje y modelo genera cierta desconfianza, resistencias al restringirse su conocimiento en grupos especiales. Pues como toda tecnología ofrece facilidades y oportunidades a quienes pueden obtenerlas, pero aleja a cada vez mas a los que por diferentes motivos no corren la misma suerte. No es culpa de Internet que la mayoría de la población no posea dinero para acceder a un ordenador, pero la tecnología avanza más rápido que la mayoría de la humanidad, la cual al no poder acompañar tal desarrollo va quedando excluido de una nueva conciencia y de un nuevo mundo. “El futuro, sin duda, pertenece a las personas digitalizadas (...), el ámbito digital es planetario (...) sin embargo en algunas zonas del planeta el reloj de la cultura va mas lento que el digital "(3).
Acceder a Internet es una necesidad, implica obtener información, conocer personas, buscar trabajo, comprar, vender, etc.. Tomando a las nociones de Planells, no es ya un instrumento de la cultura sino que nos permite pensar, nos permite hablar de cultura reflejando el momento en el cual ha surgido produciendo y reproduciéndose. “Ha transformado la conciencia humana” (4), de modo tal que conforma una “hiperconciencia activa, en permanente flujo, cambio y ajuste” (5), una reestructuración del mundo en la que lo publico y lo privado comienzan a confundirse. Pero esta “comunidad de telecomunicaciones” (6) se impone a todos sin dar permiso a todos para sumergirse en ella, es como tener el dulce en la vidriera solo para contemplarlo, sin poder tocarlo. Quizás, haciendo referencia al pensamiento de Mc Luhan, sea nuestra enorme reserva de tecnología culta y mecanicista los que nos deja tan desamparados y nos hace tan ineptos para habérnosla con las ultimas innovaciones, y quizás por ello muchos aun no pueden hablar y actuar bajo sus formas.
La idea de “Acceso Libre” (7) se pone en cuestionamiento. Varios autores han de sostener que el código existe en un lenguaje entendible solo para humanos que posean la formación y el conocimiento suficiente como para entenderlo. Los miembros de esta cultura hablan un nuevo lenguaje, con nuevas reglas e instrumentos que nos son asequibles hacia fuera, y poder ingresar implica adueñarse de los mismos, aprehenderlos. Experimentan “ un sentimiento de superioridad sobre los analfabetos informáticos” (8), comunicándose “con su ordenador o con otros humanos a través de él” (9), centrándose en cuestiones incomprensibles para todo aquel que no este inmerso en esta realidad, que es otra realidad completamente diferente. En la permanente tentación de evadirse de la sociedad se transportan a las estructuras formales de la informática, hundidos en la informalidad, virtualidad y a veces soledad. Comprar la entrada al ciberespacio requiere ser uno más.
El factor económico y el social van de la mano, pues la ausencia de uno implica la imposibilidad del otro. En los países desarrollados y en las principales ciudades de los en vías de desarrollo las personas pueden acceder a estas tecnologías. Sin embargo el 88% de los usuarios se encuentra en el primer grupo. Esto marca la distancia existente y creciente entre unos y otros, la llamada “brecha digital” (10). Los países desarrollados marcan la infraestructura de la información y van a la vanguardia de la misma, accediendo a la mejor calidad de servicio y sus complementos. Los costes mientras tanto son muy grandes para quienes no tienen los mismo instrumentos y una inversión en este ámbito significa desplazar otras necesidades que son prioritarias. “En estas circunstancias, es difícil generar acceso a Internet” (11). A esto se suma una brecha de conocimientos que implica el manejo de ordenadores y saber ingles, y una brecha generacional que marginaría a los mayores. El acceso a Internet se extiende a otros espacios que van quedando bajos sus alas, limitando el acceso a las comunicaciones, la información e inclusive la economía global” (12).
Pero solucionar el problema amplía la discusión a campos que se extienden mas allá de este tema. La “alfabetización informática” (13) seria una pieza muy útil para facilitar la utilización de estas tecnologías, pero sin duda hay prioridades que superan este caso cuando hay miles y millones de niños en el mundo que aun no saben leer y escribir. La instrucción, educación e información acerca de Internet servirá para que muchos de nosotros seamos libres de usar el medio o no, de darle la funcionalidad que queramos o necesitemos, teniendo de antemano la capacidad de elegir. Pero no solucionara los inconvenientes que provienen de otro tipo de brechas sociales y económicas que imposibilitan la apertura de los avances a toda la humanidad, y que existen desde que el mundo es mundo.
Laura Isabel Bono
Publicado por el Marzo 15, 2004 08:29 PM | TrackBackDemasiada bibliografia para un trabajo tan pobre.
Publicado por: Mariano Zenaku a Marzo 18, 2004 11:03 AM
