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El Libro
Alejandro Piscitelli
ISBN 950-6970-1
Paidós - 2002
 


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“Contra-cara”
15.03.2004

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El deterioro sistemático y la paralización del Cuerpo es una característica constante de la tecnología moderna. A partir de aquí, me refiero específicamente a las innovaciones tecnológicas y a los medios masivos como los causantes de la paralización del cuerpo en la actualidad, en la cual se desprovee de significado a todas las actividades culturales creando la falsa idea de que todo es posible “sin moverse de casa”. Ya no es necesario ir al cine, comprar un CD, “perder el tiempo” eligiendo un libro en una librería o incluso hacer las compras. Todo es posible sin moverse, sin sentir o vivir las cosas. Bajo la falsa excusa de la comodidad que termina traduciéndose en conformismo, en pasividad del individuo frente a la pseudo-facilidad de la satisfacción de sus necesidades, el cuerpo y su conciencia fisica pagarán con la más absoluta atrofia.

“ Casi todas las principales tendencias dinámicas de la modernidad, fueron contrarias al cuerpo e infravaloraron y sometieron lo corpóreo al mismo tiempo que procuraban reglamentarlo y sustituirlo”
La modernidad introdujo una sensibilidad pasiva: el cuerpo individual que se mueve libremente carece de conciencia física de los demás seres humanos. Esto se hace evidente en las famosas charlas (“chat”) computarizadas donde se pierde toda conexión con la otra persona: los gestos, las miradas, las entonaciones de la voz (fuerza ilocucionaria), el contexto en el cual se establece una conversación, que implica códigos así como significados en la comunicación entre personas. Todo esto se pierde en los “e- mails”, mensajes electrónicos cuya carencia de expresión y de conciencia física del otro son producto del aislamiento y el no contacto entre los interlocutores. Planells afirma que el género chat permite la comunicación escrita, inmediata y simultanea de múltiples usuarios, pero en ningún momento habla sobre las cosas que se pierden en este tipo de comunicación indirecta, mediada por una máquina que lejos está de representar concretamente nuestras intenciones al interactuar.
Nuestro cuerpo se encuentra, de esta manera como otra máquina inmutable de toda sensación : pasivo.
Como dice Mc Luhan “ Es muy importante que nos demos cuenta que la adopción de nuevos instrumentos lleva aparejados grandes cambios en la forma ordinaria de hablar o de actuar”. Nuestras tecnologías, de ningún modo son uniformemente favorables a esta función orgánica de interacción o interdependencia. Para él tenemos que pagar un precio por el aumento de conocimientos, de racionalidad, de cooperación y ayuda mutua. ¿El precio que tenemos que pagar por ser hombres será la autocorroción del cuerpo?.
Esta nueva cultura, “esencialmente diferente del mundo real” afirma que nos es posible viajar, conocer exóticos y recónditos lugares del planeta, distintas culturas, (de otro modo tan inaccesibles) e incluso establecer un diálogo con uno de sus habitantes, con solo presionar una tecla, “sin modificar nuestra situación fáctica“, desde nuestro hogar y por nosotros mismos. Murray ve a los ordenadores como medios capaces de satisfacer este deseo de vivir una fantasía, según dicho autor el ordenador puede proporcionarnos un espacio concreto para visitar aquellos lugares que deseamos conocer con tan solo unos cuantos cliks.
De igual forma considero que el cuerpo, expuesto frente a la pantalla televisiva, carece de conciencia física desde el momento en que divertirse significa siempre que no hay que pensar, que hay que olvidar el dolor, incluso allí donde se lo muestra. En la base de la diversión está la impotencia. La impotencia del cuerpo para reaccionar ante la violencia y el aturdimiento.
Bajo éstas condiciones, el cuerpo se reduce a un mero receptor de imágenes y mensajes fraccionados por la velocidad e intermitencia con que son trasmitidos.
El cuerpo frente a la pantalla cree distenderse, relajarse, “desconectarse” de la realidad que lo somete para terminar conectándose, finalmente, a un aparato que lo someterá de todas formas. La acción principal de la televisión, no se produce por los contenidos, sino por el propio medio, por la luz parpadeante del escáner de haces electrónicos. Los cambios y cortes en los programas provocan contínuas respuestas orientativas atrayendo la atención sin satisfacer necesariamente a ésta. Con la televisión nunca finaliza el estímulo inicial, ésta provoca rápidas sucesiones de respuestas orientativas sin dar tiempo suficiente para la clausura. El espectador se convierte en una victima de la fuerza externa, de la secuenciación audiovisual rápida. Como dice De Kerchove , cuando se produce el contacto entre el hombre y la maquina, la mirada de la maquina es más poderosa que la nuestra. Por éste motivo el hombre frente al aparato de televisión experimenta esa sensación de frustración al no poder responder ante ningún estimulo; ante él nuestras defensas están vencidas, somos vulnerables y susceptibles a la seducción multisensorial.
Nuestro cuerpo se encuentra, de esta manera como otra máquina inmutable de toda sensación : pasivo.

Publicado por el Marzo 15, 2004 11:42 AM | TrackBack
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