Esto, teniendo en cuenta que las tecnologías reestructuran la conciencia, tiene importantes consecuencias ya que la televisión suele reforzar y estimular solamente el aspecto interpretativo del espectador y en muy pequeña medida la producción.
¿Es esto una característica propia del medio dada su arquitectura centralizada que concentra la producción en unos pocos centros desde los cuales se emiten las señales hacia los receptores?
Antes de responder esto es conveniente repasar algunas de las formas en que uno, como espectador, puede “interactuar” o relacionarse con el medio (no sólo con la pantalla):
Las comunicaciones telefónicas, los programas de preguntas y respuestas, y la inclusión en forma de personajes dentro de algún programa (cuyo paradigma son los reality shows) parecen ser las formas más habituales.
Como vemos, en los tres casos la interacción se reduce a una mera participación dentro de esquemas previamente fijados, dentro de los cuales es escasa cualquier modificación. Pero si a esto se suma en el caso de los canales de aire privados, la concentración mediática, no sólo en cuanto a los grupos, empresas y conglomerados extranjeros dueños de los medios, sino también en cuanto a la productoras asociadas (que acaparan casi la totalidad de los contenidos), las posibilidades de abrir el texto y establecer modificaciones, son mínimas. acercando al discurso televisivo a la categoría de texto cerrado o protegido (y haciendo más grande la brecha entre autores y lectores.
Estos autores (multimedios y productoras) no sólo son dueños de los derechos de propiedad, sino que además ocupan prácticamente toda la grilla de programación con una lógica puramente comercial y determinan el acceso o no, en base a criterios estéticos.
Por estas características, los canales privados son los que más se ajustan al concepto de texto cerrado o protegido, que Raffaele Simone atribuía al texto impreso.
Pero además a diferencia de lo que puede ser la participación dentro de un juego de realidad virtual o incluso de un video juego, en todos estas formas de participación queda bien delimitado que uno es simplemente un participante afortunado, impidiendo el fenómeno que Janet Murray denomina inmersión (ya que en la casa de Gran Hermano no se tiene la sensación de estar encerrado, se está encerrado).
Otra de las formas en que supuestamente los espectadores interactuan con el medio televisivo es a través de las mediciones de rating, según las cuales se establece lo que la gente quiere ver. Este tipo de estudios no sólo son habitualmente puestos en duda, ya que se llevan a cabo sobre un número reducido de televidentes, sino que además son estudios cuantitativos que miden lo que esa gente ve (dentro de lo que hay) y no indican nada acerca de lo que le gustaría ver. De esta forma, la metáfora de De Kerckhove que compara la televisión con un barómetro de la sociedad es difícil de sostener.
En este sentido, el canal 7 como canal Estatal o no comercial, se vuelve un punto estratégico vital que aunque si bien permite hoy por hoy encontrar contenidos diferentes y producciones de sectores marginados por los canales privados, plantea la necesidad de ser disputado como espacio público y accesible para todos. Sólo de esa forma es posible romper la brecha entre autores y lectores dentro del texto televisivo.
Demián Monclús
BIBLIOGRAFIA CONSULTADA
- De Kerckhove, Derrick; “Inteligencia colectiva” Cap.17 ; en La piel de la cultura. Investigando la nueva realidad electrónica. Barcelona. Gedisa, 1999.
- Murray, Janet, "Inmersión", en Hamlet en la holocubierta.
- Ong, Walter.J. "La escritura reestructura la conciencia", "Imprenta, espacio y clausura". Capítulos 4 y 5 de Oralidad y escritura. La Tecnologización de la palabra. México, FCE, 1987.
- Simone, Raffaele; "Qué le sucederá al cuerpo del Texto", Cap. 5 en La Tercera Fase. Formas de saber que estamos perdiendo ,Barcelona, Taurus, 2001.
http://www.observatorio.org.ar/Rev_Net/ro_centro_6_12.htm
http://www.intexto.ufrgs.br/n9/a-n9a6.html
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http://www.une.edu.ve/kids/imagenes/television.gif

