Un alumno de la facultad abre el Microsoft Word para realizar un trabajo práctico que debe entregar a corto plazo. Un comerciante utiliza el Excel para hacer un balance de sus cuentas, así como un arquitecto vuelca los números de su inversión para una futura construcción. Todos finalizan sus tareas satisfactoriamente con los respectivos programas. ¿Qué problemas les trajo trabajar con Microsoft? ¿Qué falta de libertad de expresión sufrieron? ¿Para qué necesitan el código fuente de sus programas, si encontraron en ellos todo lo que necesitaban?

Para responder a estas preguntas es preciso explicar que el código fuente es una lista de instrucciones escritas en un lenguaje de programación, diseñado para que sea comprensible para los seres humanos. Cuando los programadores de Microsoft convierten el código fuente en una cadena de bits, conocida como código binario, sólo las computadoras, salvo casos extraordinarios, pueden entender las instrucciones. Así, los compradores sólo tendrían a su disposición el código binario, mientras que la obtención del código fuente, al cual no tienen acceso, le daría al usuario el poder absoluto de poder cambiar y mejorar su Software.
Ahora, ¿En qué perjudica esto al simple usuario y comprador del paquete Microsoft? Por que al fin y al cabo se podría decir que, al no poder modificar sus programas, los usuarios se sacan un peso de encima o se ahorran un trámite burocrático.
Precisamente aquí podría radicar la cuestión. Los seres humanos estamos avanzando en un frenesí de consumo para satisfacer nuestras necesidades. No de casualidad, los gerentes de Microsoft invierten cada vez más para que los programas incorporen nuevas funciones, casi insignificantes, y los usuarios compren compulsivamente dicha actualización. En este caso, el paquete de Microsoft funciona como un instrumento de conformación. El usuario se convierte en un receptor de sistemas, en un sujeto consumista que abandona los procesos de producción. El usuario pierde su libertad sin saberlo.
Por eso, es necesario que los usuarios contribuyan en la producción, ya que de esta forma la adaptarían a sus propios usos, permitiendo la transformación de la propia tecnología. Aquí radica la importancia del código fuente, no sólo como lenguaje, sino también como instrumento de producción. Al compartir el código fuente, los usuarios realizan un intercambio de información que se traduce en un circuito de retroalimentación. La posibilidad de poder mejorar los programas se convierte en libertad para volcar conocimientos, en libertad de expresión.
Muchos podrían argumentar que los usuarios no son grandes programadores, tienen conocimientos limitados y por eso necesitan soluciones al alcance de su mano. Sin embargo, no hace falta ser un hacker informático para ser un sujeto productor. Con la voluntad de querer resolver un problema, aunque el resultado sea erróneo, el primer paso hacia la libertad estará dado.
Es indudable que las computadoras son herramientas cada vez más importantes e influyentes sobre la vida del ser humano. Año a año, la convergencia es cada vez mayor. Por eso, el código fuente no es un elemento menor, ya que su acceso posibilita un proceso de interacción sin restricciones. Sólo la voluntad de la sociedad nos liberará de un consumo en expansión que atenta cada vez más contra la libertad.
Joaquín Arnáez (Hijos de la Calle)
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