“Para seguir la trayectoria:
mira al maestro,
sigue al maestro,
camina junto con el maestro,
mira a través del maestro,
conviértete en el maestro” (Poema zen moderno)
Así es cómo sostienen los hackers que debe ser su actitud. Porque como en todas las artes creativas, el modo más efectivo de transformarse en un maestro es imitar su mentalidad —no sólo intelectualmente, sino también emocionalmente.
La palabra hacker comenzó a usarse a fines del siglo XIX en los Estados Unidos para designar a aquellas personas que esperaban la llegada de los barcos cargados de inmigrantes, que desembarcaban en las grandes ciudades norteamericanas, para bajarles las valijas y bolsas que traían a cambio de algo de dinero. Su rutina era descargar el equipaje de otros y se lo llamaba hackers porque eran infatigables: podían incluso dormir o comer en el puerto para no perderse la llegada de otro barco. Sin embargo, con el paso del tiempo y el advenimiento de la computación e internet, el significado cambió. Ahora hay toda una ética detrás, basada en la transparencia y el libre acceso a los códigos, en la cooperación y el compartir: en la libertad.
Específicamente, el hackerismo es lo que los antropólogos denominan una cultura del don. Se adquiere status y reputación no mediante la dominación de las otras personas, ni por ser hermoso/a, ni por tener cosas que las otras personas desean, sino por donar cosas. Concretamente, al donar el tiempo, la creatividad, y el resultado de lo investigado. No hay que confundir este término con los crackers que, si bien tienen un gran conocimiento de computación, su objetivo es bloquear sistemas de seguridad de los diferentes sitios a los que acceden, con el fin de causar daños económicos y morales.
Tanto avanza la tecnología con el tiempo, desde la oralidad a la escritura, de la pluma a la tinta y del papel a la computadora, que hasta los adolescentes hackers ya tienen lugar donde aprender cómo comportarse, cómo hacer para estar dentro del mundo virtual y no quebrantar las reglas. Esto se debe a que el ciberespacio tiene cuatro restricciones que tienen ser respetadas: la ley, las normas, el mercado y el código (arquitectura). Para eso, desde temprano, se los advierte. Un ejemplo de este tipo de educación se da en Barcelona, en la Universidad La Salle “La hacker high school”, única en el mundo, donde los chicos aprenden las limitaciones que existen.
Del mismo modo en que un ladrón borra sus huellas para que no lo descubran, un hacker, cuando entra a un sistema, lo primero que hace es tratar de que no queden registros de sus accesos, para que el administrador no se dé cuenta de su presencia y no tome medidas para bloquearle el paso. Esto no quiere decir que su forma de actuar sea errónea, sino que de modo contrario es por el bien de todos los usuarios de internet.
Hostilidad hacia la censura, el secreto y la utilización de la fuerza o el fraude. Descentralización de la información, multidirección en su interactividad. Estas son algunas de las características que toman los hackers a la hora de navegar por la web. “Todos para uno y uno para todos”, así como dicen los tres mosqueteros, es cómo actúan en su mundo, donde el conocimiento se comparte, al igual que en una comunidad científica. No son héroes ni demonios. Son seres humanos que mejoran día a día el funcionamiento de internet.
Por Ursula Krochik
Publicado por el Febrero 29, 2004 07:39 PM | TrackBack
