Mente moderna, mente con poder. Letras impresas, letras con poder.
Ideas atadas a palabras, palabras atadas a libros, libros atados a hombres, hombres atados…
QUIZÁ EL DESTINO ESTABA ESCRITO…
El hombre cambio su modo de pensar cuando vio su voz dibujada sobre una superficie, codificada con un alfabeto. Las palabras eran “cosas” ahí, a la vista de todos. Su cabeza era el cofre de donde salían esas ideas que luego se veían escritas. Las palabras y las ideas se volvieron objetos y él se volvió sujeto, sujeto pensante. Todo podía ser pensado; es más, porque todo era pensado, todo era.
El camino hacia la autoconciencia es la experiencia de la escritura, afirma David Olson, también puede inferirse que el alfabeto fue el pedestal donde el hombre se erigió como el único poderoso, el amo y señor de este mundo y más allá.
Siglos tardo en llegar hasta esa cima, su forma de pensar fue modificándose lentamente junto con la introducción de tecnologías que ampliaban su capacidad cognitiva. Recién con la llegada de la imprenta dios perdió su corona, ya no se necesitaba de un dios para que nos cree, sólo había que pensar… y luego existir. Antropocentrismo bautizado por las letras que colgaban de los escritos. Poder al hombre que fluía de las letras, de las palabras impresas. Camino largo se tuvo que transitar pero quizá el destino estaba escrito…
PRESUNCIÓN DE VERDAD
Walter Ong señala que en el habla popular lo “dicho” por el libro se presume “cierto”. Lo escrito, escrito queda para ser leído por todo aquel que lo desee. El sentido común nos lleva a pensar que si un libro logra sortear todos lo filtros que se le interponen en su aventura editorial y logra salir publicado debe ser porque lo que contiene es verdadero (o verosímil). No parece casual que en un principio sobre la escritura pesaran restricciones y que sólo ciertas personas “idóneas” fueran las que tuvieran acceso a los manuscritos y adquirieran la capacidad de leer y escribir. La censura nació con la escritura, reflejo del temor que produce lo escrito, lo que no se puede cambiar porque escrito está.
Además, desde que el mundo es mundo, el ser poseedor de un conocimiento posiciona en otro lugar a los hombres entre sus pares. La escritura es una tecnología que permite almacenar el saber, por ende, quien pueda leer los escritos tiene acceso al conocimiento, puede alzarse sobre el resto. Tiene el poder de saber.
ESCRITURA COMPULSIVA
En la actualidad, la mayoría de nuestras prácticas sociales están mediadas por la escritura. Es imposible pensar la sociedad occidental contemporánea separada de lo escrito, lo impreso. Pero ¿no estaremos escribiendo demasiado? ¿Por qué tenemos una compulsión a escribir, a dejar nuestra marca en algún lugar para que quede “fijada”?

Quién de nosotros no ha leído frases como “Juanca te quiero”, Boca Campeón”, “Mario y Pao” o “Aguante los Redondos” en alguna pared, colectivo e incluso en algún brazo o pierna. Parecería que escribimos donde hay una superficie que nos permita hacerlo. Hasta el cuerpo se ha vuelto soporte para la escritura, tatuajes que no dejan olvidar amores, padres, hijos, etc. Es como si el tatuado se hiciera recordatorios sobre la piel de sus sentimientos o personas queridas.
Será que escribimos porque nos permite expresar cosas que no podemos decir. E incluso confiamos más en un papel escrito para transmitir algo importante que en la evanescente palabra hablada. Tal vez ésta compulsión que presenta la cultura letrada occidental es lógica y coherente a los efectos de un buen funcionamiento de la discursividad social.
RUMORES QUE SE ESCRIBEN
Los pasquines aparecen como sentencias en las puertas de los habitantes del pueblo que imaginó Gabriel García Márquez en “La mala hora”. Un pasquín es una nota que dice algo que ya se rumoreaba en el pueblo, pero todo se vuelve más complicado y difícil si se leen los rumores en los “papelitos”. No tienen autor pero si víctimas; otra característica fundamental de la escritura: su desligamiento de la subjetividad creadora. Ni siquiera Casandra, la adivina del circo, puede develarnos el misterio porque las cartas le dicen que “es todo el pueblo y no es nadie”. ¿La escritura anónima se puede volver una escritura “social”?
Familias “de bien” aterradas de ver por las mañanas una nota en sus puertas. Secretos que se develan, mentiras que se vuelven verdades escritas para siempre. ¿Por qué cuando “todo el mundo lo decía” era soportable y manejable? ¿Qué poder tienen los pasquines para desencadenar un aluvión de tragedias y muerte?
La literatura puede ser útil para señalar con su letrado dedo algunas características de la realidad que es testigo. Nos ayuda a ver desde otro punto, muchas veces magnificando o minimizando, el mundo que nos rodea.
Algo se puede decir muchas veces pero cuando se pone sobre papel se vuelve una sentencia, una sentencia escrita.
La escritura tiene la característica de poder sellar en la conciencia social lo que sus letras imprimen en el espacio. Puede develar verdades y también puede repetir mentiras las veces que sea necesario para que se terminen convirtiendo en “verdades” para la mayoría de la sociedad (no todos porque siempre está la esperanza de que alguien piense, dude y pregunte).
Analía González Bravo
Bibliografía Consultada
-Olson, David "Las representaciones de la mente: los orígenes de la subjetividad", "La constitución de la mente letrada". Capítulos 11 y 12 de El mundo sobre papel. El impacto de la escritura y la lectura en la estructura del conocimiento. Barcelona, Gedisa, 1998.
-Ong, W.J. "La escritura reestructura la conciencia", "Imprenta, espacio y clausura". Capítulos 4 y 5 de Oralidad y escritura. La Tecnologización de la palabra. México, FCE, 1987.
- García Márquez, Gabriel “La mala hora”, Buenos Aires, Debolsillo, 2003.

