
¿Qué hace de la escritura un arma tan poderosa que debe ser anulada, sofocada, ocultada?
¿Qué hace de la escritura un instrumento o “tecnología de poder”?
La escritura establece un lenguaje autónomo, libre de contextos y separado de su autor material. Consecuentemente no puede cuestionarse ni ponerse en duda directamente como el habla oral. El libro dice algo que, aunque se le realice la más devastadora crítica, mientras exista, esa terrible verdad o falsedad van a seguir vigentes.
Platón en el Fedro (274-277) criticaba a la escritura por considerarla algo semejante a un objeto que destruye la memoria. De manera paradójica, retomando el planteo de W. Ong en su libro “Oralidad y escritura”, la rígida estabilidad de un texto y su alejamiento del mundo vital humano, aseguran su perdurabilidad en el tiempo y en el espacio. Un texto escrito permite ser leído e interpretado por innumerables lectores y en diversos contextos. Se logra así evitar el olvido y fortalecer la memoria. Olvido y Memoria. Palabras contradictorias si las hay pero que se entrelazan, de forma casi absurda, en el correr de la vida. Tal vez, en esta crítica a la escritura uno de los más grandes filósofos de la historia, Platón, “se equivocó”. Quizás presentía el cambio al que conduciría la nueva tecnología y sintió miedo... Por estos tiempos y tomándonos el atrevimiento de enfrentarnos nada más ni nada menos que con él, consideramos que esta práctica no destruye la memoria más bien la reivindica, la refuerza y la prolonga inigualablemente en el tiempo.
Esta postura se ve reflejada en las conclusiones de “Operación Masacre” de Rodolfo Walsh las cuales reafirman el poder de la escritura, una forma de imponer la verdad y de castigar, para evitar el olvido, para triunfar sobre la muerte. Ana María Amar Sánchez en su texto “El sueño eterno de justicia”considera que las afirmaciones de este libro permiten que se haga justicia. Contar, narrar, es una forma de remediar. Los crímenes y el delito del estado no han quedado del todo impunes porque fueron contados. Walsh, en “La carta a la Junta militar” utiliza la palabra como instrumento de denuncia y de permanencia frente a quienes intentan quedar exentos de la condena social. Sin embargo, como le ocurrió a este autor, y a tantos otros escritores, un folletín que apareció “sorpresivamente” en todoel contar verdades, el escribir Buenos Aires, le costó la vida de su hija y también la suya. Por lo tanto, la escritura como instrumento de lucha intelectual permitió y aún hoy permite que se haga luz en un túnel oscuro y desgarrador que fue la historia tanto Argentina como latinoamericana durante la dictadura militar.
La escritura es una tecnología de poder. Poder.de debelar verdades, o tal vez no. Poder de ocultar, de fabular, de inventar, de recrear en un sin fin de combinaciones los recovecos más impenetrables de nuestra mente. Poder de perdurar, de volver una y otra vez sobre aquellas páginas que marcaron un rumbo en nuestra vida espiritual, o sobre aquellas pocas líneas que nos hicieron cambiar la vida. Poder de la escritura que eleva o destruye. Que nos permite distinguir aquello que está escrito de lo que son nuestros pensamientos, nuestra interpretación. Poder del pensamiento letrado de construir una “autoconcienciencia” del lenguaje que permite volver conscientes las palabras y distinguirlas de las ideas que expresan. Poder de construir vínculos de identificación entre lectores y escritores. Estos lazos o vínculos de lectores y escritores construyen “comunidades textuales”.Comunidades de creencias comunes, de ideas e interpretaciones de textos compartidas. La cultura letrada es un espacio que nos atraviesa a todos. Permite que nos cuestionemos, que interpretemos basándonos en un conjunto de creencias. Creencias sostenidas que nos mueven a actuar, a involucrarnos. Esta es la clave: la escritura y la lectura son fuentes de poder, persuasión y acción en la sociedad... Si cuando se escribe se puede fijar en el espacio el pensamiento y luego éste puede ser leído por, aunque sea, una persona, la escritura se vuelve potencial de cambio.
Lo escrito en el pasado puede juzgar el presente y hasta predecir lo que va a suceder. No hay que viajar demasiado en el tiempo para encontrar ejemplos de descripciones correctas del presente y sus probables consecuencias futuras. Eduardo Galeano en su libro “Las venas abiertas de América Latina” da un claro pronóstico de las consecuencias de la aplicación de las políticas económicas (neoliberales) utilizadas en América Latina en los años ’70. El mencionado autor sostiene que el paso siguiente son gobiernos autoritarios. “La respuesta más estimulante al mencionado libro no vino de las páginas literarias de los diarios, sino de algunos episodios reales ocurridos en la calle. Por ejemplo, una muchacha que iba leyendo este libro en un ómnibus que atravesaba Bogotá para su compañera de asiento y terminó parándose y leyéndolo en voz alta para todos los pasajeros; o una mujer que huyó de Santiago de Chile, en los días de la matanza, con este libro envuelto entre los pañales de su bebé... De la misma manera los comentarios más favorables que este libro recibió no provienen de ningún crítico de prestigio, sino de las dictaduras militares que lo elogiaron prohibiéndolo”. Galeano cita a Blas Otero: “No dejan ver lo que escribo porque escribo lo que veo”. La prohibición, la censura, da prueba de la verdad de lo escrito. Incluso la refuerza. Terrible paradoja de los que tiene miedo a las ideas, a las palabras impresas, a la verdad contada, al “poder de la escritura”. La escritura, un arma que no mata pero que condena a la “eterna memoria”, que no mata pero que por usarla muchos pagaron un alto costo: la propia vida, el exilio, pero nunca el silencio... Silencio que solo promueven los cobardes, los que prefieren el olvido, los que intentan borrar con sangre, con muerte, algo tan “simple”, tan humano como la palabra escrita. La “censura narcótica” no considera que las creencias, las ideas sostenidas por una “comunidad letrada o textual” siguen gestándose en la sombra, en el “supuesto silencio”. Poco a poco estas ideas se materializan, toman forma y son palabras escritas que se cuelan entre las grietas de la mentira y el poder para finalmente iluminar la mente de quienes anhelan justicia.
BIBLIOGRAFÍA:
Ong, W. J., Oralidad y escritura. La tecnologización de la palabra. México, FCE, 1987
Olson, David. El impacto del a escritura y la lectura en la estructura del conocimiento. Barcelona: Gedisa, 1998.
Galeano, E. Las venas abiertas de América Latina. Argentina. Siglo XXI, 1989.
GRUPO 1: "LABEDEGRA"

