Download file
La tecnología estuvo siempre al servicio de los sectores dominantes, pero con la modernidad se la enmascara bajo las promesas de bienestar. Como éste no llega nunca para amplios sectores de la humanidad, los hombres se sienten abandonados. Los sufrimientos de la mayoría son transmitidos gracias a los medios hacia todos los rincones del globo, aumentando el desasosiego. Por lo tanto, es natural que se quiera volver a la etapa de las sociedades cerradas, donde el conflicto era inexistente.
Desde sus orígenes, en el campo de la reflexión acerca de los medios masivos de comunicación el pensamiento de Marshall McLuhan fue un referente obligado, por su carácter pionero y polémico a la vez. Tal vez de sus consignas la más popular sea la de “aldea global”, que da cuenta de la situación actual, en la cual gracias a los medios masivos de comunicación podemos tomar contacto directo con casi cualquier rincón del planeta.
McLuhan encontró en los progresos tecnológicos una variable determinante en la configuración de las relaciones sociales en cada respectivo tiempo histórico. De las tres etapas que detalla, la tercera significa un retroceso a la primera. Efectivamente: el apogeo de los medios masivos parece revelar una regresión hacia etapas pretéritas, regidas por la oralidad, donde las ventajas de la palabra escrita (en concreto, la posibilidad de reflexión) no se encontraban. La escritura y más aún, la imprenta, fueron por lo tanto, motores del progreso. Pero actualmente parece verificarse una regresión.
Pero el determinismo unidireccional de la tecnología por sobre las formas sociales de McLuhan omite el análisis de origen de la naturaleza de esta tecnología, cuyo desarrollo es inescindible más que responsable tanto de las formas históricas concretas como de las instituciones que surgen respectivamente y que interactúan con el desarrollo tecnológico y demuestran que el pensar (entendamos esta instancia como un correlato de la tecnología) no es en absoluto un ámbito externo a la realidad social, sobre todo si esta realidad construye los caminos del quehacer tecnológico en función del dominio mismo.
En las sociedades cerradas, la palabra, el rito, se constituyen como mágicos. El rito crea seguridad, y en el ámbito de las sociedades cerradas el conflicto es inexistente(Popper, citado por McLuhan), indefinidos como están los individuos de su entorno. La palabra hablada inaugura una instancia de autoconciencia (Olson). Pero esta autoconciencia no implica necesariamente un proceso de liberación. El carácter esotérico de la palabra sobrevivió durante la Edad Media en el aura de misterio y sugestión que los libros detentaban, en espacial la Biblia: su lectura y exégesis se encontraba en manos de muy pocos, los cuales alcanzaban así una posición de privilegio sobre el resto, a menudo aún iletrado. La imprenta significó un revés insoslayable para la Iglesia, al fomentar el movimiento reformista, y dar en cierto sentido, un empujón fundamental a la Modernidad (Ong).
Pero la Modernidad inaugura un tiempo completamente nuevo en la historia. Por primera vez podemos decir que la autoconciencia se valora en su justa medida. Bajo el imperativo de la razón el mundo se libera del cualquier misterio o de magia. El mundo se revela como un ámbito susceptible de ser investigado, y en tanto mejor se lo conozca, mayores serán los progresos para la humanidad. Pero esta teoría sólo pudo consumarse empíricamente mediante su aniquilación. Si la imprenta, que más que ayudar a difundir los ideales de la modernidad jugó un papel generativo en ésta (Ong) emprendió su camino derrumbando los cimientos del antiguo régimen, los medios masivos, que se revelan como sus herederos, no hacen sino configurar en su naturaleza regresiva las tendencias que se habían puesto en marcha con la imprenta y la modernidad mismas. Puestas al servicio de una ideología subversiva en su origen, su apoteosis coincidió con su destrucción. Considerar la naturaleza de las promesas de la modernidad en la actualidad es considerar su realización prostituida concientemente La tecnología se puso al servicio (y no solo en la Modernidad) de una minoría dominante, que casualmente era la que defendía a rajatabla las consignas de igualdad y progreso, bajo las consignas de igualdad y progreso se enmascara
El narcotizamiento de la era de los medios masivos no resulta un retroceso respecto de la etapa anterior, sino su consecuencia.
El desarrollo de las fuerzas productivas provocaron una creciente alienación entre la mayoría de los individuos. Liberados a su suerte en un mundo regido por fuerzas que los superan, su desaliento no hace sino potencializarse. Los medios masivos que crecen exponencialmente durante el siglo XX contribuyen a amplificar continuamente la imagen del mundo, un mundo muy distinto del soñado. La oralidad fue ritual; el rito crea seguridad (Popper, citado por McLuhan): tal es el anhelo del hombre moderno. El individuo que hace un siglo se encontraba alienado por la imposibilidad de crecer plenamente merced al sistema productivo, suma estos padecimientos los de millones de personas en igual condición. Ante tal situación de desasosiego, el deseo de volver a una sociedad cerrada donde, aún a costa del narcotizamiento de los individuos, el conflicto es inexistente refleja el deseo subyacente de escapar de un mundo que a pesar de sus principios, no ha perdido sus vicios. Sólo que la autoconciencia de éstos no hace sino agravarlos.
Bibliografía
Horkheimer, Max y Adorno, Theodor, Dialéctica del iluminismo, Buenos Aires, Sur, 1969
McLuhan, Marshall; La Galaxia Gutemberg, Círculo de Lectores, Barcelona, 1998
Olson, David; El mundo sobre papel. El impacto de la escritura y la lectura en la estructura del conocimiento. Barcelona, Gedisa, 1998
Ong, W.J.; Oralidad y escritura. La tecnología de la palabra, México, FCE, 1987
Integrantes: Anadon, Virginia- De Acosta, Carlos- Emilio, Fernando- Fetonte, Georgina

