En la Argentina la industria del libro persiste a la crisis económica que resta poder adquisitivo a las capas que más libros compran.
Mientras tanto las compañías proveedoras de programas para computadoras hacen eco de sus invenciones, aparatos para la lectura de textos digitales.
Lejos quedaron aquellas sociedades que dependían de la memoria viviente de sus habitantes para pasar, de generación en generación, sus conocimientos generales. Del tiempo y de la energía mental que gastaban en memorizar y recitar. Esa especie de "biblioteca viviente" es de otra era.
Como también forma parte del pasado el libro de bolsillo, cuya invención se remonta a 65 años atrás, cuando el novelista Pearl Buck publicó su novela "La buena tierra inaugurando el formato del libro de bolsillo moderno.
El pasaje de una cultura puramente oral, donde las distinciones de status y perspectiva social eran relativamente pocas, a la cultura de la escritura que fragmenta a la gente al requerir aprendizaje y práctica necesitó de miles de años. No así del paso de ésta a la era de la informática.
Los logros de la tecnología han superado cualquier visión futurista: viajes de textos por la red, "aparatitos" que almacenan volúmenes como una biblioteca de bolsillo que permiten cambiar la circulación de textos y la organización del mundo letrado contribuyendo a generar un nuevo elitismo.
¿Hasta que punto la tecnología desafía no solo la industria editorial sino también los derechos de autor?
Por ahora se leen mas noticias sobre el libro electrónico que libros electrónicos. La venta de dichos aparatos es aún muy baja, los costos son muy elevados y nos se los consigue.
El crítico Jorge London observa que "los textos electrónicos necesitan una estación de lectura y un programa de decodificación; un libro lo tiene todo" y continúa en su postura mitad visionaria mitad irónica convencido de la desaparición de stocks física de libros, reemplazados por la edición a pedido "un mundo donde los árboles crecerán felices al no ser convertidos en papel y los autores morirán desnutridos junto a sus editores, al no poder cobrar derechos de autor debido a la legislación de la piratería digital.
Así como en la Argentina la crisis económica influye en la compra de libros y mucho más en el uso o adquisición de P.C, en el continente Africano apenas el 1,5% se conecta en Internet.
En esta coexistencia de crisis económicas, países subdesarrollados y potencias mundiales donde se asientan las compañías futuristas muchos se preguntaran por el destino de los libros y otros serán partidarios de visiones menos drásticas y harán suyas las palabras del escritor Umberto Eco "los libros siguen siendo los mejores compañeros para un naufragio o para el Día Después" o de Geoffrey Numberg "es injusto esperar que los medios electrónicos sean los agentes de una revolución social o incluso de un cambio completo del orden actual del discurso".
Luis Espeche
Fernando Nuñez
Victoria Pasgal Barra


