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El Libro
Alejandro Piscitelli
ISBN 950-6970-1
Paidós - 2002
 


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La imagen lo es todo
25.02.2004

"No, hablá en forma más directa para que el votante crea en vos. Tu actitud corporal provoca un impacto especial en nuestros consumidores”.- afirma Luis Mañanu, el jefe de la campaña electoral presidencial próxima.
-¿Y con qué cara debo acompañar lo que expreso en mis discursos? - responde el candidato que, en el cierre de la campaña, está más preocupado por ver como se ve en los ojos de los votantes que por mejorar los planes y propuestas deficientes con las que cuenta y que nadie pone en cuestión.
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- Tengo que ir a arreglarme el cabello, nadie quiere un presidente desaliñado - afirma mientras se mira al espejo de modo constante tratando de pensar en que look adoptar para el pseudodebate que tendrá con su rival
-Sos un producto y como tal tenés que saber venderte - continúa el jefe de la campaña mientras chequea los rankings de imagen y popularidad de los candidatos. Para su provecho, su beneficiado está primero y esto se debe a los hábiles manejos efectuados a la hora de promocionar la campaña en todos los medios de comunicación con una frecuencia espeluznante.
- A propósito-, continúa, -mañana antes del debate tenés un encuentro con el famoso cantante Pedro Gardelín, eso va a impulsar tu candidatura más de lo esperado y el triunfo va a ser seguro. Con respecto al debate, no tengas miedo ... no vas a debatir realmente sino que sólo vas a repetir el papel que deje allí que constituye una sinopsis de tus propuestas, y está excelentemente elaborado por nuestro grupo de politólogos y sociólogos-.
El candidato está contento, y mientras el asistente de imagen lo maquilla para que no lo tomen desprevenidos los flashes de los camárografos, comienza a especular con cómo va a enriquecerse con su llegada al gobierno mientras piensa para sí mismo: “Qué tontos aquellos que no se dan cuenta de que no tengo planes eficientes para llevar a cabo, que fácil va a ser manipularlos mientras adoran mi imagen de Narciso”

Este pequeño cuento si bien pertenece a la ficción, no dista mucho de la realidad, pudiendo ser la charla entre un candidato, su asistente de imagen y el jefe de su campaña. Se encuentran numerosos ejemplos en nuestro país en donde la oralidad secundaria generada por los medios eléctricos, como sostiene Walter J. Ong[1], genera la planificación premeditada de los actos y discursos de los candidatos. Por el 450 antes de Cristo la forma de hacer política era diferente.
En Atenas, centro política del mundo griego, la democracia se basaba en las asambleas populares y el los tribunales de justicia. Se consideraba necesario educar al pueblo para poder participar en el proceso de democratización. Para llevar adelante la oratoria de un discurso en la plaza publica era necesario dominar el arte de la retórica. Sócrates dialogaba con la gente para q durante la conversación el sujeto llegue a su propia comprensión porque el verdadero conocimiento tiene q salir de adentro suyo.
La retórica era prescriptiva y normativa. De esta manera se enseñaba a producir un discurso a través del uso del ciertas pautas.
La oralidad del mundo actual es breve (cantidad de minutos viables para los medios), sencilla (los medios detentan la potencialidad, o mejor dicho, potencia, de ser vistos y escuchados por miles de personas). Por su parte, Eliseo Verón explica al respecto que “Desde hace mucho tiempo, los líderes políticos estaban obligados a producir textos sinceros; la radio los llevó a buscar un tono sincero; hoy en día deben construir un cuerpo sincero. Pero la sinceridad de un presidente, no se elabora de la misma manera que la sinceridad de un presentador de noticiario.”[2]
Así, desde que la televisión reemplazó los actos de campaña tradicionales, la imagen lo es todo y nada está librado al azar. Beatriz Sarlo comenta que “Hoy, la política es en la medida en que sea televisión. No puede haber lugar para la nostalgia de pasadas (y probablemente hipotéticas) formas directas de la política. (...)
El deseo de un sociedad donde las relaciones sean perceptibles inmediatamente a todos sus integrantes, donde la comunicación entre ellos sea siempre sencilla y directa, donde no parezcan necesarios los dispositivos artificiosos de la política, es en el límite, un deseo cultural”[3]
De la Rúa, por ejemplo, en su campaña capitalizó la imagen burlona que tenía de un tipo serio para lograr el apoyo de la opinión pública. Además comentan sus asistentes de imagen que el ex presidente se extrajo un lunar de su cara dos años antes de la campaña para dar una buena imagen y no parecer frívolo. Como paradoja, se observa que los candidatos tratan de no parecer corruptos ni superficiales, pero al ocuparse únicamente en su imagen y no dudar de gastar grandes sumas en ello terminan siendo más frívolos de lo que parecen.
kidatostp1.jpgTambién se encuentra el caso de Kirchner, quien según lo revelan documentos de la revista TXT, pagaba a “Crónica” importantes sumas de dinero en retribución a la televisación de sus actos bajo una forma de publicidad encubierta . A esto se suma el caso de la última campaña electoral de jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires donde tanto Macri como Ibarra recurrieron a numerosos famosos para adquirir una imagen creíble, canchera y en busca de votos, generando un fenómeno que la revista Noticias denominó “cholucracia”.
Así, de esta forma, con la llegada de la televisión los debates entre candidatos dejan de ser interesantes para ser un mero enfrentamiento entre dos imágenes prefabricadas donde los votantes, ausentes, se convierten en los consumidores finales para los candidatos ávidos de votos. La política se vuelve un show en donde cada uno sabe el rol que tiene que cumplir y donde nadie se cuestiona las consecuencias de la oralidad secundaria en tanto degeneradora de los discursos políticos, ya que no importa el contenido sino sólo la voz y la imagen de quien lo pronuncia.

Autores: Alonso, Mariela; Espíndola, Ma. Eugenia; Falcone, Gabriel; Herrera, Mariano; Solessio, Agustina; Vetre, Mariana.
Notas:
[1]Ong, Walter, “La escritura reestructura la conciencia”, “Imprenta, espacio y clausura” México, FCE, 1987
[2]Verón, Eliseo: “El discurso político, lenguajes y acontecimientos”, “La palabra adversativa, observaciones sobre la enunciación política”, Ed: Hachette
[3]Sarlo, Beatriz, “Escenas de la vida posmoderna”, Ed. Ariel, Marzo de 1999, Bs. As. Argentina

Publicado por el Febrero 25, 2004 10:34 PM | TrackBack
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