
Las tecnologías no son naturales sino meramente artificiales. Luego del advenimiento y desarrollo de la era moderna ellas se nos han aparecido naturalizadas. Todo cuanto hacemos en nuestras vidas las tiene como protagonistas. No es descabellado pensar a las tecnologías como autómatas en su funcionamiento. En este sentido, parecen ingenuos los planteos de Marshall Mc Luhan acerca de entenderlas como extensiones de nuestra mente.
Las tecnologías no son naturales sino meramente artificiales. Luego del advenimiento y desarrollo de la era moderna ellas se nos han aparecido naturalizadas. Todo cuanto hacemos en nuestras vidas las tiene como protagonistas. Si bien en sus inicios, las herramientas se constituyeron como “extensión” de nuestros brazos (en fin de nuestro cuerpo) resulta imposible sostenerlo hoy en día dado su desarrollo. No es descabellado pensar a las tecnologías como autómatas en su funcionamiento. En este sentido, parecen ingenuos los planteos de Marshall Mc Luhan acerca de entenderlas como extensiones de nuestra mente.
Tratando acerca de estos asuntos, el filósofo argentino Héctor Schmucler plantea que la técnica (entendida esta como la matriz de las tecnologías) ha generado una lectura unívoca de si misma, “la técnica sólo admite su propia mirada para afirmar que es lo que es, no propicia reflexión alguna sobre la técnica sino que produce discursos de la técnica que, al autocomplacerse, diluye su distancia con la naturaleza, se vuelve naturaleza misma” . En otras palabras, si de lo que se trataba antes era de manejar a las tecnologías para vivir en la naturaleza ahora se trata de que la técnica adviene como nuestra naturaleza misma y nosotros somos sus más fervientes habitantes.
El problema de las tecnologías aparece cuando nos vemos sorprendidos por inventos que ante nuestros ojos sugieren nocividad. Un ejemplo de esto son los residuos radioactivos. La nuestra es la primera generación que está legando a sus descendientes problemas futuros que no sabemos si estarán en condiciones de resolver. Nuestros hijos y sobre todo nietos se encontrarán inmersos en todo tipo de problemáticas tecnológicas ignorando su resolución pero peor aún acribillados en su “bienestar”. El desmedido afán de dominio del hombre hace de sus actos un reflejo de su voluntad de control. Todo quiere ser controlado sin percatarse que en realidad es la técnica en su funcionamiento autónomo quien decide los caminos que la humanidad transitará. Repetimos, le estamos legando a nuestros descendientes problemas que atentan contra ellos mismos.
En este sentido, el pensador argentino Tomás Abraham en un texto sobre el filósofo Friedrich Nietzsche escribe. “podemos decir que él (Nietzsche) predijo lo que pasó, al afirmar que la idea de voluntad es poder: es una premonición técnica, de la manipulación de los hombres desde su deseo insaciable de dominar y saber”(ver nota completa aqui: . Considerar ingenuo los movimientos que la tecnología produce, es tratar de manera soberbia y en definitiva torpe sus actos.
Algunos ejemplos de los desarrollos tecnológicos actuales sirven para dar cuenta de la dimensión de lo que aquí se plantea . En este sentido es significativo leer la siguiente crónica:
“El Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT, por sus siglas en ingles) afirma que dentro de tres meses un ejército de Nano Caminantes (microrobots) manipulará partículas subatómicas. Este avance anuncia una nueva era tecnológica, mientras la industria se prepara para dar el “pequeño gran paso” de los genomas a los átomos.
De acuerdo con los investigadores del Laboratorio de Bioinstrumentación del MIT, cientos de robots de tres patas del tamaño de un dedo, equipados con tablero de controles, poderosos microscopios y biosensores, estarán listos para manufacturar materiales a nano-escala a mediados del año 2002. Un ‘nano’ mide un milésimo de un millonésimo de metro. Con sólo 32 milímetros de diámetro, los microrobots están diseñados para ensamblar partículas atómicas y subatómicas. Respondiendo a señales infrarrojas que permiten a cada robot actuar independiente o colectivamente en millares de tareas, las pequeñas máquinas (apodadas “Nano Caminantes”) son capaces de ejecutar 48 millones de instrucciones y hacer 4,000 nano maniobras por segundo. El MIT espera tener al menos 300 microrobots trabajando arduamente en una cámara cerrada de cromo del tamaño de una mesa de juegos para junio de este año. La superficie de cromo provee de una fuente de energía para los robots, los cuales recibirán órdenes de trabajo de una computadora maestra en la parte superior de la cámara” (nota completa aqui)
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Ahora bien, frente a estos profundos cambios y cierta alarma ante las manipulaciones técnicas a las que nos sometemos, a veces obligados, la pregunta que podría surgir es: ¿tenemos que abandonar la tecnología? Hacerlo sería la insensata cobardía de no enfrentar sus males y el torpe desaprovecho de sus beneficios. Quien tal vez haya enunciado mejor la forma de comportarnos ante esta realidad sea Martin Heidegger cuando dijo: “Serenidad ante las cosas y apertura al misterio”. Esto significa saber decir “si” ante la inevitable y vital necesidad de hacer uso de los objetos tecnológicos y a la vez decir “no” ante la posibilidad de doblegar nuestra esencia de hombres. Es, en suma, imposible alejarnos de este mundo tecnificado a vivir otra vida sin él, pero si es posible conservar nuestra integridad esencial. De lo que se trata es de preservar nuestra autonomía y a la vez vivir en el mundo sabiendo que aunque sea técnico no deja de pertenecernos.
Por Los salieris de Heidegger: Miriam Bobadilla, Anabella Naso, Santiago Torry y Marcelo Bettini

