Confieso que nunca me consideré afecto a las tecnologías, aún cuando en mi casa fueron de los primeros en el país en adquirir un microondas (¡¿para qué!?).
Más acostumbrado a dormir y soñar con turbulentos mares y temibles piratas tuertos salidos de alguna historia de Sandokán que mamá me leía por las noches, me vi un día, sin embargo, extrañamente fascinado con el mundo mágico de efectos visuales de la saga Star Wars. Recuerdo que la vi por televisión muchos años después de su estreno, y no podía quitar os ojos de la pantalla. Creo que en ese momento lo atribuía las cualidades de Lucas para contar la historia o al avance inaudito en la técnica, entendida ésta como desarrollos electrónicos aplicados al cine. Pero lo cierto es que, pensándolo hoy, también quedaba pegado a la pantalla con las desventiuras de Charles Ingalls, al igual que mi hermanita con el Señor Televisor (literalmente) de Flavia Palmiero. ¿Era la película un mero producto comercial? No me lo pregunté entonces, aún con todo el merchandising dando vueltas. Ni tampoco cómo era posible (a partir de integrarme a un novedoso y triste Fans Club que se comunicaba poor carta con fanáticos de todo el mundo) que tanto un japonés como yo, fuéramos espectadores (y disfrutáramos) de la misma cosa.
Entonces fue cuando empecé a buscar a Obi Wan Kenobi. Existía cientos dereproducciones en miniatura, made in cualquier parte, de todos los personajes: Qui-Gon Jinn, Han Solo, Princesa Amidala, pero... ¿ninguno de Obi Wan?
Vi la película 119 veces cuando pude tener el video en mi casa, aunque adelantaba con el control remoto las partes que a mi juicio estaban de más, y repetía hasta el cansancio las mejor logradas. Ahora estaba al mando, convirtiéndome en un pseudo director-editor, sobrepasando la autoridad de Georgie.
Seguía, mientras tanto, buscando a OWK, con esperanzas renovadas después de que Ni-Chi Keen (no sé si él o ella, un fan amigo por correspondencia), me contara que lo había visto en una tienda. Aunque la tienfda se encontraba en Iwamizawa.
Mi amigo Andrés viajó a Japón por trabajo, y aproveché para pedirle que me mandara una encomienda. Andrés no lo encontró, pero en casa habían puesto Internet, y para no gastar tanta plata en teléfono ni tanto tiempo, le agradecí su intento por e-mail.
Y un día me di cuenta de que había vida en mi computadora: OWK me habló desde el chat, y discutí con Anakin Skywalker sobre la nueva versión de Episodio 1. Y fui más allá: encargué por Internet a OWK, dando los datos de la tarjeta de crédito (ouch!). En cuestión de días (después de 20 años de búsqueda), un OWK auténtico en su envase original, llegó a mi.
Finalmente OWK está en casa, y mientras escribo esto en un weblog y caliento mi almuerzo en el horno a microondas para no perder tiempo, me pregunto ahora, después de haberme preguntado tantas veces cómo adaptarme a continuas nuevas tecnologías,... ¿cómo vivir sin ellas?.
Conclusiones: como dirían Luca y Calamaro, “el tiempo pasa, nos vamos poniendo tecno”. Y creemos que son esas transformaciones que se operan desde lo más profundo de nosotros, las que nos protegen de una pérdida total de identidad. Podemos ir a la Luna, aunque no vayamos; y Obi Wan Kenobi, espada en mano desde nuestras repisas o desde nuestras mentes, siempre va a estar allí.
Grupo NIRVANA
No puedo más que identificarme con todo!
muy bueno...

