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Alejandro Piscitelli
ISBN 950-6970-1
Paidós - 2002
 


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¿La muerte de la imaginación?
16.02.2004

Lamentablemente, cuando se habla de la “crisis de la lectura” se exagera la expresión, haciéndola abarcar todo tipo de lectura, cuando, en realidad, debería referirse solamente a la lectura recreativa, probablemente, la verdadera afectada. Para dar cuenta de una parte de esto, basta con ver cómo la lectura informativa se ha visto enriquecida en los últimos tiempos con los continuos avances tecnológicos, sobre todo con Internet. Con respecto a la lectura recreativa, el análisis resulta más confuso. Finger.jpg

En la historia de la lectura se percibe una aparente contradicción: o bien se afirma la omnipotencia del texto y su poder de presión sobre el lector (con lo que no puede considerarse la lectura como una práctica autónoma), o bien se da primacía a la libertad del lector, productor imaginativo de sentidos particulares, no presentes en el texto mismo.
Frente a esta tensión, W.J.Ong considera el papel de la escritura: los escritos, a diferencia de lo dicho en las culturas orales, son irrefutables. Generan un discurso del que no se puede dudar, y que no se puede cuestionar directamente, porque están separados de su autor. Y es un poco alrededor de esto que se concentra una de las mayores paradojas de la escritura: su asociación con la muerte. Allí donde Platón encontraba la inhumanidad de la escritura, como análoga a un objeto, Ong señala que esa mortalidad del texto, alejado del mundo vivo, visualmente estable, es justamente lo que asegura su “perdurabilidad y su potencial para ser resucitado dentro de ilimitados contextos vivos por un número infinito de lectores”. (Ong, Oralidad y escritura, 1987, pág.84)
Es inquietante, pero el mismo Ong se encarga de “pisar el freno”, apuntando, a la vez, la incapacidad de la escritura para dar cuenta totalmente del contexto en que algo fue dicho, y su capacidad para transformar la conciencia, objetivizando el pensamiento, accediendo a él de manera lineal.
Va a ser David Olson quien, en la misma línea, se va referir a la fuerza ilocucionaria para explicar cómo la escritura no es la transcripción del habla: no sólo se dice algo, sino que se pretende algo al decirlo. Y es en este punto donde la historia de la escritura puede considerarse como un intento de compensar lo que se pierde en el paso de lo oral a lo escrito. Pero, agrega Olson, la no representatividad de las intenciones del autor por parte de lo escrito, no sólo es pérdida, sino que contribuye a la significación de la escritura.
Ahora bien, también él va a echarse un poquito atrás en la cuestión, para defender una noción de lectura como recuperación de lo dicho y de la intención del autor, pero siempre justificable a partir de las “pruebas gráficas disponibles”. (Olson, El mundo sobre papel, 1998, pág.301)
No vamos a decir que esta definición es muy conservadora. Pero es a la idea de Ong de “muerte y resucitación” a la que queremos volver. Porque lo cierto, pese a todo, es que accedemos a los textos desde múltiples lecturas posibles y sólo podremos elaborar una imagen totalizadora de ellos una vez que hayamos explorado todas sus posibilidades; y así no podemos pretender una conclusión lineal.
En este proceso le toca al lector participar activamente del acto de lectura, ensayando opciones y caminos, y construyendo, a medida que lee, una imagen total. De esta manera el lector “recrea”, pues es muy posible que cada lector elija un camino distinto. Por ello es que la intención del autor, creemos, no encierra la significación de la obra. El autor no es dueño del sentido, y sus intenciones no se imponen necesariamente al lector.
De todo esto se trata la lectura “recreativa”, o creativa, o imaginativa; esa que hoy, por desgracia, está degradada. De la invitación de las obras literarias a interpretarlas libremente. Pero cuidado, a tomarlo con calma: la narrativa puede educarnos en la libertad y en la capacidad de creación, pero eso no es todo. Un libro nos ofrece un texto abierto a múltiples interpretaciones, pero nos dice algo que no puede ser modificado. Como diría Umberto Eco, “contra nuestro deseo de cambiar el destino, se nos hace tocar con la mano la imposibilidad de cambiarlo; nos enseña a morir” . (Eco, Diario La Nación, 17-9-2000) Una muerte de la que vale la pena resucitar.

Conclusión del grupo: no se nos presentaron grandes diferencias de interpretación entre nosotros. Desde el punto de vista de cada uno llegamos a conciliar todas nuestras opiniones en este texto.


Grupo Nirvana

Publicado por el Febrero 16, 2004 04:19 PM | TrackBack
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