
Para desarrollar este planteo, nos referiremos al texto de Walter Ong, quien considera que el habla es considerada una capacidad innata del hombre, ya que cualquiera en plenas condiciones psicofísicas es capaz de hablar. Mientras tanto, la escritura ( principalmente la alfabética) es artificial, puesto que “al concebir un sistema codificado de signos visibles por medio del cual un escritor podía determinar las palabras exactas que el lector generaría a partir del texto”, nos pone de manifiesto la existencia de un logro intelectual en el aprendizaje de esos signos culturales.
Además, la escritura como tecnología implica el traslado del habla a un nuevo campo, el de la visión. Inevitablemente, ese traspaso transforma la manera de percibir el mundo. Según David Olson, el advenimiento de la escritura permitió establecer un paradigma o “corpus de creencias” de vida para los hombres, es decir, algo compartido por toda la sociedad. O sea, una comunidad , que comparte un conjunto de discursos textuales funcionales para su desarrollo social.
Un ser humano para poder entender lo que alguien le dice, antes, solo necesitaba de su aparato auditivo. Ahora bien, en la modernidad, para comprender un escrito dentro de la “comunidad textual” se necesita de una tercera actividad: la lectura. Para poder leer necesitamos interpretar literalmente el texto, para ello utilizamos, según Olson, “pruebas léxicas, sintácticas y conceptuales”, y de esta manera podemos entender la forma en que un autor pretende que se tome su enunciado. Esto es a lo que se llama fuerza ilocucioanaria. Dicha fuerza, al ser reconstruida en la lectura, puede también manipularse en la escritura por estas mismas formas de expresión. Es así como la evolución de la escritura ha llegado a nuestros días a incorporar en nosotros un modelo capaz de expresar la intencionalidad con la que pretendemos manifestar nuestro lenguaje.
Si bien Olson toma la escritura como un modelo para el habla y Ong lo hace como una tecnología, de ambos autores podemos inferir la coincidencia en el hecho de que la escritura es una transformación para el pensamiento humano. En términos de Olson, la escritura nos permite alcanzar un “pensamiento letrado”.
El “pensamiento letrado” no se restringe solo a la escritura y la lectura, porque aquellos conceptos complejos que logramos añadir a nuestra mente, se basan en el discurso oral. Este discurso cuenta con formas simples como por ejemplo: pensar, saber, significar, etc, que son integradas a nuevos conceptos que usamos al leer y escribir: términos como por ejemplo, interpretar, hipotetizar, inferir o deducir. En consecuencia, así los incorporamos a nuestra habla cotidiana: al pensar que significa algo o que puede o debe ser, etc.
A modo de cierre, nos encontramos en condiciones de afirmar que la escritura ha implicado una modificación en nuestra forma de pensar, hablar y manejarnos en la sociedad. Ha logrado desarrollar un pensamiento crítico, no solo sobre las cosas que vemos, sino también, sobre las interpretaciones o explicaciones que tenemos de estas. En conclusión, la escritura genera hermenéuticas constantes, porque nos permite reflexionar sobre lo ya escrito y lo ya pensado, de acuerdo a la concepción cultural de cada sociedad.
Como opinión personal del grupo, la oralidad y la escritura de nuestros tiempos, son capacidades humanas complementarias, por lo tanto, ambas se modifican mutuamente. Así mismo, no compartimos la postura de Ong, en referencia a pensar en la oralidad como una etapa inferior a la escritura.
Mentes Abiertas
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Publicado por el Febrero 16, 2004 11:03 AM | TrackBackMe interesó la reflexión sobre la escritura y su vinculación con el pensamiento humano.
Publicado por: Melina a Febrero 16, 2004 11:44 AM
