David Olson, en el capítulo “La constitución de la mente letrada”, intenta detectar los efectos que la escritura ha generado sosteniendo que constituye un modelo para una nueva visión del lenguaje, nuestra mente y el mundo. Para ello, determina algunos principios; entre los más importantes, se establece que la escritura genera la conciencia de aspectos de la lengua oral y proporciona un modelo para el conocimiento lingüístico; asevera que no pueden hacerse conscientes todos los aspectos de lo dicho por medio de la escritura, no transcribiendo cómo fue dicho y perdiendo la fuerza ilocucionaria. Asimismo, explica la importancia de la búsqueda de lo paralingüístico en la escritura; de modo que los conceptos para detectar la fuerza ilocucionaria proporcionan otros necesarios en la representación mental. Por último, afirma que una vez que se lee de una forma nueva, la naturaleza es leída igual.
En el capítulo “La escritura reestructura la conciencia” de Walter Ong, afirma que la escritura reconfigura el pensamiento y el habla. Este último es natural, innato en los seres humanos y con reglas gramaticales inconscientes mientras que la escritura es un código de signos visibles construido por el hombre. Otra característica de la palabra escrita es que está libre de contextos, debido a su separación con el autor y por la ausencia de otros componentes como entonaciones y gestos, que hacen imposible la refutación directa y la reconstrucción total del sentido del autor. Así parecen originarse las distintas interpretaciones de los textos y confirmar el efecto de la escritura sobre el pensamiento.
Teniendo en cuenta ambos autores, es posible rescatar la importancia de la transcripción escrita del discurso oral, ya que ésta es la clave para la interpretación de los textos. En consecuencia, Olson realiza una distinción entre acto ilocucionario (decir algo) y fuerza ilocucionaria (pretender algo al decirlo). No obstante, la escritura representa lo dicho, pero no cómo se dijo, ya que en el habla la fuerza ilocucionaria puede expresarse por el tono de la voz, la entonación, la gestualidad y el contexto, pero dicha fuerza presenta dificultades para representarse en la escritura y para recuperarse en la lectura. Por ello, la escritura usa diversos recursos, como la puntuación y otros, para recuperar la pérdida. Según Ong, “Para darse a entender claramente sin ademanes, sin expresión facial, sin entonación, sin un oyente real, uno tiene que prever juiciosamente todos los posibles significados que un enunciado puede tener para cualquier lector posible en cualquier situación concebible, y se debe hacer que el lenguaje funcione con claridad por sí mismo sin contexto existencial alguno”.
Es este intento de recuperar lo perdido del habla por parte de la escritura el origen del posicionamiento de las computadoras como una de las máximas tecnologías en la actualidad. En palabras de Ong: “...[De la escritura, la imprenta y la computadora] La escritura es la más radical. Inició lo que la imprenta y las computadoras sólo continúan...” Sin embargo, la computadora va más allá utilizando la escritura y avanzando junto con ésta hacia un encuentro más cercano con la fuerza ilocucionaria perdida. Esto es logrado por medio de la instantaneidad, principalmente de los chats y los correos electrónicos, que aún sin obtener una interpretación completa de la fuerza, permite la recuperación de ésta en un gran porcentaje. Dentro de la instantaneidad otorgada por esta tecnología, también se aprovecha el uso de diversas herramientas como las cámaras digitales, emoticons y otros.
Las tres coincidimos en que, los avances en la búsqueda de la fuerza ilocucionaria que permite la computadora, la convierten en la tecnología que más acerca mediante la escritura y que evoluciona constantemente.
Grupo Entre Tres

