Guillermo Raul Leguizamon
Cerró su puño en un acto instintivo, pudo sentir la humedad en la palma de sus manos. Un sudor frio, producto de su miedo, había logrado corporizarse.
Cerró su puño en un acto instintivo, pudo sentir la humedad en la palma de sus manos. Un sudor frio, producto de su miedo, había logrado corpórizarse.
Sintió que su corazón latía convulsionado y podía escucharlo con un ritmo acelerado que oía retumbar como un tambor gigante cuyo sonido se tornaba cada vez más insoportable. Percibió que estaba acorralado, buscó en el cerrar de sus ojos un alivio para que ese momento pasara, pero no lo consiguió, volvió a abrirlos y vió la sombra que se acercaba inexorablemente hacia el lugar donde se había escondido. Las lágrimas le impedían mantener su vista sobre la imagen que se acercaba a pasos acompasados hacia su cuerpo. En vano trato de repetirse que lo que estaba viviendo no era real, que ese momento solo era una escena más de sus tan recurrentes pesadillas. Que esa imagen sólo reflejaba sus miedos más profundos y que sólo era una corporización de todos sus temores, esos que había intentado comprender y alejar a través de largas y prolongadas sesiones con su analista.
Una fuerte presión sobre sus hombros interrumpió sus pensamientos, su cuerpo fue elevado en el aire como si su peso fuera tan nimeo como insignificante. Sus pies se movían freneticamente, en una obstinado como inútil intento de poder liberarse de esa inconmensurable aprehensión de titánico vigor que lo mantenía elevado en el aire.
Sintió su garganta apretada, la respiración se le tornó un intento imposible de poder ser cumplido. Una inexorable sensación de ahogo obstruía su vano intento de querer inspirar aire para poder llenar sus pulmones. Trató de gritar pero no pudo, pensó que debía despertarse de esa pesadilla que se le había tornado imposible de poder soportar. Pensó y repitió que esa situación era irreal y que sería interrumpida por su intención de querer dejar de experimentarla. -¡Basta, basta, basta esto no existe!- pensó repetidamente porque querer emitir una palabra se había tornado un acto imposible. Sus cuerdas vocales no podían emitir un solo sonido debido a esa presión constante y dolorosa que apretaba su cuello hasta lograr impedirle seguir respirando. Un alivio adormecedor empezó a apoderarse de su cuerpo.El sonido comenzó a atenuarse, los latidos de su corazón se hicieron cada vez más débiles. Poco a poco el sonido exterior parecía alejarse hasta convertirse en un sonido tenue, leve, inexistente, la negritud comenzó a inundarle las retinas Todo se tornó negro, negro, cada vez más negro. Un último aliento, profundo, interminable llenó su cavidad toráxica, su respiración se vió interrumpida.
Los sollozos de la mujer se hicieron histéricos, desesperados. ¡¡Se murió, se murió!! gritó desesperada.
Un hombre de complexión física enorme se acercó a la cápsula donde yacía el cuerpo de su esposo. Le expresó: - Lo siento señora, no se preocupe sólo es un pequeño inconveniente, esta situación está comtemplada en el contrato de prestación del servicio que brinda el sistema inteligente de vivencias corpóreas. En unos instantes el equipo de resucitación se hará cargo de este lamentable incidente. No se preocupe, su esposo será revivido, pero la empresa no se responsabiliza de las secuelas que pueda acarrear este acontecimiento. Le recomiendo que no rechace los inhibidores de ataques cardíacos que su marido no aceptó. Su cápsula está lista y su historia está editada, si es tan amable recuestese y disfrute la vivencia que usted había contratado-.
La mujer enjuagó sus lágrimas y se recostó en la cabina vidriada que estaba frente a la de su esposo. Una mujer terminaba de salir de la cabina con una alegria inconmensurable que se le podia notar por la expresión que estaba aún latente en su rostro. Una ciborg de dudosa belleza andrógina y resplandeciente traje color blanco, con voz metálica le indicó: ¡¡Relájese señora Clifford, su historia vivencial va a comenzar, relájese y disfrute!! Cerró sus ojos y cuando volvió a abrirlos vió el agua color turquesa, sintió sus pies mojados y se inclinó, introdujó su mano y retuvo en su puño la fina arena que comenzó a escurrirse entre sus dedos, esta constatación, le produjo placer y tranquilidad. Comenzó a notar que sus sentidos empezaban a extasiarse por estar en ese lugar paradisiáco, que tanto había deseado.

