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Alejandro Piscitelli
ISBN: 8497840607
Gedisa - 2005
 
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EL PLAGIO DEL CUERPO AUTORA: GABRIELA LAURA MARTÍNEZ
15.09.2005

INTRODUCCIÓN
En esta última década, el desarrollo de la red mundial, más conocida como Internet, nos ha llevado a una paradoja: el ser humano pretende estar en todos lados y la única manera de lograrlo es recurriendo a la tecnología como representante de su cuerpo. Esto es, utilizando ciertos artefactos en lugar de su propio organismo. No se hace presente físicamente sino que asiste mediante tecnologías. Pero en realidad ¿está o no está?

CHAT: EL ARTE DE CONVERSAR SIN HABLAR
Vinculado con el tema se encuentra el fenómeno del chat (charla/conversación en inglés) Curiosamente, la palabra conversación deriva del latín conversari: estar con frecuencia. Más aún, una de las acepciones de este vocablo está definida en el diccionario de la siguiente forma: vivir, habitar, en compañía de otros; generalmente, tratar y tener amistad unas personas con otras.
Las ventajas de esta herramienta son indiscutibles ya que favorece el intercambio cultural, y es muy útil a la hora de brindarnos un acercamiento maravilloso con aquellas personas que se encuentran en zonas lejanas geográficamente y con las cuales quizás se nos dificulta el contacto personal. Pero ¿qué necesidad hay de escribirle un mensaje a alguien que tenemos a escasos metros de distancia? ¿Acaso no sería más coherente ejercitar nuestra lengua? ¿O será eso ya un trabajo innecesario? ¿Por qué hay tantos individuos que prefieren delegar esta tarea básica de cualquier ser humano a una máquina? Sin procurar hacer de este hecho una tragedia, el fenómeno existe y los análisis nunca están de más si aportan nuevos elementos.
Es muy interesante ver como cada vez más los sentimientos de las personas intentan ser representados en los chats. Desde la aparición de los íconos gestuales, que nos ahorran el esfuerzo de expresar: enojo, tristeza, felicidad, duda, vergüenza, somnolencia, y así podemos contar aproximadamente 20 estados emocionales. Hasta podemos dar un beso con sólo cliquear el dibujo de unos labios. Pero ¿qué pasa con el que recibe (si es que lo recibe) dicho beso? ¿Tiene el mismo valor un beso virtual que un beso con nuestra propia boca? ¿Tenemos que estar mirando la pantalla para recibir besos virtuales?
Es evidente que en los últimos años el contacto mediatizado se ha incrementado enormemente. Visto desde el lado de la practicidad, esto es algo totalmente positivo: ya no es necesario visitar a nuestros seres queridos para mostrarles las fotos de alguna fiesta, ni salir de nuestras casas para adquirir algún producto (tenemos Mercado Libre, Disco Virtual, etc.) ¿Para qué molestarnos en comprar y llevarles tarjetas a nuestros amigos si podemos enviarles una postal a su dirección electrónica? El resultado es una comodidad absoluta pero ¿para qué? ¿En qué estamos tan ocupados que no queremos asumir estas gratas tareas? ¿En qué invertimos todo el tiempo “ganado”?

EL NEGOCIO DEL MOMENTO: PONERSE UN CYBER
Una respuesta se encuentra en los cybers. Gran parte de la juventud ha encontrado donde invertir (o perder ¿quién sabe?) su tiempo: en los juegos en red. Las salas de videojuegos han casi desaparecido. Ahora los chicos -y los no tan chicos- se reclutan frente a computadoras, conectadas a micrófonos y auriculares. Así, la vista, el oído y la palabra oral pasan a un segundo plano y quedan sometidas a la suerte de estos dispositivos. Analicemos un caso. Grand Theft Auto (GTA) es un juego que se ha popularizado mucho últimamente. Se trata de cumplir diferentes misiones que nos son impuestas por el conmutador. Lo increíble es que además debemos realizar tareas que son más bien propias del ser humano que de un personaje de un juego: como es ir a la peluquería y elegir nuestro look, comprarse la ropa que más nos guste y hasta estamos obligados (sigo hablando del juego por si quedaban dudas) a someternos a una dieta e ir al gimnasio si nuestro peso y fuerza no son las apropiadas y las requeridas para cumplir las misiones que se nos piden. Prácticamente, se trata de llevar una vida paralela a la nuestra; eso sí, con un pequeño detalle: sin poner el cuerpo. Algo así como una vida incorpórea. Ahora ¿qué pasa cuando se emplea más tiempo en una vida virtual que en una real? Más allá del problema de identidad (que lo dejo para los psicólogos) esto probablemente genere en el corto plazo sedentarismo, obesidad, dificultades en la visión, etc....
Otro ejemplo es el de los softwares que reproducen diversos instrumentos musicales de una manera perfecta, con gran precisión y exactitud. O sea, que más que aprender a tocar el instrumento en cuestión, se hace necesario saber manejar este software ahora encargado de producir la música. Es que el espacio virtual está empecinado en ganar terreno en tareas vinculadas a nuestro cuerpo. Tal vez en un futuro las relaciones humanas sean todas absolutamente mediatizadas: jefes, novias, amigos, todos virtuales. Si esto sucediera nuestro destino sería parecido al de un cactus: aislado, desierto, apartado. No sabemos si nuestro destino está escrito pero por las dudas sería mejor intentar cambiarlo.

CONCLUSIÓN
Nos han cegado pensando en poder hacernos ver todo, nos han hecho insensibles pensando en hacernos sentir todo
Dubois, “Máquinas de imágenes: una cuestión de línea general”.

Si bien hay una inclinación a elegir ciertas tecnologías como representantes de nuestro cuerpo, es decir, para estar allí en lugar de nosotros mismos, pareciera que esto no es del todo posible. Nuestro cuerpo no es un objeto fácil de representar. No es un mero hilo conductor de ideas y sensaciones. Es mucho más que eso. Cito a Maldonado: “el cuerpo es nuestra irrenunciable realidad cotidiana, que es sensorialidad, sensibilidad y sensualidad”.
Para finalizar, resulta de gran alivio tener en cuenta la concepción que Pierce tiene sobre el carácter del representámen: (...) está en lugar de algo, su objeto (...) puede solamente representar al objeto y aludir a él. No puede dar conocimiento o reconocimiento de este objeto (...) representa algo para alguien en algún aspecto o carácter. (Peirce, Charles Sanders, “División de signos”)

Publicado por el Septiembre 15, 2005 11:49 PM | TrackBack
Comentarios

es cierto que el internet esta desplazando a la vida real, pero ¡es aqui donde vi sus comentarios!!!!!
por cierto que aqui he hallado lo que no hallo en otro lado, no dejo de lado mi vida social, pero el chat, dificilmente lo cambio por algo, cito una frase, "el amor no es verse de frente, sino ver al mismo lado", apoyo el internet, tambien apoyo la socializacion. ambos para mi son importantes

Publicado por: sergio a Abril 19, 2006 03:58 PM

Se ve que no entendiste el articulo, justamente se esta criticando ciertos usos específicos!!

Publicado por: ROMINA a Septiembre 14, 2006 10:39 PM
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