Los autores debaten, desde una punto de vista similar, sobre una cuestión que en los últimos tiempos se ha instalado fuertemente en las sociedades con una fuerte “vida tecnológica cotidiana”. ¿cuál es el límite que divide lo real de los virtual? Sin duda, este límite borroso, desdibujado, ha causado fuertes cambios en la forma que tienen las personas de relacionarse. Debray cita los resultados de un trabajo de investigación hecho en Stanford “una nueva ola de aislamiento social en Estados Unidos, reafirmando el espectro de un mundo atomizado, sin calor humano ni emocionalidad”. Conociendo la velocidad del avance que tiene Internet, sumado a las perspectivas que los amantes de la realidad virtual hacen a futuro, es hora de preguntarse hasta donde podemos llegar y que consecuencias puede acarrear este fenómeno invasivo en nuestras vidas. Dice Debray “La cuestión concreta está en evaluar qué ganaríamos y qué perderíamos, si acaso algo se pierde, al dejar la vida enraizada en el cuerpo por la ubicuidad de la telepresencia en el ciberespacio”.
Cotidianamente, interactuamos por medio de computadoras con otras personas, y esto se nos vuelve tan natural que no llegamos a darnos cuenta. Sin tomar conciencia de ello, nos encontramos mediatizados por equipos de comunicación de larga distancia. Maldonado habla de una hibridación y naturalización, y trae como ejemplo ilustrativo las personas que usan lentes. En muchísima gente (me incluyo), usar lentes es casi natural. Esto, siguiendo a Maldonado, sucede también con muchas tecnologías. Esta idea de hibridación entre lo que es natural y artificial
Sin dudas, lo real esta siendo simulado cada vez con mas “perfección”. Pero hay muchísimos aspectos (fundamentales a la hora de relacionarnos con otros) que jamás podrán ser igualados por las máquinas. Las miradas, las caricias, el ánimo que se puede percibir en un ambiente, etc. La importancia de conocer por la experiencia del cuerpo, es algo distintivo de ser humano. Por eso se diferencia. Y los eruditos de la virtualidad se empeñan en desarrollar “un mundo virtual/real”, sin percatarse de la cantidad de aspectos que sus programas ultradesarrollados nunca podrán igualar. Siguiendo a Debray, con estos adelantos se pierde esa “experiencia óptima del mundo”, que solo nos da la experiencia corporal de estar inmersos en un contexto. Contexto que es inaprensible para la vida ciberespacial.
En lo que respecta a mi relación con la virtualidad, soy de los que todavía optan (siempre que el bolsillo lo permita) pagar una entrada para ver una obra de teatro en vez de quedarme viendo una película en mi casa.

