Virtualidad y desplazamiento del cuerpo en la experiencia
La distancia de lo real y la presencia a distancia, son temas instalados en el debate a partir de lo generado por el progreso tecnológico y las consecuentes prácticas emergentes, de las que surgieron el mundo nodal de la red informática y cuestiones referentes a la ubicuidad de la telepresencia en el ciberespacio. Se trata, además de nuevas formas de comunicación, de nuevos modos de aprehensión de lo real, de mediación de la experiencia, lo que significa un desplazamiento del modo ser-estar como forma de contacto directo con la realidad, hacia formas virtualmente estructuradas de percepción.
Distancia, es la palabra que aparece en cuestión cuando se habla de lo real. ¨Hay algo acerca de la distancia que socava nuestro sentido de la percepción¨, dice Dreyfus, cuando analiza nuestro modo de interacción con los objetos y los demás seres humanos, es decir, con el mundo que nos rodea. En contra de los ¨despreciadores del cuerpo¨, como los llamaba Nietzsche a los teoricistas que relegaban el cuerpo a la hora de la experiencia, Maldonado y Dreyfus analizan, desde puntos diferentes, la importancia del cuerpo en la estructura de la percepción y sus configuraciones técnico y socioculturales. Ambos se manifiestan contrarios al abandono de la corporalidad en la experiencia que nos plantea el universo virtual. No se trata de una condena a las nuevas posibilidades de interacción sino de una distinción entre percepción estructurada virtualmente y percepción realmente estructurada, en palabras de Maldonado. Se sostiene, que ni la más óptima interacción virtual alcanza la plenitud del gesto más simple que obtiene el cuerpo presente. Merleau Ponty define como ¨una experiencia óptima del mundo¨ a la naturalidad con que el cuerpo obtiene la totalidad y las distintas partes de un algo observado, sin que nos percatemos de ello. Rescata la captación del contexto en la observación, donde están inmersos la sensorialidad, la sensibilidad, la sensualidad y la suma de todo lo que alcanzamos en presencia de cada experiencia. Maldonado hará así, la distinción entre natural y artificial entendiendo como natural aquella realidad autónoma situada mas acá y mas allá de la intervención con arte, es decir, fuera de todo artificio humano. La riqueza de la experiencia en presencia es canalizada en Dreyfus en la interacción permanente entre detalles y aspectos generales en situación de aprendizaje, lo que Merleau Ponty llamaba ¨el arco intencional¨, esa suerte de retroalimentación constante entre las acciones que llevamos a cabo y el mundo que vamos percibiendo. De modo que, una experiencia de aprendizaje o captación de lo real a través de una modalidad virtual ¨debería reproducir la sensación de estar en situación, de modo tal que lo aprendido, pueda ser puesto en práctica sobre situaciones del mundo real¨, palabras de Dreyfus. Por eso, para él, la educación a distancia es, en sí, un oxímoron.
Está siempre en discusión la distinción entre la esfera del mundo natural y la esfera del mundo virtual. Lo cierto es que, sin el cuerpo provisto por la naturaleza y, más allá de todo artificio humano, no tenemos forma de existir en este mundo y nuestro sentido de la realidad se configura en la interacción de nuestros cuerpos con el mundo que nos rodea. Es en la experiencia de cuerpo presente donde aprendemos a conocer el sentido de las cosas, fuerzas y debilidades. El contacto con el mundo físico y sensorial es la instancia primera y última de nuestra existencia. En esa interacción con los otros, delineamos el mundo interpersonal y de un modo tan completo y tan natural que no nos damos cuenta. La simulación de lo real, cada vez más pretenciosa e inmersa en nuestra cotidianeidad, es la que obliga permanentemente al replanteo de si, realmente somos o somos solamente una representación. En esta disyuntiva, todavía quedan lugares inexpugnables. ¨Ni la interacción más perfecta puede remplazar la plenitud de una caricia¨, dice Dreyfus.
Publicado por el Junio 6, 2005 02:11 PM | TrackBack
