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Gedisa - 2005
 
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Ficha Huberman Por Juan Marelli
30.05.2005

La rubia tarada

Huberman es el tipo perfecto para pasar una noche en New York City. Lamentablemente parece que es el único lugar que frecuenta. Para él la economía del mundo se mantiene en crecimiento gracias a la increíble explosión de la economía de servicios por sobre la tradicional economía industrial (nota 1) (paradójico si tenemos en cuenta que en los países Latinoamericanos la economía de servicios llevó a la destrucción no solo de la economía industrial sino de la economía en general. Pero no hay que olvidarse que Huberman esta demasiado lejos. Vive en un país que puede darse el lujo de tener grandes ganancias en el área de servicios gracias a las grandes ganancias que genera la explotación de la industria “tradicional” en los países del tercer mundo).
La WWW, nueva expresión del Keynesianismo (nota 2), es un lugar donde proveedores y consumidores se encuentran fácilmente para intercambiar productos, con la virtud de que solo en unos pocos sites se concentra la mayoría de los usuarios, cosa que Huberman definiría con la palabra “sorpresa”, al igual que lo haría una rubia con peinado de doscientos dólares apoyada en la barra de New York City (nota 3).

Vasta, me voy, rumbo a la puerta.

Lo invito a Huberman a que pase, aunque sea una vez, la puerta al tercer mundo. Lo invito a que camine por las calles del Once (nota 4) y vea como su bendito e-commerce todavía sigue del otro lado. Lo invito a que se “sorprenda” con nuestras precarias formas de comercio, con nuestro negrerismo institucionalizado, con nuestro museo de la economía que lamentablemente ha generado otro museo, ese que ofrece un gran atractivo para los turistas extranjeros, el del hombre que sufre la miseria, lejos del e-commerce, de la WWW, de los alimentos y del mundo.
Todavía no entiendo este apego que tienen la cátedra por autores tan disímiles con nuestra realidad. Es muy difícil tratar de interpretar y aprender lo virtual y desviar la mirada de lo cotidiano. Es muy difícil que aprendamos a ser comunicadores cuando nos enseñan comunicar a una minoría a la que no pertenecemos. Es muy difícil que la rubia tarada entienda algún día por qué se peló Luca (nota 5) .
Es mas creo que ustedes (señores de esta cátedra) están muy lejos de entender la realidad de su virtualidad. Y esto lo demuestra el hecho de que ustedes nunca van a leer esta ficha, así como no leyeron las que publique anteriormente, en las que sutilmente traté de criticar a los autores que proponen con la esperanza de obtener una respuesta. Creo que esta multitud inteligente se ha vuelto idiota.
Por lo pronto yo me voy rumbo a la puerta, y después a un boliche a la esquina, que no tenga computadoras, a tomar una ginebra con gente despierta. ¿Esto sí que es Argentina?
Ah, me olvidaba de vos Huberman. Una última pregunta, ¿por el pelo de hoy, cuánto gastaste?


1 Hay que considerar que Huberman plantea esto en el año 2000, que casualmente coincide con la explosión de nuestra economía, pero parece que a él solo le interesan las explosiones en el mercado sobre todo las que generan ganancias.
2 Es notorio que Huberman hable de economía y no mencione las marcadas características keynesianas de este tipo de mercado.
3 La rubia de Luca tiene 20 años y tal vez ya no se asombre, sin embargo, su snobismo parece que se mantiene intacto en nuestra sociedad.
4 Lo invito al barrio de Once como lo podría invitar a cualquier centro urbano de Latino América donde la explosión de la que el habla tuvo otras consecuencias.
5 Un cuento de Arturo Jauretche describe una rubia similar. En este caso Botana, un amigo suyo, la lleva a la costanera a mirar el amanecer pero la mujer se indignó por el olor a podrido y no pudo contemplar el horizonte. Ante esto y pensando que tenía el sentido del olfato muy fino la llevo al vivero de una amigo para que aprecie el aroma de las flores, pero esta vez se indignó por las formas grotescas que tenían las macetas, que eran botellas recicladas. Jauretche reflexionando decía que la mujer tenía los sentidos invertidos: cuando tenía que ver olfateaba y cuando tenía que olfatear miraba al igual que las minorías que gobiernan nuestro país, que cuando tienen que ver las organizaciones populares olfatean a los cabecitas negras. Creo que Huberman sufre de la misma patología.

Publicado por el Mayo 30, 2005 08:42 PM | TrackBack
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