El artículo de Barabasi nos detalla un problema que todas las personas, de alguna manera, hemos comprobado en carne propia. Por ejemplo, quién no ha ido al banco alguna vez (o escucho algo similar) y le han dicho “Disculpe, se cayó el sistema”. En alguna oportunidad, me ha tocado presenciar las quejas de personas mayores (que con toda seguridad no tienen ningún contacto profundo con la tecnología de hoy), que resignadas de tanto esperar que se restableciera el sistema, se retiraban murmurando frases como “antes era mas simple esto”, “con esto de la tecnología, complican todo”. En situaciones como estas y tantas otras, se pone en evidencia la vulnerabilidad de los sistemas y uno se plantea sobre las benevolencias (que tanto disfrutamos a diario) de la interconectividad.
Sin dudas, las redes interconectadas, entre otras cosas, han acelerado tiempos y costos, y el desarrollo ha sido tan apresurado en los últimos años, que no ser parte de la red (ser un nudo) es estar fuera del mundo globalizado. Es una condición para la existencia del mundo de hoy. Pero en momentos donde se caen ciertos enlaces, y los fallos en cadena se vuelven irreversibles, es natural que una gran número de personas (millones), por ser parte de ese mundo globalizado, se vean afectadas. La red nos ofrece ventajas enormes en nuestra vida, pero hay que ser concientes y conocer la vulnerabilidad de eso que tanto disfrutamos.
Barabasi plantea el hecho de mejorar todos los nodos y enlaces de la red, pero mi pregunta es .....¿cómo?. Coincido en que cortar todas las conexiones no sería la solución. Al ser una red de escala global, descentralizado y autoorganizado es difícil lograr un sistema a prueba de fallos.

