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De Rosnay por Juan Marelli
25.04.2005

Entrar al mundo de De Rosnay es un tanto apabullante. Sobre todo cuando la puerta a ese mundo es pensar a las sociedades, la naturaleza y la tecnología en coevolucionan formando un ser único, una nueva especie, que no solo a nacido sino que se esta reproduciendo a un ritmo nunca visto en el desarrollo de cualquier otra especie.

Entrar al mundo de De Rosnay es un tanto apabullante. Sobre todo cuando la puerta a ese mundo es pensar a las sociedades, la naturaleza y la tecnología en coevolucionan formando un ser único, una nueva especie, que no solo a nacido sino que se esta reproduciendo a un ritmo nunca visto en el desarrollo de cualquier otra especie.
El punto mas conflictivo es que tradicionalmente se tendió a pensar el desarrollo de las sociedades como separado del desarrollo tecnológico o ver a este último como consecuencia del desarrollo de las sociedades. Que la cultura se manifiesta de formas diversas en las distintas sociedades y que la tecnología se utiliza de forma diferencial en cada una de estas, según la importancia de los objetos y las manufacturas.
El cibionte desplaza esta concepción de forma novedosa. Desplaza los debates filosóficos, sociológicos y políticos sobre la existencia del hombre y el desarrollo de las sociedades. El cibionte encuentra en las nuevas interfases, gracias a su matriz esencialmente formada por los modos de producción capitalista, la forma de expandirse y englobar todo lo que el hombre crea y al hombre mismo. Y es acá donde la cosa se vuelve apabullante sobremanera. Los hombres somos productores y efectos de nuestra propia evolución, pero de una evolución que al parecer no tiene otro objetivo que optimizar las interfases entre el hombre y la electrónica, naturalizar lo artificial y transformar lo natural en artificial. Somos creadores y afectados por una dialéctica que encuentra síntesis cada vez menos precisas.
Sin embargo el cibionte, y su coevolución, no parece aparejar las catástrofes que los fóbicos de las nuevas tecnologías denuncian.
La concepción simbiótica del mundo es interesante, sobre todo como punto de partida para estimar la tríada hombre-naturaleza-tecnología de una forma productiva (aprendiendo sus formas de reproducción y de autorregulación).
Por lo pronto, tiendo a desconfiar un poco de las intenciones de De Rosnay, no porque sus consideraciones no estén suficientemente fundamentadas, sino porque por un lado todavía me resulta difícil imaginarme como parte del cibionte (y tal vez esto se deba a que muchos seres humanos somos parte de los organismo desechados por el cibionte producto de la selección natural) y por otro porque me resulta mas difícil aún que el cibionte no tenga un órgano de gobierno centralizado que determine lo que hacen o no el resto de sus partes.
A pesar de mi desconfianza creo que quedan algunas preguntas en el tintero, ¿el cibionte puede actuar por instinto?; ¿puede ser que se trate de varios cibiontes peleando por sobrevivir? y por último ¿si en algún momento las formas de energía conocidas se agotaran, podría sobrevivir el cibionte o solo puede darse como consecuencia de la coevolución?
Si a esto le faltaba suspenso tal vez estas preguntas aporten un poco.

Publicado por el Abril 25, 2005 07:15 PM | TrackBack
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