Si le pidiésemos a un grupo de personas que nos describan el futuro (o la vida en él) tal como se lo imaginan, probablemente la gran mayoría termine cayendo en un lugar común: el avance tecnológico. Con las diferencias lógicas de inventiva (algunos verán "embotellamientos espaciales" por exceso de autos voladores; otros se soñarán pidiéndole a su casa la temperatura que desearán al despertarse; otros, discutiendo verbalmente con su computadora; algunas imaginarán autos que se estacionen solos, etc.) verán, para bien o mal, el progreso de la ciencia materializado de diversas formas.
Uno puede especular, luego de leer a De Rosnay, que aquellas fantasías no son tan delirantes, ni mucho menos imposibles de cumplir. Las numerosas investigaciones, el surgimiento de nuevas disciplinas que se complementan con otras ya existentes en función de objetivos ambiciosos y las innovaciones que convierten sueños en realidades, están allí para probarlo. Cabe cuestionarse acerca de los modos en que podría influir -e influye- la presurosa evolución de la tecnosfera al interior de las sociedades humanas. Podríamos pensar -siguiendo al autor- que la especie humana, que coevoluciona con sus entornos naturales y artificiales, dejará la pista libre para el advenimiento del hombre del futuro: el hombre simbiótico.
La convergencia evolutiva que daría nacimiento a este "modelo nuevo" de hombre es la que otorgaría vida a una macrocélula planetaria: el cibionte. Ambos seres -no tan futuristas- estarán conectados biológica, psicológica o bióticamente gracias al surgimiento de interfaces directas entre el cerebro del hombre y las máquinas para procesar información. La vida del cibionte sería una propiedad emergente, resultado de interacciones con múltiples elementos y de su grado de complejidad. Una forma de vida diferente, creada en principio con la ayuda del hombre, pero que se desarrolla con una dinámica propia. Así, el hombre simbiótico gozará, debido a su relación con el cibionte, de medios extraordinarios de conocimiento y acción.
Se han dado grandes pasos en el camino de la evolución hacia estas nueva formas. Está claro que los productos de la técnica serán cada vez más "inteligentes" y dotados. El aspecto que sigue siendo confuso es el de las modificaciones biológicas, psicológicas y sociales que afectarán a las personas de carne y hueso. Habrá que esperar para saberlo. El tiempo y la ciencia tienen la última palabra.
Mariano Garuti
Publicado por el Abril 25, 2005 04:07 PM | TrackBack
