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El Libro
Alejandro Piscitelli
ISBN: 8497840607
Gedisa - 2005
 
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11.04.2005

En Enero de 2004 tuve la oportunidad de viajar a la Provincia de Mendoza acompañada de mi mamá. El viaje había sido motivado por unos parientes que viven en la provincia, y que hacía años no veíamos, pero que sin embargo, manteníamos firmes “lazos afectivos” a través de cartas, llamadas por teléfono, incluso encomiendas con regalos típicos de la provincia donde residimos. Es conveniente que aclare que este viaje se hizo desde la Provincia de Misiones, hasta Mendoza, por lo tanto hablamos de más de 2000 km.
Cuando llegamos el encuentro con esta gente que no habíamos visto más que en fotografías durante tanto tiempo fue muy raro, pero desde el primer momento aquellos lazos que fuimos reavivando durante tanto tiempo se hizo manifiesto y pudimos disfrutar como si hubiéramos estado viviendo tan solo a unas pocas cuadras.
El segundo día de llegada, fuimos a un lugar llamado “La Consulta”, un pequeño departamento de unos 6.000 habitantes aproximadamente, para conocer las cosechas que tenían y algunas bodegas de la zona. Lo primero que hice al llegar, como habían pasado desde el comienzo del viaje hasta que llegamos unos cuatro días en total, fue querer revisar mi correo electrónico y conectarme al MSN para ver en que andaba mi gente, y que novedades tenía, o si había alguna.
Nunca en la vida me había pasado, salvo en un viaje a Brasil que estuve recorriendo horas para conseguir cabinas de teléfono, que no encuentre una sola computadora conectada a Internet para poder revisar mi correo...”Me vuelvo a Mendoza – Capital-“ pensaba desesperada, al imaginarme todos los días que me quedaban encerrada “en un frasco” aislada... claro que la única persona con la que podía compartir esa angustia era mi mamá que, a pesar de que también usa el correo electrónico y el MSN, me tildaba de exagerada y caprichosa. Pasaron unos días y yo no desistía de mi búsqueda, hasta que, seguramente tratando de que encuentre “alivio” mis tíos sugirieron que pruebe con la computadora que estaba en su farmacia (los dos son farmacéuticos y la farmacia de ellos es la más antigua de La Consulta). La solución había estado al alcance de mi mano y no me había dado cuenta, y cómo hacerlo, si nadie lo había sugerido, resulta que mis tíos habían instalado Internet hacía un tiempo, para mantener “actualizada” la farmacia pero nadie le daba uso así que ni siquiera se acordaban que estaba.
Por fin pude contactarme con mi gente (recuerdo que mi nick era “Viven”).
Una vez más tranquila les sugerí a mis tíos, en parte como agradecimiento por lo buen anfitriones que habían sido durante nuestra estadía, que les abriría un correo y les enseñaría a usarlo.

El aprendizaje
La tarea de enseñar a mis tíos no fue fácil para mi, ni para ellos, el sólo hecho de que me llevó toda una mañana explicar a mi tía que el mouse se mueve en la pantalla según las direcciones que hagas con la mano... sobre la mesa!! Ilustra un poco aquella tarea.
Pero también yo iba aprendiendo con ellos y comprendía que aquello que para mi parecía una “discapacidad”, en verdad tenía que ver con personas que nacieron y crecieron en sociedades diferentes, constituidas por tecnologías diferentes. En mi aprendizaje la idea de que puedo dirigir una flecha en un espacio diferente, virtual, está naturalizada, internalizado desde pequeña.
Por otra parte, abrí los ojos sobre el lugar que ocupaban mis tíos dentro de esta sociedad, sobre cómo en un momento de la historia, no hace tanto, en sociedades más primitivas los más viejos eran los llamados “sabios” y el sentido venía dado de “saber”, de saber porque tenían más experiencia que el resto de la tribu, y hoy, además de otros factores de coyuntura social, mis tíos y toda su generación, son “analfabetos en informática”. Esta carátula sola es suficiente para ser parte del sector “excluidos” en las nuevas y complejizadas sociedades. Un sector que además de instruirse, de estudiar, de trabajar, debe saber usar una computadora o de lo contrario estará fuera del sistema social que le toca.

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¿El peligro de estar adentro?

Sunstein Carl, en el texto “Fragmentación y cibercascadas” realiza una enumeración, si se quiere de los beneficios, versus las desventajas (en las que se detiene mucho más) del acceso que permite la tecnología de Internet a grupos de debate u opinión. Señala que la complejización de la sociedad amplió el abanico de posibilidades a la hora de elegir y que este fenómeno hace que individuos y distintos grupos se inclinen cada vez por preferencias más distintas. Así por ejemplo, si a un individuo le apasiona la música de jazz, podrá servirse de la “bandeja” de posibilidades no sólo de todos los músicos y bandas que considere, sino que también, si su debilidad está en la trompeta, de toda la información jamas imaginada de Miles Davis, por ejemplo, o conocer a otras personas con los mismos intereses y debatir horas sobre los acontecimientos más extravagantes de su vida.
Ahora bien, he aquí el problema: la sobrecarga de información según este autor, puede ser sumamente perjudicial para la sociedad, si tenemos en cuenta por ejemplo que en la Red puede estar la receta para el armado de una bomba, al alcance de un grupo extremista, xenófobo o cualquier grupo que fomente en sus charlas el odio hacia otras personas. Desde mi punto de vista, las palabras de Sunstein son un tanto extremas, no voy a negar que hay puntos de verdad, pero tampoco quiero caer en la pantalla de “Crónica TV”. Así como las sociedades han avanzado tecnológicamente con las más impensada, soñada ingeniería, así también, si bien es cierto que a un paso más lento, va avanzando la sociedad y los individuos que la componen van aprehendiendo y seleccionando, de lo contrario supongo que ya estaríamos todos acabados u observando en el horizonte el amanecer del “Apocalipsis”.
Creo también que el uso de los diferentes dispositivos tecnológicos, ya sea una computadora, un celular, una agenda electrónica implica siempre un aspecto negativo, como todas las cosas en la vida, pero que no deberíamos llamar “negativo” si no más bien “diferente”.
En el caso de la fragmentación de grupos en Internet, además de posibilitar el encuentro entre personas geográficamente lejanas, o de carácter muy introvertido, de difícil socialización, significa una vuelta al “grupo” tal vez no al grupo primario que constituye la familia tradicional, pero a un nuevo grupo, que surge de la actual sociedad, posibilita el reencuentro entre “individuos” que posiblemente dejen, aunque sea por un rato sus intereses individuales para adecuarse a los intereses del grupo.

La conciencia de tomar el riesgo

La única posibilidad que tenemos, para sortear los obstáculos que aparecen con cada innovación tecnológica, es que cada uno, en tanto ciudadanos informados a través de los diferentes accesos que tenemos a informes sociológicos, antropológicos, comunicacionales, y demás, incluso y sobre todo diría yo, como estudiantes de Comunicación, asumamos la responsabilidad para preparar las políticas comunicacionales mejores que sirvan para recibir y aprovechar estas tecnologías dentro de la sociedad para su beneficio y nunca para su destrucción. Y por otra parte, impulsar la elaboración de políticas institucionales para incluir a los posibles “excluidos” del sistema, por no poder tener acceso a los medios comunicación –hablo incluso de medios como la radio o la televisión -.
Una sociedad que está informada, con fuertes cadenas de comunicación es una sociedad democrática en el sentido más acabado de la palabra, pero actualmente en América Latina este tema es un deber que todavía no asumieron nuestros gobiernos y que se refleja directamente en el interior de las sociedades, en las cuales hay una dicotomía tal que un sector accede sin inconvenientes a las últimas tecnologías, mientras que el otro ni siquiera tiene una casa donde habitar y ni menciono sobre el acceso a la educación.
Ninguna máquina puede manejar al hombre, su Creador, por más que haya cierta mitología al respecto.
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El hombre debe confiar en su capacidad de pensamiento y reflexión, para resolver sus problemas sociales, más que en el de las “Inteligencias Artificiales”. Y es en la capacidad única que tiene para crear arte donde desaparecen todas las dudas...

LANG, MARIA CELESTE

Publicado por el Abril 11, 2005 01:07 AM | TrackBack
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