Por un retorno del diálogo explícito entre autor y lector.
Siguiendo con mi costumbre de admirar minimalismos, me detuve en el análisis que hace Christian Vandendorpe -en el libro Del papiro al hipertexto- de la relación dialógica entre el autor y los lectores.
Dejando de lado la noción de que todo texto es un diálogo, realmente disfruto de la postura jocosa que toman los autores con los receptores cuando crean una relación que va más allá de la historia. Este procedimiento, de nombrar a los autores y de anticipar o escatimar explícitamente información, fue uno de los recursos más usados por Alejandro Dumas en sus novelas. Se podrá argumentar que casi todas las lecturas pasatistas lo utilizan también, pero lo cierto es que aportan un elemento fundamental. Ya no son solamente autores de libros sino que son narradores de historias. ¿Acaso un chiste no se disfruta más cuando se narra en primera persona? Bueno, con los libros sucede algo parecido. Hacer explícita esta relación permite romper con la frialdad de las palabras escritas, tan en boga en la literatura moderna que se encarga de borrar las huellas de la enunciación.
Hablarle al lector es un acto de sinceridad. Así que ustedes no se sorprendan al leer esto porque esto fue escrito para ser leído. Como ese texto de Leo Masliah que empezaba “no lean esto porque va a empeorar” y que trataba de que no lo leyeran. Yo lo leí para ver si mejoraba pero la verdad es que Masliah tenía razón: no había que leerlo porque lo único que intentaba era no ser leído. Pero ustedes llegaron hasta acá. Flor de sorpresa, eh.
Lucas Jacques
Publicado por el Diciembre 2, 2004 04:21 AM | TrackBack
