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Alejandro Piscitelli
ISBN: 8497840607
Gedisa - 2005
 
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ALEGRÍAS Y TRISTEZAS DE LA INMERSIÓN
01.12.2004

En su texto, Janet Murray menciona tres placeres asociados a los medios de comunicación: inmersión, actuación y transformación. Al primero de ellos lo describe como la sensación de estar inserto, sumergido en una realidad distinta, ficticia, que requiere de toda nuestra atención e involucra a todos nuestros sentidos. El encantamiento que posibilita el medio está acompañado de una suspensión de la capacidad crítica y una creación de verosimilitud por parte del receptor para poder reforzar la ilusión en vez de cuestionarla. El medio, por su parte, debe regular las emociones para mantener este elemento placentero y no expulsar a la realidad por medio de estímulos excesivos que rompan la inmersión. Murray enuncia un caso donde la inmersión del relato se rompió debido a la referencia directa por parte de los actores de teatro a su público.

Si bien no conocía que esta sensación tenía una denominación y que ésta era la “inmersión”, he experimentado tanto la impresión de estar inscripta en una realidad distinta a mi realidad, como encontrarme expulsada a ésta última a pesar de mi voluntad.

En el primer caso, recuerdo, por ejemplo, haber estado navegando junto Ulises con el objetivo de volver a Ítaca en pleno ferrocarril Sarmiento a las siente de la mañana. Yo no sentía los empujones, apretujones, el aire caliente y las quejas de la gente que suele haber todos los días (y aquellos en los que duró mi aventura griega no tuvieron porque ser diferentes), sino que experimentaba el ruido de las olas contra la costa, el viento, las palabras de los dioses, el lamento de Penélope y Telémaco y la lujuria de los pretendientes. Una vez que finalicé aquella lectura (con lo que eso acarrea que comentaré más adelante) me di cuenta que mis viajes habían sido mucho más felices que los del resto de la gente, a pesar de que mi libro se encontraba a sólo diez centímetros de mis ojos por las razones “reales” que describí.

Contrariamente, también me ha sucedido sentirme expulsada de vuelta al interior de alguna sala de cine y en una especie de encierro tener necesidad de saber qué ha ocurrido con el mundo exterior: si se habrá desatado un tormenta terrible o se habrá declarado paro de transporte o si algún atentado terrorista nos resultó ajeno justamente por estar atrapados en esa sala diseñada para mantenernos a gusto, inmóviles, frente a aquella otra realidad de la que no entiendo cómo salí.

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Por otro lado está el tema de la conclusión o el final de las historias que devuelven a la realidad rompiendo violentamente con el proceso de inmersión. Este es otro fenómeno que pude comprobar, por ejemplo, al no sentirme con ganas de leer un libro inmediatamente después de haber terminado otro. Las veces que lo he intentado, la sensación era de no pertenecer, de no encontrar mi lugar y de añorar a los antiguos personajes como si fueran amigos a los que conocía muchísimo y con los cuales había compartido numerosas experiencias. La primera vez que recuerdo que me sucedió eso fue con “Ami, el niño de las estrellas”, libro con el que había estado meses ya que era muy largo para la edad que tenía cuando lo leí.

Otro ejemplo de conclusión nos ocurrió a muchos con la saga de “El señor de los anillos”, donde por necesidad de continuar inmerso la gente se volcó a comprar los libros de las partes siguientes en lugar de esperar al estreno de la película. Pero luego de toda esa ansiedad llegó la tercera y última parte, la vimos y después, el vacío y la angustia.

Nayla Azzinnari

Publicado por el Diciembre 1, 2004 01:08 AM | TrackBack
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