Publicado por Ileana Alonso.
En su libro La piel de la cultura, Derrick De Kerckhove trata sobre el tema de las psicotecnologías, refiriéndose con éste término a “cualquier tecnología que imita, extiende o amplía los poderes de nuestras mentes”. El campo de las mismas es aquel donde los “medias se combinan para crear entornos que, en conjunto, establecen estados intermedios de procesamiento de información”.
Lo primero que se analiza es la televisión, considerándola como una mente pública, como nuestra imaginación colectiva. Respecto a la misma afirma que nosotros no somos la que la miramos a ella sino que ella nos mira a nosotros, queriendo mostrar con esto que ante ella estamos como hipnotizados. Más aún, este autor afirma, que la televisión se comunica con nuestros cuerpos, anulando así todas nuestras facultades críticas.
Luego de analizar a la televisión, De Kerckhove anuncia que con la llegada del ordenador las personas recuperamos la autonomía, ya que ahora no somos sujetos que se sientan delante de una pantalla para recibir todo lo que ésta tiene para darnos sin posibilidad de respuesta. Todo lo contrario, ahora podemos responderle a la pantalla a gracias al ordenador, es decir que nos convertimos en productores y, no sólo, en receptores de la información. Esto se debe a que la relación que ahora existe entre el medio y nosotros es la interacción.
Después de haber leído el texto, debo confesar que me pareció un poco exagerado. Con esto quiero decir que, después de haber cursado tres años la carrera de Ciencias de la Comunicación, y haber hecho materias como Comunicación I y II, siempre trato de entender lo que dicen los autores leídos, a través de mi propia experiencia con los medios, trato de igualarme al receptor o televidente u oyente o usuario que describen en sus textos y no me encuentro identificada. Puede ser que sí, que ante la televisión uno sea sólo un “cuerpo” que se sienta a ver (no a observar) y a escuchar (no a oír) lo que tiene para mostrarle y decirle. Pero no me siento como una “idiota” frente al televisor, vivo mi experiencia frente a la televisión como una manera de relajarme de mis obligaciones, sólo la miro cuando llego a mi casa después de trabajar y de ir a la facultad, como para terminar un día agobiante. La tomo, a la televisión, como una manera de relajación, de dejarme llevar por las banalidades del mundo que nos ofrecen los medias.
Es verdad, ahora sí coincido plenamente, de que no contesto frente a la televisión, sólo oigo lo que tiene para decirme, sólo veo lo que tiene para mostrarme. Ahora estando frente a una computadora, u ordenador, me siento como productora, ella es la que escribe ¿o soy yo?. En ella veo reflejado lo que yo pienso y lo que elaboro para esta ficha, por eso es que yo soy ahora la productora. Le pido que haga algo, ella me muestra un cartel para asegurarme de que es eso lo que estoy pidiendo y yo le contesto que sí, eso es lo que se considera una interacción.
Aunque intento, no puedo dejar de sentir a ésta relación, entre la máquina y yo, como algo totalmente frío, como algo unívoco, soy yo solamente la que da las órdenes y ella, es la que obedece.

