El texto de Burbules y Callister implica una reflexión a fin de poner en marcha paralelamente a los de desarrollos de los medios electrónicos y de las narrativas hipertextuales, un verdadero cambio en cuanto a las competencias de quién se posiciona frente a ellos.
Actualmente no es novedad encontrarnos en la situación de tener que investigar algo y recurrir, como primera fuente de búsqueda, a Internet. Para ver “que aparece” ver “de qué se trata el tema”. Una vez recopilada toda esa vorágine de información desorganizada, el proceso siguiente, prácticamente mecánico, es intentar un orden y luego copiar y pegar los párrafos intentando un hilo conductor coherente. Luego, recién, se comienza a buscar otra información, para de esta manera completar lo obtenido.
En todo este proceso, si uno, como lector, tiene un conocimiento limitado del asunto en cuestión, puede caer en la ubicación ideológica que ya previamente se formó mediante este “copiado y pegado”.
Lo que plantean los autores, es la necesidad, no de negar el uso de estos medios, que admiten como positivos, sino de caminar en sentido inverso. Postulan la necesidad de ciertos conocimientos previos antes de recurrir a la Web, así como también una postura crítica ante todo ese mar de información ante el cuál uno accede mediante los links que se presentan en cada página.
Lo que más que nada recalcan es la necesidad de tener cierto escepticismo y do mantener la consideración de que eso que parece todo, no lo es y que hay mucho que no aparece, se oculta o se presenta bajo fachadas diferentes.
Sin duda un punto fundamental, es el que se ha venido invocando ya desde otros medios, como son los escritos y los audiovisuales, acerca de la necesidad de la formación de lectores, no sólo activos, sino que por sobre todo, críticos. Esto es algo de lo cuál la educación no se puede desligar. Lo que se lee entre líneas de este texto es la necesidad de una capitalización de los nuevos accesos a información; o sea no se trata de considerarlos ni maravillosos, ni maléficos, sino de reconocer su existencia, y por sobre todo su influencia. Es así que es fundamental una educación que contemple la educación en este tipo de medios, que por otro lado, como es el caso del hipertexto, guarda tanta relación con lo que son las propias capacidades cognitivas del ser humano. La organización hipertextual, no es aleatoria, ni está alejada de los modos de pensar del hombre. Por el contrario, el ser humano conoce, memoriza y aprende mediante asociaciones... esto precisamente propician los hipertextos. Lo que acá aparece como fundamental, es que a través de esas asociaciones hipertextuales se establezcan órdenes y se obtengan aprendizajes, de lo contrario, sólo se provoca caos. Esa capacidad para estableces un orden podrá llevarse a cabo a través (siempre se cae en el mismo punto...) de una verdadera educación. Ese es el desafío...
Adriana Veronesi

