Por Sabrina Diaz Rato
Antes que entrar a delimitar los contornos teóricos, resulta más que interesante las reflexiones que estos autores hacen de, no del hipertexto en sí mismo, sino de su influencia en la información que sistematiza.
El hipertexto además, concreta la idea de una lectura interactiva. Posibilita asimilar y seleccionar activamente información nueva a partir de estructuras cognitivas de cada persona.
Una de las principales consecuencias que se desprenden de esta condición de generar múltiples enlaces, es la de fragmentar y descontextualizar cada nodo de información subyacente de la estructura hipertextual. Así, los autores advierten que no es muy conveniente la anarquía de un sistema rizomático como del hipertexto.
De acuerdo a diferentes formas de abordar los sistemas hipertextuales, hay tres clases de lectores; los navegadores, los usuarios y los hiperlectores.
Los primeros son los más superficiales en donde lo importante es navegar. Los segundos saben más sobre lo que buscan en la web, mientras que los terceros son más exigentes e intervienen activamente en función de sus propias lecturas.
Tal clasificación me hace recordar los pasos por lo que uno atraviesa cuando se inicia el mundo de la cibernética. Recuerdo que cuando por primera vez me enfrenté a la web, dediqué horas y horas a navegar sin saber lo que buscaba. Luego de superada la etapa de fascinación, con el tiempo fui otorgando utilidad a mi estadía frente a la computadora fundamentalmente para recolectar información para el estudio. Considero que en la actualidad estoy en la fase de aprendizaje de hiperlector al que refiere el texto, sea desde este propio weblog como la experimentación de intervenir en foros y páginas que permiten publicar trabajos y opiniones propias.
Es central que la educación juegue un rol de suma relevancia a la hora de fomentar el criterio de ser criticos frente a los contenidos de la web y convertirnos en hiperlectores de una narrativa universal que mas y mas penetra en nuestras vidas cotidianas.

