Cuando se trata de probar los límites del mundo liminar, lo primero que se me vino a la mente fue el programa de Caloi en su tinta, conducido por Carlos Loiseau y dirigido por María Verónica Ramírez, dedicado a la permanente difusión del cine de animación de autor de todo el mundo y de las artes plásticas en general.
El hecho de recordarlo me llevó a ver uno de sus videos que tenía archivado y comprobé el efecto lúdico que logra en la conexión entre el espacio ficticio y aquel que no lo es. Por ejemplo, uno de los autores jugaba con una pareja de dibujos animados que empezaban a besarse y finalmente se terminaban comiendo y los trazos de lápiz se iban desdibujando acorde a la música.
Actualmente, surgió como fenómeno innovador en el ámbito publicitario, por ejemplo: la publicidad televisiva de Red Bull que utiliza la omnipotencia de la ficción para hacer volar a uno de los personajes y así describir una de las cualidades del producto tan buscada por el target al que apunta.
Caloi también expandió el arte hacia la publicidad con Clemente, lo cual podríamos llevarlo a un plano de discusión sobre el arte para vender, pero lo que interesa en este punto es cómo el dibujo animado es capaz de celebrar la persistencia de la ilusión, como afirma Janet H. Murray.
Nathalia Heim

