El texto de Núria Vouillamoz “Literatura e hipermedia” pone en debate el desarrollo de la tecnología hipermedia y los cambios que ha generado progresivamente. También, las nuevas formas de conocimiento y el nuevo papel que debe jugar la literatura en este nuevo contexto.Adrián Fontana
La posición que toma Vouillamoz es una con la que más coincidencias tuve de los autores vistos en la materia, porque enfoca su análisis de un modo optimista ante el nuevo panorama de desarrollo de la era electrónica. La importancia que ha tenido la tecnología en los últimos años, hizo necesaria la inserción en los planes educativos de la enseñanza de computación para que brinde la posibilidad a muchos chicos, que no tienen acceso a una computadora propia en sus hogares, de poder hacerlo en la escuela para así aprender contenidos de otras materias y, a su vez, el manejo de este nuevo medio.
Mi caso en particular, tres son las experiencias más significativas con la informática, la primera fue cuando tuve contacto con una computadora en la escuela primaria en 1994 a la edad de 11 años. La segunda, fue con la tecnología multimedia y el uso de la enciclopedia Encarta y la tercera, es cuando navegué por Internet por primera vez. Pero este último caso creo que fue el más importante, porque lo poco que sabía era a través de manuales y cuando realmente tuve la oportunidad de llevarlo a cabo, supe que era algo diferente y una “ventana” a lo desconocido.
Disiento con al autora cuando define la capacidad de Internet para “hacer desaparecer las diversidades culturales” porque yo creo que por el contrario lo que hace es atenuarlas o encubrirlas, quizás diga esto porque puede ser un espacio donde puede mayor acercamiento pero no al nivel de que las diluya.
Con respecto a la digitalización de libros, es decir, “libros electrónicos”, hace poco tuve la experiencia de leer el “Martín Fierro” mediante este método para una materia de la facultad y tengo que admitir que fue agotador y la diferencia que sentí de no poder controlar el libro y sus hojas con mis propias manos. Pero quizás haya tenido esta sensación porque la lectura no fue por cuestiones de placer.
Mucho se habla de intertextualidad y en mi caso, tuve conciencia de esta forma de pensar y leer en la materia de Semiología. Cuando leíamos cuentos, la profesora nos decía cosas como “el número tres es la Santísima Trinidad, la perfección” o “el número ocho...ahh eso es el infinito”. Esto causó mucho impacto en mí porque me obligó a abordar los textos de una forma diferente y a volver sobre aquellos que ya había leído. Si bien en los libros de la clásica y famosa “Elige tu propia aventura” encontramos el llamado lector activo, en otro tipo de cuentos hay signos que actúan como “guiños” para el lector activo que, además, debe poseer un amplio caudal cultural.

