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El tiempo de la utopía que fue
24.10.2004

Esta historia va a proponer una mirada optimista a partir de algunas hipótesis que habrá que confirmar, contrastar e indagar con mayor profundidad. Por el momento se trata de un punto de partida para retomar posteriormente con más elementos.

El tiempo de la utopía que fue
Por Juan Fondeville


Algo de historia

Estamos en 1945, ha terminado la 2da. Guerra Mundial. En Yalta los triunfadores han firmado la paz y se han repartido lo que queda (en pie) del mundo. Comienza otra contienda de alta temperatura política, recelosa y furtiva, entre las dos potencias hegemónicas. Llamada paradójicamente la guerra fría sus dos protagonistas, EEUU y la URSS, se dicen recíprocamente amenazados. Ambos poseen arsenales nucleares por lo que comenzará una escalada tecnológica-militar para ganar terreno en cuestiones defensivas. No vaya a ser que a alguno se le ocurra repetir la demo que diezmó las ciudades de Hiroshima y Nagasaki y hacer desaparecer el planeta.

En 1957 la URSS irrita al Pentágono que se siente postergado, con el lanzamiento del primer satélite artificial Sputnik, una esfera metálica de sólo 60 cm. de diámetro. Para colmo unos meses después insisten con la Versión II con la perrita Laika de tripulante inmolada en un viaje de ida.
Al año siguiente el Departamento de Defensa funda DARPA (Defense Advanced Research Proyects Agency) o Agencia de Proyectos de Defensa e Investigación Avanzada, conjugando financiamiento militar y materia gris del mundo académico.
Allí se diseña el programa DARPANET, una red interconectada flexible y descentralizada que, entre otras cosas, preservara la información ante un posible ataque nuclear. En 1969 logran interconectar cuatro computadoras, pero todavía no hablamos de ciberespacio sino de cablecitos.

Los veteranos

En 1945 Vannebar Bush tiene 55 años, es director de un organismo estatal de investigación científica y propone un sistema de enlaces que emula el funcionamiento de la mente humana: de a saltos, por asociación, más aleatorio que secuencial. El Memex será el anticipo teórico y un prototipo conceptual del hipertexto en su artículo As we may think. (Como podemos pensar)
Habrá que mencionar también al psicólogo del MIT, Joseph Licklider. Con 47 años es el director del nuevo programa ARPANET en 1962 y estimulará las investigaciones en el campo de las comunicaciones entre seres humanos y computadoras.
En 1968, Douglas Engelbart, 43 años, concretará esta preocupación teórica diseñando la interfaz gráfica y el mouse, como extensiones imprescindibles de nuestra piel para dialogar con la máquina.
La secuencia cierra en los años 80, en Ginebra, Suiza con Tim Berners Lee, 25 años, ingeniero del CERN, cuyos protocolos serán claves para la interconexión externa, el envío de archivos empaquetados y la construcción de la red de redes o World Wide Web.

Los jóvenes

En 1960, Ted Nelson de 23 años imagina para su tesis de grado el proyecto Xanadú, esto es conectar hipertextualmente toda la información del planeta, la presente y la por venir. Todas sus bibliotecas y todos sus libros estarán virtualmente en manos de un nuevo lector-actor.
Mientras tanto en los campus universitarios californianos y al mando del profesor Leonard Kleirock una camada de jóvenes que no superan los 30 años profundizará el viraje hacia la utopía.
Vinton Cerf perfecciona los protocolos TCP/IP junto a John Foster y Ray Tomlinson el correo electrónico y la arroba (@) esa grafía de sentido universal ineludible en la comunicación electrónica.
Y por fin hay que nombrar a los más radicalizados. En 1984 Richard Stallman cuestionará la propiedad privada para asombro de los conspicuos cerebros del MIT con su propuesta de un software abierto. Sustituir el derecho de copyright por el libertario copyleft de acceso libre se convertía por lo menos en intolerable.
En Finlandia, una estudiante de la Universidad de Helsinski, Linus Torvalds de 21 años propone una genialidad de pésimo gusto para las corporaciones de la industria informática: El LINUX, un software abierto e interactivo de acceso gratuito. Es como un Windows puesto en la red, compartido y perfeccionado por los mismos usuarios que se conecten a él. Es decir con actualizaciones continuas que no hay que bajar al disco duro. La idea es simple: Para tener agua potable en nuestras casas no necesitamos el complejo sistema de filtros y almacenamiento de Aguas Argentinas, ni su atenta facturación mensual, sino una simple conexión entre la red y la canilla de la cocina.

Los '60

Internet y su infinito relato hipertextual nació en medio de una curiosa encrucijada entre la gran ciencia, el proyecto bélico y la cultura libertaria, como reflexiona Manuel Castells en La Galaxia Internet, (1) y de algún modo es atravesada por el germen contracultural de los años sesenta.
Al respecto se podrían arriesgar algunas hipótesis provisorias:
Cuando el Estado de Bienestar aseguraba pleno empleo y facilita el acceso a los estudios superiores, un espíritu epocal impregnará críticamente la trama cultural.
Consecuentemente, la emergencia protagónica de estos jóvenes cuestionará el orden social con una envolvente transformadora que afecta todos los campos.

En 1968 el grito de Prohibido prohibir en las barricadas de mayo en París, recorre Europa como el antiguo fantasma y desembarcará en latinoamérica con epicentro político en las universidades derramándose hacia otros sectores. En México, en Uruguay y en nuestro país conmocionando el bullicioso Barrio Clínicas en los episodios del Cordobazo. También la Revolución Cubana y los movimientos insurgentes del subcontinente tienen esta impronta.
En el norte de la abundancia, los jóvenes norteamericanos repudian la guerra de Vietnam y queman públicamente sus cédulas de llamada cuando el US Army pretende alistarlos.
En los hogares burgueses de la costa oeste, cuyos ancestros fundaron las idílicas granjas de familias Ingalls, (que de paso se cargaron a cuanto indio entorpeciera su cruzada pionera hacia el oeste), surge el movimiento pacifista que disemina la cultura hippie por todos los rincones de la tierra.

Así, las ideas de una transformación (más cultural que estructural tal vez) se inscriben también en las propuestas de estos graduados de alta calificación, confinados en lugares de excelencia académica y alejados de una militancia política activa. Sin embargo hay coincidencias conceptuales en sus ideas de: comunidad, solidaridad, libertad, colaboración, gratuidad, accesibilidad, entre otros. Este ideario de refundación de un sistema que no ha resuelto su iniquidad se desplegará en todos sus ámbitos y se constituirá en su sello emblemático de una época.


Cuestiones

La pregunta a formularse es en qué medida esta gigantesca mente, en términos dekerckhovianos, influyó en los claustros californianos, en los apacibles investigadores suizos o en aquéllos en la lejana Finlandia. Qué relación hay en esta concepción de comunidad libertaria, de confianza en la autorregulación de un sistema, de propugnar su gratuidad, de hacer disponible todo el saber.
La utopía de Xanadú enlazando todo el conocimiento como una infinita Biblioteca de Babel que demuela sus interminables galerías hexagonales mediante el hipertexto.
Una conjunción entre arte y tecnología que desobedece proyectos militares y empresarios y se anarquiza creativamente en un dispositivo de consecuencias impredecibles.

Por un lado la recuperación de una novedosa oralidad hipermedial (en sus textos, en sus imágenes, en sus sonidos) instantánea, tridimensional, disponible en la red como afirma Núria Vouillamoz.
Un libro único e hipertextual a la manera de un viaje que puede bifurcase infinitamente como en el texto borgeano: ”…en rigor, bastaría un solo volumen, de formato común, impreso en cuerpo nueve o en cuerpo diez que constara de un número infinito de hojas infinitamente delgadas.” (2)
Y la figura del autor que se retira cautamente dejando su consagrada autoridad en manos de un lector que interviene activamente.
Parecemos estar al aire libre donde se derriban los límites claustrofóbicos del papel y la participación y la co-creatividad se comparten como se proponían desde esas ideas originarias.

Se dirá que la mirada es demasiado auspiciosa. Es cierto, las utopías se han diluido y quedamos a la intemperie tanto en el mundo real que nos toca vivir como en el de la red convertido también en inmenso basural.
La sensación es que (¿momentáneamente?) van ganando los otros, los que parecen tener la franquicia exclusiva como gendarmes y depredadores del mundo. Pero no es responsabilidad de la red, sino nuestra. El mundo era así de conflictivo (para usar una palabra dialécticamente suave) antes de que estuviésemos on line las 24 horas.

Referencias.
1. Castells, Manuel, La Galaxia Internet. Referencias sobre Inernet, empresa y sociedad, Arté (Apunte de la cátedra)
2. Borges, Jorge Luis, La biblioteca de Babel, en Ficciones, Buenos Aires, Emecé, 1989.

Publicado por el Octubre 24, 2004 11:24 AM | TrackBack
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