Quizás eso que tanto buscamos, que tanto soñamos esta en el ciberespacio, que nos permite hacer cosas que en la vida real no podemos hacer, como ser un héroe y rescatar a la princesa, etc. El ciberespacio nos teletransporta a otro mundo irreal en el cual queremos estar.
También podemos fantasear al leer un libro, recuerdo una canción de la infancia que decía así: " escápate con un libro y vuela al mundo de la imaginación..." Esto nos pasa siempre, un libro nos da esa posibilidad de viajar imaginariamente. Esa inmersión de la cual nos habla Janet Murray nos permite compenetrados con eso que leemos o con lo que vemos en una película; nos despierta esos sentimientos de angustia que aveces nos hacen llorar o sentir alivio al saber que se salvo de la muerte algún personaje de la historia; uno aveces termina queriendo estar ahí, por que forman parte de los deseos reprimidos que tenemos y que solo los vemos realizados en esos personajes: ese ansiado amor verdadero o por que no convertirnos en millonarios de la noche a la mañana.
"Los teóricos de la escuela critica literaria (teoría de la recepción), sostienen que el acto de leer es todo menos pasivo: vamos imaginándonos lo que va a pasar, agregamos la historia en el esquema cognitivo formado por nuestros conocimientos y creencias...".
Podemos volver a ese mundo irreal con solo leer o ver la película otra vez y volvemos a despertar esos sentimientos; el grado de inmersión crece cada vez más pero nosotros reconocemos esos limites de la fantasía. En el caso de Don Quijote es algo que sobrepaso sus limites y llego hasta la locura donde no podía distinguir lo imaginario con lo real, creo que son casos extremos, como en el caso también que vi la semana pasada en la una novela cuando un historiador se volvió loco por la misma razón y creía ser el emperador Cesar.
Cuando Suzanne Langer habla de su experiencia en el teatro al ver Peter Pan recordé una película llamada "Molly" que trata de una mujer autista de 28 años que tras una operación se mejora parcialmente, hay una escena en que va al teatro a ver "Romeo y Julieta" y en el acto en que Romeo va a tomar el veneno, Molly grita desde su asiento diciéndole que Julieta solo esta dormida, Molly se sube al escenario y despierta a Julieta de una bofetada. Acá se puede ver que ella no reconoció la frontera de lo real y lo imaginario. "El espectáculo nos lleva a otro nivel de percepción, es una narrativa mas participativa que mantiene nuestra atención y alarga la experiencia de inmersión".
Lo irreal transforma sentimientos
Los videojuegos también nos permiten transportarnos a esa fantasía que vemos en la pantalla, por ejemplo cuando yo era una niña, teníamos un Super Nintendo en casa y con mi hermano jugamos Street Fighter, en ese momento creíamos ser los personajes, peleábamos a muerte, y cuando yo perdía tenía esa sensación de odiar a Mr. Bison, que en realidad era controlado por mi hermano. Cuando jugaba el mundo de Mario Bross según iba avanzando en el juego aprendía de los errores anteriores, me adaptaba y luego superaba los obstáculos y al ganar sentía esa satisfacción de haber logrado mi objetivo.
El Super Nintendo no se parece en nada a los juegos virtuales de hoy en día, que parecen mucho mas reales, pero yo creo que los sentimientos se transforman de la misma manera, tanto que puede provocar un cambio psicológico en las personas.
La realidad virtual de los juegos nos permite movilizarnos a través de espacios imaginarios, que superan nuestra credibilidad de la ficción llegando a un grado mayor de verosimilitud; tal vez en un futuro no muy lejano será tan cotidiano esa realidad virtual que podremos usar los hoyos portátiles ACME para movilizarnos de un lugar a otro.
Yissabel Barrantes Olarte.

