¿Es la televisión amiga o enemiga?
Entre las varias críticas que De Kerckhove realiza a la forma en que las nuevas tecnologías han modificado negativamente nuestras costumbres y modos de pensar, me gustaría detenerme en la televisión. Entre todos los efectos negativos que ésta ha introducido en nuestras vidas también se filtran aspectos positivos que es importante resaltar para poder sacar provecho de esta nueva herramienta.
El autor pregunta: “¿No ha creado la televisión una cultura de masas, eliminando los comportamientos de reflexión privada y la autonomía?” Si; es real, y el mismo lo afirma, que junto con la televisión se ha cernido sobre la humanidad una alienación preocupante, homogeneización de ideas y conductas, ambigüedad entre lo individual y colectivo y otros efectos perversos. Pero, en primer lugar, creo que uno de los mayores aportes a las sociedades democráticas que ha introducido la televisión es la difusión masiva de información. A la hora de las elecciones, por ejemplo, y cuando es necesario escoger un candidato con cierta conciencia y responsabilidad la información juega un rol primordial. Bien o mal, la televisión (junto a otros medios masivos) es un soporte de difusión para los proyectos de los diferentes candidatos que nos ayuda posteriormente a tomar una decisión basada en cierta convicción. La televisión, en este caso, nos “acerca” al candidato y su ideología. Recae en nosotros la responsabilidad de leer críticamente la propuesta de cada político y tratar de desentrañar las estrategias de persuasión (lo mismo sucede con las publicidades) que cada uno utiliza para que no interfieran con nuestra decisión. En segundo lugar, si el cine es el séptimo arte ¿porqué la televisión no es el octavo? Los programas de televisión (documentales, series, musicales) son una vía de expresión y comunicación. Aportan una visión del mundo determinada, generan discursos, son productos estéticos.
La única solución para no ser fácilmente “fagocitados” por la televisión es reflexionar acerca de lo que se ve y escucha. No podemos permitir que ella embote nuestros sentidos y nuestra capacidad crítica. En ese caso, es un arma potencial que atenta sobre nuestras mentes. Debemos aprender a sacar provecho de ella, de utilizarla (no a la inversa) para nuestro beneficio; de convertirla en amiga y no enemiga.
Jesica Rosenberg

