El día era primaveral en Villa del Parque y de pronto hubo una percepción de desajuste en el aire, un silencio inhabitual para la media mañana de una zona comercial agitada. Fue como una señal de tiempo detenido, una grieta invisible que no estaba en ninguna parte.
En un ciber café demasiadas personas apiñadas frente al televisor a esa hora.
Optimismo en la aldea bucólica
Por Juan Fondeville
1
La locutora de la CNN monocorde y pausada daba detalles y en la pantalla, primero un avión y luego otro impactaban en el World Trade Center y las Torres Gemelas se desplomaban lentamente en vivo y en directo una y otra vez.
Estaba (mos) atónitos. Una sensación desconcertante de lo táctil, esa conjunción espesa de tiempo, espacio presenciados en tiempo real y la conciencia de que el mundo estaba asistiendo a las mismas imágenes nos dejó sin palabras. El discutible concepto de piel planetaria de la que habla Derrick de Kerckhove, tal vez sea un modo de nombrar esta experiencia de excepción.
2
Un incendio devoró la Biblioteca de Alejandría y todo el saber de la humanidad almacenado hasta entonces. El atentado a las Torres Gemelas pulverizó la red informática del centro neurálgico y financiero del mundo. Sin embargo gran parte de la información pudo recuperarse acudiendo a los discos rígidos de otras plazas financieras. La red que custodia el dinero planetario había tomado sus recaudos y unas semanas después que se cayera el sistema en toda su literalidad, se restauraba su interconexión.
Ese día, cuando la Bolsa de Nueva York reiniciaba sus operaciones hubo un discurso del presidente Bush con el ceño fruncido. La cámara recorría el recinto mostrando a los brockers trajeados de azul, algunos con gorrita de béisbol, muchos de ellos cubiertos con la bandera norteamericana, escuchando desolados a su presidente. Luego sonaron las estrofas del himno y la cámara abandonó a Bush cantando en primer plano y nuevamente paneó sobre los agentes de bolsa con el patriotismo y las lágrimas a flor de piel. Eran sobrevientes y muchos de sus compañeros ausentes ya no volverían a sentarse allí.
En el final hubo aplausos emotivos, abrazos como después de un triunfo y luego sonó un timbre, indicando el comienzo de la rueda.
Los teléfonos aturdieron con furia, los rostros se encresparon y los gritos y los gestos parecían desmadrarse. La jauría hobbesiana entraba en acción para recuperar el tiempo perdido. Todo el espectáculo en red satelital: el show televisivo y el tráfico silencioso de la red invisible que decide fusiones corporativas, bancarrotas y caídas de gobiernos. En tiempo real, y en vivo y en directo con tecnología de última generación: satélites, ordenadores, autopistas informáticas. Extensiones también, que trafican decisiones nada virtuales, ni democráticas ni propiciatorias de ninguna subjetividad colectiva. Las voces divinas que determinaban el destino de las culturas orales se acallaron con la tecnología de la escritura. Otras voces paganas, sin retórica alguna que permita una discusión, ocuparon su lugar en las tecnologías de punta: la de los amos del mundo.
3
Estas dos postales intentan problematizar con algún indicio de realidad, la mirada que propone Derrick de Kerckhove en La piel de la cultura acerca de las psicotecnologías. Allí hace gala de un optimismo cuasi místico sobre la conformación de una red de mentes interconectadas en una suerte de comunidad homogénea y aséptica que bordea la utopía. Esta mente colectiva, además, puede observarse a sí misma desde un satélite artificial, una extensión de gran porte, que parece no detectar los territorios arrasados por los bombardeos diarios en todos los conflictos regionales de Medio Oriente.
Por otra parte, sugiere que los consumidores medios de TV construyen una subjetividad compartida y deciden las grillas televisivas. Podemos despreocuparnos, ya que a partir de ahora los expertos en opinión pública (que nos consultan permanentemente) nos armarán la programación premium que disfrutamos en la TV abierta, sobre todo. Confirmando que para la industria cultural y sus encuestadores el consumidor prevalece sobre el ciudadano.
El mercado parece ser la mente colectiva en estos tiempos, aunque deplore que su rubro preferido sea el tráfico de armas. (Omite mencionar el narcotráfico.) Como Adam Smith con su mano invisible, es optimista y confía que se auto regulará próximamente. Además desplazará al poder militar de los complejos militares industriales hacia la política, como puede comprobarse en cualquier noticiero.
La aldea global macluhaniana devino en aldea bucólica y sin conflictos a la vista para de Kerckhove.
4
Un nene de clase media urbana cumple años y la fiestita se hace en un pelotero de un McDonald´s. Llegan los compañeritos del jardín y se acercan al agasajado con su regalito.
En juguetes los Power Ranger’s llevan la delantera que abarca desde libros, juegos didácticos y muñecos. En ropa lideran las marcas de indumentaria infantil Cheeky y Mimo’s.
Los padres también navegan por la red simbólica: ciertos modelos de anteojos, celulares de última promoción, calzado deportivo ad hoc en 3 cuotas con tarjeta, relojes multifunción y otros accesorios que también se inscriben en el cuerpo.
Una mirada instantánea y displicente reconoce la pertenencia a una subjetividad atravesada por consumos simbólicos y de los otros. Las extensiones parecen tener un costado reversible y construyen otra red que homogeneiza la diversidad indiferenciadamente. Si no está cerrada la discusión de que el medio sea el mensaje, hay alguna certeza de que alguien codifica el mensaje con fines poco humanitarios.
Ref. http://old.pagina12web.com.ar/2001/01-11/01-11-21/contrata.htm

