Sólo democratizando los espacios de acceso y disponibilidad, se logrará cumplir el eterno sueño de la “sociedad del conocimiento”.
Simone parte de la hipótesis de que el conjunto de conocimientos que necesitamos para vivir ha aumentado considerablemente como así también los pre-conocimientos necesarios para el comportamiento cotidiano del hombre.
Haciendo una comparación entre la sociedad tradicional y la sociedad de la Tercera Fase, (que va desde mediados siglo XX hasta hoy), el autor sostiene que en ésta los conocimientos sofisticados en circulación son infinitamente mayores que la primera, cuyo acceso requiere de un software cada vez más complejo, algo así como un manual de instrucciones. Esto trae como consecuencia directa la restricción en la difusión y acceso del conocimiento.
Simone esboza una suerte de diagnóstico en relación al estado del conocimiento en general trazando una explicación del fenómeno que, dadas las condiciones objetivas, se torna difícil refutar.
Sin embargo, el hecho de que la escuela sea la institución creadora de conocimientos básicos pero no evolucionados, que cognitiva y metodológicamente derive en un estancamiento del conocimiento o bien, que el funcionamiento del lavarropas convive con el entendimiento de una serie de reglas y procedimientos más complejos para su utilización, como sostiene Simone, configuran una parte del fenómeno que no hacen a su entendimiento y menos aún, a las soluciones posibles del tema expuesto en este trabajo.
Es importante subrayar, a mi parecer, que este no debe ser el foco de atención y blanco de discusión para comprender de cerca el fenómeno de disponibilidad y accesibilidad del conocimiento al que refiere el autor. Por el contrario, pienso que se trata de captar las variables socio-culturales que se hallan a la vista de cualquier cientista social, como aquellas desigualdades económicas que constituyen los principales obstáculos para el acceso de los recursos.
Como vemos, el aforismo saber es poder, ha llegado a su máxima expresión en nuestra modernidad. Disponer de una mirada crítica al hablar justamente de “disponibilidad”, se torna imprescindible al menos para delinear el abordaje de las causas de las profundas anomalías actuales, si es que de algún modo existe tal pretensión teórico-metodológica.
En la medida que el saber es poder, poder de alimentar el espíritu crítico humano, de transformar lo arbitrario, de invertir lo injustamente establecido, y en última instancia, de vivir y ser reconocidos como seres sociales que somos, no caben dudas de que el saber se ha convertido en uno de los enemigos más poderosos del sistema imperante. La tarea más comprometedora frente a este hecho, amerita, a mi juicio, la elaboración de un conjunto de acciones capaz de reestablecer una distribución más equitativa de aquel capital intelectual del que habló Bourdieu tan afanosamente.
Sabrina L. Díaz Rato

