Me gustó Walter Ong, me gusta la postura en defensa de las libertades que genera la democratización de la información a partir de las nuevas tecnologías.
No conocía al autor, pero desde que me dieron a leer en el CBC el Fedro de Platón, regularmente molesto a tencofóbicos y apocalípticos con la comparación entre las críticas a la tecnologías de la escritura y la informática.
La libertad que surge de la utilización de la escritura, la masificación del acceso a la información, se está repitiendo y multiplicando con la disponibilidad de acceder a ella desde cualquier PC. Ong Señala que los aparatos tecnológicos no están eliminando a los libros impresos, sino que en realidad producen más. Este argumento no es menor, mucha gente considera que las tecnologías de manejo de la información que más se masificaron en los últimos años (computadoras e internet) surgieron en su forma actual, mientras que en realidad ambas surgieron como soportes para la palabra escrita.
Hace 10 años en la Argentina no había internet comercial y aun así existían ya miles de PC. Las computadoras se usaban antes de la web y, aunque hoy nadie se pueda imaginar que tengan otra utilidad, se usaban mucho. El hecho de que casi todas las computadoras se vendieran junto con una impresora, sumado al dato de que no existe (fuera de los sistemas operativos) un tipo de software presente en más máquinas que el procesador de textos, nos da una idea real del primer uso masivo que se le dio a la PC: una forma propia de manejar los textos e imprimir.
En el caso de internet sucede los mismo. Entre los popup, flash, javascript y gif animados que hoy nos dificultan la lectura de los diarios online, es difícil recordar que una vez, hace poco, poco tiempo no existía contenido multimedia en la web. Es así, no había más que palabras. Y funcionaba. Y mucho.
Los BBS eran más aburridos que leer un libro de vistas y, aun así, eran masivos y utilizados (al igual que el correo electrónico) para intercambiar palabras.
Sólo me queda una duda. Entiendo el camino que las formas de manejo de la información recorrieron desde la oralidad, a través de los primitivos dibujos, luego pictogramas, más tarde un alfabeto y la posibilidad técnica de imprimir textos. Finalmente la posibilidad de digitalizarlos para hacerlos circular a través de redes informáticas.
Ahora, entre la oralidad y la digitalización ¿para qué lado estoy yendo mientras le dicto este texto a mi PC para que lo “escriba” el Dragon Naturally Speaking?
Santiago García, 28 años. Trabajo, estudio, y juego con máquinas, espero que la materia me sirva para justificar algunas adicciones. Cursé la materia con la otra cátedra hace dos años y la abandoné antes de terminar la cursada con un cuadro severo de aburrimiento mortal. De todas maneras, reviví con nostalgia el hecho de volver a comprar diarios de papel.
Mis expectativas pasan más que nada por ver cual es la idea que Piscitelli tiene hoy de lo que viene. Yo leía sus contratapas del Clarín Informática cuando él (y Nicolás Negroponte) se imaginaba hace una década cómo iba a ser el presente.

