Por Guido E. Maltz
¿Qué es lo que está sucediendo en el plano de la libre circulación de la información? De acuerdo con Alejandro Piscitelli, vivimos en una época en la que la producción y la distribución de contenidos es la más económica y accesible de la historia. Indudablemente, es de esperar que esta cuestión repercuta en los medios masivos de comunicación.
El aumento de la libre circulación de la información se está produciendo a la par del “periodismo participativo”, un proceso por el cual los ciudadanos se están convirtiendo a ellos mismos en un “medio”; captan información, la procesan, la retransmiten. Todo esto no implica la desaparición de los medios de comunicación tal como los conocemos, sino más bien un nuevo reacomodamiento; el actual auge del periodismo participativo difícilmente elimine al periodismo tradicional, aunque es seguro que está modificando varias cuestiones sobre las que se fundan los grandes medios. Como suele ocurrir con el nacimiento de un nuevo medio, los preexistentes no desaparecen, pero deben adoptar las nuevas reglas del juego.
El aumento de la libre circulación de la información se está produciendo a la par del “periodismo participativo”, un proceso por el cual los ciudadanos se están convirtiendo a ellos mismos en un “medio”; captan información, la procesan, la retransmiten. Todo esto no implica la desaparición de los medios de comunicación tal como los conocemos, sino más bien un nuevo reacomodamiento; el actual auge del periodismo participativo difícilmente elimine al periodismo tradicional, aunque es seguro que está modificando varias cuestiones sobre las que se fundan los grandes medios. Como suele ocurrir con el nacimiento de un nuevo medio, los preexistentes no desaparecen, pero deben adoptar las nuevas reglas del juego.
Pero empecemos por el principio: nos encontramos con que en los últimos años han proliferado los “weblogs” (páginas web actualizadas con asiduidad), los cuales pese a haber tomado diferentes formas, comparten el rasgo de llevar cada uno la distintiva huella de su creador. En cualquiera de sus diferentes formatos, los weblogs constituyen una visión crítica, son formas de producción, reelaboración y ordenamiento de la información.
Cuando sólo pareciera haber tsunamis informativos, violentamente encadenados uno detrás de otro, los weblogs harían de “faro” (o, mejor dicho, “faros”) en la brumosa tempestad noticiosa; proporcionan innumerables criterios de clasificación y análisis (tantos como autores de esas páginas) para “desinfoxicarnos” y hacer comprensible lo que pareciera ser sólo ruido. Su función sería la de clasificadores, filtros y simplificadores de las noticias, precisamente lo que Piscitelli afirma será (o ya está siendo) indispensable: no ya el conseguir más información, sino hacer que la ya disponible sea inteligible.
Así, pues, podríamos decir que la sola presencia del periodismo participativo (aficionados que producen/reelaboran informaciones) equilibra la balanza entre el público y los medios tradicionales, democratizando la cuestión de la información. Si bien no todo el mundo tiene acceso a una computadora, existe un importante número de personas que sí posee conexión a Internet, y eso se traduce en una amplia llegada a los contenidos. Como dicen Shayle Bowman y Cris Willis, “con la habilidad de publicar palabras e imágenes, incluso mediante su teléfono celular, los ciudadanos tienen el potencial para observar y reportar más inmediatamente de lo que lo hacen los medios tradicionales”(1).
La democratización de la información también estaría ligada a lo que Piscitelli llama la “amateurización masiva”. Cuando desaparece el costo de publicación, también lo hace el margen de ganancia monetaria. Lejos de ser un camino hacia una profesionalización de la masa, los weblogs (y el periodismo participativo en general) posibilitan que cada quien sea su propio editor. De esta forma, se “devalúan” los escritores profesionales debido a la presencia de los amateurs; puestos todos en igualdad de condiciones, la habilidad a la hora de la escritura resulta insuficiente. Se vuelve necesario crear nuevos puntos de vista, crear opiniones interesantes que llenen de sentido ciertos temas y avocarse a los que son de común interés.
Precisamente, muy a menudo ocurre que temas específicos de interés personal son también la preocupación de otros, con lo que se termina discutiendo y haciendo luz sobre cuestiones envueltas en tinieblas (habitualmente dejadas de lado por la producción en serie de los medios usuales). Por ello, una de las grandes ventajas del periodismo participativo consiste en que, al igual que los “háckers” (personas apasionadas de la programación), quienes participan de esta actividad lo hacen movidos por intereses propios. Así es que con la diversificación de los juicios particulares pueden llegar a conocerse trabajos originales y de una cuidada elaboración que están enfocados a audiencias más reducidas, descuidadas por las grandes organizaciones noticiosas).
Contrariamente al funcionamiento de los grandes medios, donde los periodistas tienen el privilegio de gozar de un papel fijo de “expertos” en su área, en Internet es necesario probar constantemente con hechos el lugar que se ocupa. Sucede así que, de entre todas las voces, las de los verdaderos expertos se filtran y prevalecen, pero esto sólo mientras demuestren su valía.
Asimismo, Bowman y Willis advierten que el emergente periodismo participativo puede servir como “vigilante” de los gobiernos, de las industrias privadas y de los medios de comunicación tradicionales, observando su accionar, corrigiendo sus fallas y denunciando sus abusos. De esta manera, el periodismo participativo sumaría a sus funciones de organizador y filtro de la información la de “monitor” del periodismo tradicional.
De un control retroactivo podemos esperar un mejor funcionamiento de las instituciones, ya sean privadas o gubernamentales. Ellas mismas deben adaptarse a los cambios que están teniendo lugar. El periodismo participativo exige que le reconozcan a los ciudadanos los derechos que les corresponden, ya que de eso depende el futuro de muchos grandes medios. Afirman Bowman y Willis: “cuando algunos canales comiencen a hacer que el medio participativo trabaje efectivamente, las compañías de medios que se atrincheren y resistan tales cambios pueden ser vistas no solo como anticuadas sino desconectadas”.
Intentando una suerte de comparación con un período histórico anterior, podríamos proponer que, así como en el siglo XIX el dinero emancipó a la literatura del mecenazgo (con la consiguiente profesionalización de los escritores), en cierta forma, en el siglo XXI estaríamos viviendo un proceso similar (en cuando a la obtención de una mayor libertad creativa de los individuos) pero a la vez opuesto (en lo que se refiere a lo monetario). La posibilidad de publicar libremente que ofrece Internet ha abierto la puerta a que la gente publique sin tener que pasar por el tamiz del profesionalismo.
Al igual que los autores de “We, Media”, pensamos que una sociedad mejor informada (y no “más informada” porque la “infoxicación”, o intoxicación por exceso de información, no es algo deseable) contribuye a fortalecer la democracia. Del periodismo participativo no podemos esperar que sea un modo de ganarse la vida, pero sí una forma estar al tanto de los asuntos que más nos inquietan sin tener que perdernos en la maraña noticiosa. Al mismo tiempo, hay que reconocer en él una gran herramienta de “contra-control”, es decir, una forma de “control de calidad” de las instituciones de control y administración.
(1) Bowman, Shayle y Willis, Cris: “Implicaciones para los medios y el periodismo”, capítulo 5 de Nosotros, el medio. Cómo las audiencias están modelando el futuro de la noticias y la información, Stanford, The Media Center, 2005 (original en inglés, 2003).

