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Cibersexo ¿Hacia una mediación total de los sentidos?
30.06.2006

La socialización y comunicación interpersonal en el nuevo mundo del sexo cibernético.
Una reconcepción del cuerpo en un mundo mediado por la tecnología.

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Está claro que con la aparición de nuevas tecnologías, el contacto cara a cara parece estar perdiendo sus dominios, aunque todavía no hay nada que lo pueda remplazar por completo. Las innovaciones tecnológicas de los últimos tiempos proveen una serie de características que se venden como “beneficios”. Todo cambia. La socialización cambia, la comunicación y los medios también. Y si existe huella material alguna que muestre estos cambios, es el cuerpo. Mientras se desenvuelven las sucesivas épocas, el cuerpo se debe ir adaptando a estos nuevos cambios. De esta forma, podemos ver al cuerpo como un lienzo donde se plasma la realidad de cada época. Como señala Tomás Maldonado, en su texto “Cuerpo humano y conocimiento digital”, el cuerpo, además de un objeto de conocimiento, es un sujeto técnico o un punto de referencia fundamental de nuestra laboriosidad técnica.

Sexo cibernético

Antes de comenzar a explorar este ámbito, vale decir que prácticamente no existe una definición exacta o única acerca de qué es el cibersexo. Más bien existen diferentes aproximaciones que difícilmente puedan ser objeto de formalización. La versatilidad de Internet ofrece tantas posibilidades que dificulta la homogeneización de las prácticas o la marcación de parámetros.
Por ejemplo, la Wikipedia define al cibersexo como “un encuentro sexual virtual en que dos o más personas conectadas a través de una red informática se mandan mensajes sexualmente explícitos que describen una experiencia sexual. En el cibersexo se puede intentar emular el sexo real de forma que los participantes intentan que la experiencia sea lo más verosímil posible, aunque también se puede considerar un tipo de juego de rol que permite a los participantes experimentar sensaciones inusuales y experimentar actos sexuales que no intentarían en la vida real. Entre participantes "serios", el cibersexo puede ser parte de una trama mayor: los personajes pueden ser amantes o cónyuges.” (1)

El hombre siempre buscó condimentar su sexualidad con las tecnologías disponibles. Los estímulos fueron siendo cada vez más “reales”. Y cuando apareció la telecomunicación interpersonal en tiempo real, con herramientas “picantes” como la cam o el mic, era evidente cuál iba a ser el resultado.

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El sexo es el acto más personal. La modernidad lo mediatiza con tecnologías quitándole el aspecto de contacto directo y personal, pero lo carga con otros “beneficios” como la seguridad, la inmediatez, la accesibilidad y el anonimato. Lo más personal pasa al campo de lo impersonal, resignificando la socialización, la comunicación y, más específicamente, el sexo en sí. La Red se convierte en un campo de juego para experimentar nuevas sensaciones y fantasías. Internet provee ventajas que, tal vez, se han transformado en puntos importantes de peso. Los supuestos beneficios del sexo cibernético son muchos, y es por ello que para algunas personas éste puede superar al real. Esta práctica va más allá del reemplazo o la mediación del sexo tradicional. Es un desafío que combina imaginación, destreza y creatividad para lograr la excitación o incluso el orgasmo de una persona que se encuentra en un lugar físico totalmente distinto a través de un implemento tecnológico. Internet se presenta como el espacio ideal para albergar todo aquello que es rotulado como tabú o simplemente no “encaja” en el mundo real.

“El sexo virtual no es sólo un acto individual como pudiera ser el caso de una experiencia sexual con otro tipo de medios como una revista, un video o algún objeto (incluso las mismas páginas Web). La diferencia, como lo señala Turkle, es el hecho de que aquí, se requiere una fantasía compartida que requiere atención no sólo de la imaginación y el cuerpo propio sino de la idealización del otro. Esta fantasía además está construida en conjunto, sea horizontal o no, plena y mutua o no, se requiere una serie de factores que son realizados por las personas, que no están estáticos, sino al contrario, se desarrollan gracias a la capacidad de imaginación de las personas y al flujo constante de información de unos a otros”.

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En la actualidad, el sexo se ha convertido en algo inseguro debido a las enfermedades de transmisión sexual y la posibilidad de los embarazos no deseados. El cibersexo otorga una total seguridad en este aspecto. También, provee anonimato, que permite tanto liberar ocultas fantasías, como la posibilidad de crear una persona completamente diferente a la que se es (describir aspectos físicos o psíquicos que difieren de la realidad). Otro de los beneficios radica en el fácil acceso al mismo, ya que en cualquier momento se lo puede obtener, por lo tanto cualquier deseo se convierte en una práctica de realización efectiva e inmediata. Asimismo, podría entenderse que la práctica de éste en soledad, da una cierta protección al sujeto que por distintas razones no sale de su hogar y prefiere a una computadora. Seguramente sea un gran recurso para personas que tienen problemas o dificultades en el campo sexual tradicional, ya sea por inseguridad, falta de autoestima, introversión.
Lo virtual por lo general intenta emular las prácticas del mundo real. Pero a la vez, en otros puntos el campo de posibilidades y extensiones del mundo virtual presenta, por su carácter impersonal, menos limitaciones.

¿Beneficios reales o alienación corporal? Las prótesis complementarias

Maldonado afirma: “La historia del hombre es, entre muchas otras cosas, la historia de una progresiva artificialización del cuerpo (...). Lo cual, a fin de cuentas, no significa más que la creación de nuevos artefactos destinados a suplir (o completar) las congénitas carencias prestacionales de nuestro cuerpo. Así nace, en torno a él, un heterogéneo cinturón de prótesis (...). El cuerpo, en suma, se convierte en protésico”. El sexo cibernético no es otra cosa que una prótesis más de todo el conjunto creado por la sociedad. Anteriormente, señalábamos aquellos tipos de personalidad que son más propensos a incursionar en el cibersexo. Esto no es un caso excluyente. La vida sexual cotidiana trae aparejadas restricciones culturales que median la consumación del acto sexual, al punto de convertir esa búsqueda en algo sumamente tedioso. Ante esto, el sexo cibernético aparece como una alternativa inmediata y cómoda. (2)

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Si bien el cibersexo pareciera ser un recurso para aquellas personas que no pueden acceder al sexo en el sentido tradicional, también se presenta a modo de fetiche. Por ejemplo, hay parejas que practican sexo tradicional y, mediante la computadora, lo muestran a terceros que están conectados a la web. Sin ir más lejos, en programas como el CamFrog Video Chat (que en principio, estaba destinado sólo a compartir video mediante webcam), confluyen miles de usuarios que comparten este tipo de prácticas.
Otra forma de fetiche incluiría a las parejas que lo practican sin la intervención de terceros, es decir, sólo entre ellos y como una variante de sus prácticas sexuales convencionales. Estas parejas encuentran en esta manera de relacionarse un adimento atractivo, una excitante salida de la rutina.

En su texto, Maldonado también menciona a Diógenes de Sínope, quien opina que nada, ni siquiera la necesidad de satisfacer las necesidades humanas justifica recurrir al artificio, ya que este contribuye a desnaturalizar la naturaleza y, por lo tanto, a desnaturalizar al hombre. Entonces, el sexo cibernético sería una prótesis que nos aleja de nuestra naturalidad. ¿El cibersexo nos desnaturaliza? Desde el pensamiento del poeta Lucrecio podría decirse que esto no es así; el cibersexo no desnaturaliza al hombre. Por el contrario, la congénita tendencia de la realidad (natural) es autoartificializarse con el curso del tiempo, “hasta el punto de que la realidad acaba por identificarse totalmente con el artificio”. Es decir, que lo natural del ser humano es artificializarse con el paso del tiempo, y a medida que la tecnología se desarrolla provee herramientas para armar el cinturón protésico. Respecto a esto, Maldonado relativiza estas dos posturas, arguyendo que existen tanto exigencias que llevan de lo natural a lo artificial, como de lo artificial a lo natural.

Conforme incorporamos la tecnología a nuestras vidas, la naturalizamos hasta el punto de no percibirla como artificio; quizá algún día veamos al cibersexo como un implemento tan cotidiano como el teléfono. La película “El demoledor”, que transcurre en una época futurista, es un claro ejemplo de la exacerbación de la práctica sexual mediatizada. En una de sus escenas el personaje que interpreta la actriz Sandra Bullock le propone al personaje de Silvester Stallone mantener relaciones sexuales a través de un visor de realidad virtual, en donde la actividad se desarrolla sin contacto físico alguno. Esto desorienta al personaje de Stallone, quien por venir del pasado no comprende la nueva significación del sexo. En esta película del año 1993 (año en que la internet comercial no se había expandido), se parodia una relación sexual mediada por un dispositivo técnico. Trece años después, la tecnología ha permitido acercarse casi por completo a lo que en ese entonces era objeto de parodia. Quizá hoy estemos más cerca de esta “naturalización” que en el año en que se filmó esa película.

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Más allá de que consideremos que se trata de un (pseudo) reemplazo, de una herramienta más o un condimento del sexo, creemos que el contacto cara a cara no está “perdiendo sus dominios”, sino que solamente está incorporando nuevas herramientas, una más entre las que la tecnología ofrece para nuestro ocio. El cibersexo sería como una vuelta a lo natural a través de lo artificial, una resignificación de la actividad sexual que, pese a no implicar contacto físico, constituye una nueva forma de contacto que artificializa la práctica pero no la reemplaza; el cibersexo es un complemento del sexo “tradicional”. Difícilmente el artificio sustituya a lo natural.

Más info:

Repercusiones del cibersexo; implicancias

Foro de discusión

Adicción al cibersexo

Noticias

Chat

Aplicación para chatear con webcam

Bibliografía

1) Wikipedia, 15 de Mayo del 2006, http://es.wikipedia.org/wiki/Cibersexo

2) Maldonado, Tomás “Cuerpo humano y conocimiento digital”. Cap. 3, pág. 156, de Crítica de la razón informática. Barcelona, Paidos, 1998.


Di Salvo, Nahuel
Fernández, María Rita
Maltz, Guido E.
Peroni, Fiorella
Racciatti, Carolina

Publicado por alumnosRoberto el Junio 30, 2006 08:34 PM | TrackBack
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